El Aaiún era una ciudad provinciana y sin apenas historia del sur del Magreb, patrullada durante décadas por vehículos blancos con las siglas de Naciones Unidas, como en Oriente Próximo o Cachemira. Sus más de 400.000 habitantes, de los que un 15% son considerados autóctonos tras el fin de la colonización española, 50 años atrás, asisten desconcertados desde hace una semana a la extinción de una era marcada por la presencia de cascos azules. Los responsables de la ONU ya han comenzado a liquidar la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), enterrada oficialmente el pasado día 1 por el Consejo de Seguridad después de 35 años de despliegue en un territorio que se interna por aguas internacionales inexploradas.. Seguir leyendo
El Aaiún era una ciudad provinciana y sin apenas historia del sur del Magreb, patrullada durante décadas por vehículos blancos con las siglas de Naciones Unidas, como en Oriente Próximo o Cachemira. Sus más de 400.000 habitantes, de los que un 15% son considerados autóctonos tras el fin de la colonización española, 50 años atrás, asisten desconcertados desde hace una semana a la extinción de una era marcada por la presencia de cascos azules. Los responsables de la ONU ya han comenzado a liquidar la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), enterrada oficialmente el pasado día 1 por el Consejo de Seguridad después de 35 años de despliegue en un territorio que se interna por aguas internacionales inexploradas.
Nadie parecía querer su desaparición, pero todos contribuyeron a su muerte. La policía de El Aaiún ya ha comenzado a multar a los vehículos de la ONU mal aparcados, tras haber perdido la Minurso la inmunidad internacional de que gozaba tras el veto cruzado de las grandes potencias de la Guerra Fría. La misión se ha extinguido al no haber renovado su mandato anual. Estados Unidos, aliado de Marruecos, pretendía quitarle la R de referéndum de sus siglas y reinventar una Minuso sin observadores militares, concentrada en el plan de autonomía que ofrece Rabat al territorio bajo su soberanía. Rusia dio un inesperado zapatazo en la mesa el 30 de octubre para impedirlo en el Consejo de Seguridad. Propuso a cambio mantener la misión en su estado, fijado por la resolución 2797 alcanzada un año antes sin votos en contra. El veto posterior de Washington dio el tiro de gracia a la Minurso.










Marruecos, que había logrado en 2025 el reconocimiento expreso de la ONU a su iniciativa de autogobierno por primera vez, aspiraba a reforzar su posición con el respaldo de la Administración del presidente Donald Trump, quien hace seis años dio un vuelco a su favor al reconocerle la soberanía sobre el Sáhara. En contrapartida, Rabat busca normalizar relaciones con Israel, en contra del sentir mayoritario de la opinión pública del país magrebí. Marruecos mantenía, sin embargo, la vigencia de la misión de Naciones Unidas.
El Frente Polisario había amagado con romper el diálogo ante la amenaza de una nueva vuelta de tuerca de presión diplomática de Washington en el Consejo de Seguridad, pero confiaba en la oposición de Moscú, aliado de Argelia, país que da cobijo en el exilio al frente independentista saharaui, para apuntalar a la Minurso. A fin de cuentas, la ONU ofrecía proyección internacional a uno de los conflictos internacionales más antiguos y que había ido quedando relegado por el transcurso del tiempo.
“¿Quién mató entonces a la Minurso si nadie parecía tener un interés inmediato?”, se pregunta en El Aaiún el analista político Larbi Ennas, de 60 años. “La salida de la misión plantea más problemas que soluciones. Hemos retrocedido décadas, y ya no hay un terreno político común de discusión para explorar una tercera vía entre la autonomía que ofrece Marruecos y la independencia que reclama el Frente Polisario”, subraya este activista saharaui formado en el colegio español La Paz de la capital del Sáhara y en el antiguo Instituto Politécnico Español de Tánger.
“No acabé la secundaria, me alisté en las filas del Polisario y llegué a ser oficial de sus fuerzas militares, pero en 1991 regresé a El Aaiún tras el alto el fuego entre las partes. Sigo esperando una solución”, relata su peripecia, que le ha llevado a dirigir desde 2020 el Centro para la Paz de Estudios Políticos y Estratégicos. La realidad ha vuelto a cambiar ahora, puntualiza antes de recordar que en 1975 había menos de 75.000 saharauis censados por las autoridades coloniales españolas y que en la actualidad se cuenta cerca de un millón de habitantes en el Sáhara, de los que más de un 80% son originarios de zonas situadas al norte del territorio.
“Por ahora, asistimos a un mantenimiento del statu quo declarado por las partes, aunque sin la presencia de los observadores de la Minurso. El Sáhara es ahora un descampado internacional sembrado de minas”, advierte Ennas. “Los actores primarios del conflicto (Marruecos y el Polisario, apoyado por Argelia) no parecen tener interés en alterar el equilibrio de fuerzas”, argumenta, “pero hay terceros actores con intereses en el norte de África (en alusión a Israel y Emiratos Árabes Unidos) que pueden estar tentados de permitir que se dispare la tensión, con el riesgo de desestabilización del Magreb y con repercusiones en todo el Mediterráneo Occidental”.
Fecha de caducidad de la misión
Fuentes conocedoras de la realidad sobre el terreno en El Aaiún revelan que la salida de la Minurso del Sáhara tiene fijada el 31 de diciembre de este año como fecha de caducidad. Sus funcionarios y empleados han recibido ya la orden de cancelar los alquileres de sus viviendas en el Sáhara el día 30 de este mes. Los 180 civiles y 360 militares de varios países adscritos a la misión van a ver también suspendidos sus contratos y quedarán en disponibilidad de empleo en otras operaciones de la ONU, mientras que los 40 empleados locales serán despedidos tras recibir una indemnización. Además de su sede en la capital saharaui, una antigua escuela que será devuelta a las autoridades locales.
La Minurso contaba con 10 puestos y emplazamientos de observación, uno de ellos en la oficina de enlace en Tinduf, donde tiene sus bases el Frente Polisario en el suroeste de Argelia; cinco al este del muro que divide el Sáhara a lo largo de más de 2.700 kilómetros, y cuatro en la zona occidental de terraplén de tierra y arena bajo control militar efectivo de Marruecos, que absorbe el 80% del territorio de la antigua colonia española. Previsiblemente, la ONU evacuará todos sus equipos, archivos, vehículos y aeronaves en una operación de varias semanas a través de las islas Canarias.
“La retirada de la Minurso abre una etapa de incertidumbre. Aunque la misión había fracasado a la hora de cumplir plenamente su objetivo, su presencia seguía siendo una referencia internacional sobre el terreno. Ahora existe un vacío que puede dificultar aún más la estabilidad”, alerta desde la sociedad civil saharaui el jurista Bucharaya Bahi, de 57 años. “Lo importante es evitar decisiones precipitadas que puedan aumentar la tensión”, recalca, “y España debería intervenir y asumir un papel activo para evitarlo, dada su responsabilidad histórica y sus vínculos con el Sáhara como antigua potencia administradora”.
Decepción sin pasaporte
Como presidente de la Asociación Colectivo de Saharauis Nacidos bajo la Bandera y Administración Española, Bahi confiesa la decepción que reina entre muchos saharauis tras haber decaído en el Parlamento la iniciativa de ley para la concesión de la nacionalidad ante la convocatoria de elecciones anticipadas en España, como ya ocurrió en 2023. “Tenemos la sensación de que una cuestión histórica por la que llevamos años luchando está siendo utilizada como instrumento político. Nuestro objetivo sigue siendo el mismo: que este derecho se resuelva por una vía jurídica estable y definitiva”, argumenta este activista saharaui, formado también en el colegio español La Paz de El Aaiún.
Fuera ya formalmente del Consejo de Seguridad el debate sobre el Sáhara Occidental, la pugna diplomática se traslada a la Asamblea General de la ONU. Marruecos intentará convencer a los 193 Estados miembros de que el territorio de la excolonia española Sáhara ya no está pendiente de descolonización, a pesar de que figura incluido desde hace más de 60 años en la misma lista que, entre otros, el enclave británico de Gibraltar en la península ibérica. El martes se volverá a suscitar la cuestión del Sáhara, con la explicación del veto de Rusia, en el máximo foro de Naciones Unidas.
