Varias sillas de playa, una carpa de acampada, telas en el suelo, bolsas de Mercadona y botellas de agua. Sobre una mesa improvisada, un puñado de churros para desayunar. “Hemos dormido fatal”, decía con cara de cansancio Encarna Narváez, que junto a su familia ha pasado la noche en el parque Virgilio Castilla Carmona de Armilla (Granada, 25.300 habitantes), al sur de la capital. Lo hicieron en un campamento improvisado y “asustadillos” ante la posibilidad de que haya nuevas réplicas al terremoto de magnitud 4,8 que este martes sacudió el área metropolitana granadina. “Me quedé paralizado y tuve una crisis de ansiedad”, decía el hijo de Encarna, Carlos Morales. “Escuchas cualquier ruido o golpe y piensas que otra vez va a temblar todo. Estás todo el rato en tensión”, añadía su padre, Antonio Morales. Cerca, alrededor de un centenar de personas que también han dormido bajo los árboles de este jardín se daban los buenos días aún con el miedo en el cuerpo.. Seguir leyendo
Varias sillas de playa, una carpa de acampada, telas en el suelo, bolsas de Mercadona y botellas de agua. Sobre una mesa improvisada, un puñado de churros para desayunar. “Hemos dormido fatal”, decía con cara de cansancio Encarna Narváez, que junto a su familia ha pasado la noche en el parque Virgilio Castilla Carmona de Armilla (Granada, 25.300 habitantes), al sur de la capital. Lo hicieron en un campamento improvisado y “asustadillos” ante la posibilidad de que haya nuevas réplicas al terremoto de magnitud 4,8 que este martes sacudió el área metropolitana granadina. “Me quedé paralizado y tuve una crisis de ansiedad”, decía el hijo de Encarna, Carlos Morales. “Escuchas cualquier ruido o golpe y piensas que otra vez va a temblar todo. Estás todo el rato en tensión”, añadía su padre, Antonio Morales. Cerca, alrededor de un centenar de personas que también han dormido bajo los árboles de este jardín se daban los buenos días aún con el miedo en el cuerpo.
El terremoto que sacudió este martes por la mañana Granada, apenas tres días después de otro con la misma magnitud, tuvo más de medio centenar de réplicas a lo largo de la jornada. Miles de personas se echaron a la calle en busca de zonas despejadas en busca de seguridad. Los ayuntamientos aún valoran los desperfectos en numerosos edificios públicos y privados, aunque de momento se descartan daños estructurales, es decir, que haya que demoler ante la imposibilidad de reparar. Los más afectados son los alrededor de 600 residentes en 371 viviendas de Las Gabias, que fueron desalojados al detectarse daños en sus bloques. Y otras 71 personas dependientes también fueron evacuadas del Centro Psicopedagógico Reina Sofía, gestionado por la Diputación provincial, ante la existencia de grietas.
En otras localidades como Gójar, Ogíjares o Alhendín aún pasan revista a los edificios. También en La Zubia, el barrio más afectado de la capital. Allí, el parque Tico Medina, junto a la Ciudad de las Ciencias, también acogía un campamento improvisado como otras zonas verdes de la ciudad. Mientras, la normalidad volvía poco a poco con la apertura de La Alhambra —que estuvo cerrada durante toda la tarde del martes— con itinerarios adaptados a la posibilidad de una evacuación rápida. Igual ha ocurrido con los edificios públicos clausurados. Y también han abierto sus puertas los centros comerciales que fueron desalojados por la Guardia Civil de manera preventiva, Nevada Shopping y Serrallo.
La situación este miércoles es parecida en todas las localidades. El retorno de la rutina se mezcla con la conversación estrella: dónde y cómo vivió cada uno el nuevo terremoto. Unos estaban en la clínica del fisioterapeuta, otros en un bar, algunos en casa o el trabajo. Algunos de ellos se echaron en las calles y han pasado la noche durmiendo en coches, aceras o jardines. En Armilla, uno de los municipios donde más se sintió el movimiento sísmico de la mañana del martes, también son muchas las personas que han decidido refugiarse en espacios abiertos como los campos de fútbol, la base aérea o el parque Virgilio Castilla Carmona, que el consistorio habilitó para que, quien quisiera, pudiera acampar allí.
“La jornada fue muy dura y muy complicada”, decía la alcaldesa de este municipio, Loli Cañavate, a última hora del martes. Sus vecinos lo confirman. “Nosotros nos vinimos nada más ocurrió. Tengo tres hijos, estoy también con mis nietos y tenía ya todo preparado por si acaso teníamos que salir corriendo”, explica Indira Almuedo, colombiana que lleva tres años residiendo en la zona y ronda los 50. “Vivimos en un segundo piso que se está llenando de grietas. Aquí me siento más despejada porque no me puede caer nada encima”, relataba mientras, escoba en mano, barría la zona de césped donde han pasado una noche en la que el Instituto Geográfico Nacional ha registrado hasta 13 réplicas con magnitudes de hasta 2,5 grados, dos de ellas con epicentro en Armilla. Sus datos indican que en los últimos cuatro días ha habido más de 400, la inmensa mayoría imperceptibles para la población.
“Son pocos segundos, pero parecen una eternidad”, contaba Mónica Sánchez, de 40 años, que se fue al mismo parque este martes por la tarde. Vive en un bajo cercano, pero tiene un tabique con una gran grieta en forma de equis, el lavamanos se ha separado de la pared y las juntas de los pilares se han abierto. Por eso salió de casa con sus niñas y prefiere, de momento, no volver. “El sábado me dijeron que no era peligroso, pero ahora estoy pendiente de que algún perito vuelva a valorarlo, porque la segunda sacudida se sintió más”, indica la mujer. “Esto acojona mucho. No he dormido nada en toda la noche”, decía junto a Carlos Flores, de 42 años, su vecino. Él estaba desayunando con los compañeros de trabajo y, del susto por el nuevo temblor, se levantó y tiró el café encima de uno de ellos. “Y lo peor era pensar lo que me podía encontrar en casa, aunque no ha sufrido desperfectos”, celebra quien ha conseguido descansar unas cuatro horas y señala que es un lugar cómodo porque hay baños, limpieza y colaboración entre todos. “Mónica y yo somos vecinos desde hace muchos años y simplemente saludándonos por las escaleras. Después de esto somos familia”, subrayaba.
La Junta de Andalucía volvió a reunir este martes —al igual que hizo el sábado por la mañana al Comité Asesor del Plan de Emergencia ante el Riesgo Sísmico en Andalucía para analizar la evolución de la serie de temblores registrada en Granada, así como valorar las incidencias y coordinar el seguimiento científico y operativo, según explicó el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, que envió “un mensaje de serenidad, seguridad y control”. También pidió “que se atiendan las indicaciones de los servicios de emergencia” y se sigan los consejos del servicio de Emergencias 112 Andalucía, donde han gestionado ya más de 5.000 llamadas y casi 2.300 incidencias relacionadas con los terremotos desde el pasado sábado. Sanz destacó que el Grupo de Arquitectos Voluntarios (GAVE) en Emergencias, junto a bomberos, policías y arquitectos municipales están clasificando las viviendas según los daños mediante un sistema de colores: verde, para las que no presentan afectación; amarillo, para aquellas con daños leves; y rojo, para las que presentan alguna situación que requiere atención, de las que, de momento, solo hay cuatro.
