Séneca (4 a.C.-65) ya lo dijo hace más de dos mil años: «La carencia de una cosa le da precio». Petronio (circa 15-65), el autor del Satiricón y «el árbitro de la elegancia», lo entendía como que «la rareza fija el precio de las cosas». El gas y el petróleo no son rarezas, pero con frecuencia hay carencia de ellos o dificultad de acceso, que es lo mismo. El crudo ha alcanzado los 100 dólares el barril y el gas natural en Europa ha subido más de un 150% en lo que va de año, mientras que en Estados Unidos ha caído un 20%. Son algunas de las consecuencias de una guerra que iba a ser relámpago, pero que amenaza con prolongarse. Trump pensó que lo de Irán sería visto y no visto. Putin también creía lo mismo cuando decidió atacar Ucrania. Ronald Reagan (1911-2004) ya advirtió, porque lo pensara o porque se lo escribieron, que «la historia demuestra que la guerra comienza cuando los gobiernos creen que el precio de la agresión es barato». El autócrata ruso parece lejos de la victoria en Ucrania y el inquilino de la Casa Blanca puede sufrir un batacazo en las elecciones parciales de noviembre. Todo por dos guerras absurdas que ahora pueden hacer más difícil el invierno, por lo menos en Europa y en parte del hemisferio occidental.. Estados Unidos no tiene problemas energéticos, aunque el galón de gasolina o gasóleo está más caro que nunca. Rusia anda sobrada de gas y petróleo, pero la inflación, por los costes de la guerra, también está por las nubes. La Europa con carencias energéticas lucha ahora por acumular gas natural para el próximo otoño-invierno, como recuerda el analista Juan Ignacio Crespo, porque las reservas han descendido mucho más de lo previsto. En algunos momentos, puede haber pánico comprador y el precio escalar todavía más y alcanzar incrementos de hasta el 175% anual. En Estados Unidos baja porque se produce más de lo que se puede liquidar y, por eso, hay que almacenarlo. España no tendrá problemas de abastecimiento de gas, pero sí de precio. Lo del petróleo no es lo mismo, pero el resultado es idéntico si sigue el conflicto en el Pérsico. Precios disparados y, es inevitable, subidas –pueden ser varias– de tipos de interés, en tiempos en los que también «la carencia de una cosa le da precio», como dijo Séneca.
Séneca (4 a.C.-65) ya lo dijo hace más de dos mil años: «La carencia de una cosa le da precio». Petronio (circa 15-65), el autor del Satiricón y «el árbitro de la elegancia», lo entendía como que «la rareza fija el precio de las cosas». El gas y el petróleo no son rarezas, pero con frecuencia hay carencia de ellos o dificultad de acceso, que es lo mismo. El crudo ha alcanzado los 100 dólares el barril y el gas natural en Europa ha subido más de un 150% en lo que va de año, mientras que en Estados Unidos ha caído un 20%. Son algunas de las consecuencias de una guerra que iba a ser relámpago, pero que amenaza con prolongarse. Trump pensó que lo de Irán sería visto y no visto. Putin también creía lo mismo cuando decidió atacar Ucrania. Ronald Reagan (1911-2004) ya advirtió, porque lo pensara o porque se lo escribieron, que «la historia demuestra que la guerra comienza cuando los gobiernos creen que el precio de la agresión es barato». El autócrata ruso parece lejos de la victoria en Ucrania y el inquilino de la Casa Blanca puede sufrir un batacazo en las elecciones parciales de noviembre. Todo por dos guerras absurdas que ahora pueden hacer más difícil el invierno, por lo menos en Europa y en parte del hemisferio occidental.. Estados Unidos no tiene problemas energéticos, aunque el galón de gasolina o gasóleo está más caro que nunca. Rusia anda sobrada de gas y petróleo, pero la inflación, por los costes de la guerra, también está por las nubes. La Europa con carencias energéticas lucha ahora por acumular gas natural para el próximo otoño-invierno, como recuerda el analista Juan Ignacio Crespo, porque las reservas han descendido mucho más de lo previsto. En algunos momentos, puede haber pánico comprador y el precio escalar todavía más y alcanzar incrementos de hasta el 175% anual. En Estados Unidos baja porque se produce más de lo que se puede liquidar y, por eso, hay que almacenarlo. España no tendrá problemas de abastecimiento de gas, pero sí de precio. Lo del petróleo no es lo mismo, pero el resultado es idéntico si sigue el conflicto en el Pérsico. Precios disparados y, es inevitable, subidas –pueden ser varias– de tipos de interés, en tiempos en los que también «la carencia de una cosa le da precio», como dijo Séneca.
