El deterioro de los servicios públicos no afecta solo a las infraestructuras, la sanidad o la educación. Después de ocho años de políticas con la etiqueta de «sociales», la realidad de las familias monoparentales es dramática frente a la escalada de los precios.. Los últimos datos del indicador AROPE -que mide el riesgo de pobreza o exclusión social a partir de los ingresos, la privación material y social severa y la baja intensidad de empleo en el hogar- muestran una evolución desigual según el tipo de familia, sitúan a las familias monoparentales como las más castigadas.. En los hogares formados por una persona adulta con uno o más menores dependientes esta tasa ha aumentado del 50,3% al 50,6%.. De este modo, más de la mitad de las familias monoparentales se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, una proporción que prácticamente duplica la media nacional.. Pero como la monoparentalidad es una realidad mayoritariamente femenina, ya que de los 1.944.800 hogares monoparentales -el 10,3% del total de los hogares españoles- 1.582.100 están encabezados por mujeres (el 81,4%), son las mujeres las que más sufren las consecuencias de este deterioro.. Esta dependencia afecta al 76,2% de las madres en solitario en situación de desempleo, que recibe de forma habitual algún tipo de apoyo económico o material, según la 14ª edición del informe Monoparentalidad y Empleo que realiza la Fundación Adecco a través de su Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo.. Dentro de este grupo, el 51% depende principalmente de ayudas o prestaciones públicas; el 19%, del apoyo familiar y el 12%, de entidades sociales. Otro 18% combina varias de estas fuentes para poder afrontar los gastos cotidianos.. Sin embargo, un 16% que necesita estos apoyos, no los recibe. Son hogares que sufren una doble desprotección, denuncia el estudio de Adecco, ya que no disponen de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades y tampoco cuentan con respaldo familiar, institucional o social al que recurrir.. En estas circunstancias, cualquier contratiempo puede obligarles a dejar sin cubrir gastos esenciales como la alimentación, los suministros o la vivienda o afrontar en completa soledad situaciones de emergencia. Son las familias más expuestas a caer en escenarios de pobreza y exclusión social.. A esta dependencia se suma la incertidumbre sobre la continuidad de los apoyos: el 62,9% tiene poca o ninguna seguridad de poder seguir contando con ellos durante los próximos doce meses. Esta falta de previsibilidad limita la capacidad de las familias para planificar a medio plazo, afrontar imprevistos, garantizar un entorno estable a sus hijos e hijas y tomar decisiones con autonomía.. En este sentido, el 78% de las madres en solitario considera que, si accediera a un empleo estable, con un salario suficiente y compatible con sus responsabilidades de cuidado, dejaría de necesitar total o parcialmente la ayuda familiar o institucional.. Frente a esto, el 56% siente que mencionar su condición de madre en solitario reduce sus posibilidades de ser contratada, debido a la persistencia de estereotipos que asocian las responsabilidades familiares con una menor disponibilidad o compromiso profesional.. Además, las dificultades de conciliación también limitan sus oportunidades laborales ya que el 73,2% de las encuestadas para elaborar el estudio (210 mujeres) reconoce que ha tenido que rechazar alguna oferta de empleo o abandonar un proceso de selección porque no podía compatibilizarlo con sus responsabilidades familiares. conflicto permanente con las responsabilidades de cuidado”.
El deterioro de los servicios públicos no afecta solo a las infraestructuras, la sanidad o la educación. Después de ocho años de políticas con la etiqueta de «sociales», la realidad de las familias monoparentales es dramática frente a la escalada de los precios.. Los últimos datos del indicador AROPE -que mide el riesgo de pobreza o exclusión social a partir de los ingresos, la privación material y social severa y la baja intensidad de empleo en el hogar- muestran una evolución desigual según el tipo de familia, sitúan a las familias monoparentales como las más castigadas.. En los hogares formados por una persona adulta con uno o más menores dependientes esta tasa ha aumentado del 50,3% al 50,6%.. De este modo, más de la mitad de las familias monoparentales se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, una proporción que prácticamente duplica la media nacional.. Pero como la monoparentalidad es una realidad mayoritariamente femenina, ya que de los 1.944.800 hogares monoparentales -el 10,3% del total de los hogares españoles- 1.582.100 están encabezados por mujeres (el 81,4%), son las mujeres las que más sufren las consecuencias de este deterioro.. Esta dependencia afecta al 76,2% de las madres en solitario en situación de desempleo, que recibe de forma habitual algún tipo de apoyo económico o material, según la 14ª edición del informe Monoparentalidad y Empleo que realiza la Fundación Adecco a través de su Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo.. Dentro de este grupo, el 51% depende principalmente de ayudas o prestaciones públicas; el 19%, del apoyo familiar y el 12%, de entidades sociales. Otro 18% combina varias de estas fuentes para poder afrontar los gastos cotidianos.. Sin embargo, un 16% que necesita estos apoyos, no los recibe. Son hogares que sufren una doble desprotección, denuncia el estudio de Adecco, ya que no disponen de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades y tampoco cuentan con respaldo familiar, institucional o social al que recurrir.. En estas circunstancias, cualquier contratiempo puede obligarles a dejar sin cubrir gastos esenciales como la alimentación, los suministros o la vivienda o afrontar en completa soledad situaciones de emergencia. Son las familias más expuestas a caer en escenarios de pobreza y exclusión social.. A esta dependencia se suma la incertidumbre sobre la continuidad de los apoyos: el 62,9% tiene poca o ninguna seguridad de poder seguir contando con ellos durante los próximos doce meses. Esta falta de previsibilidad limita la capacidad de las familias para planificar a medio plazo, afrontar imprevistos, garantizar un entorno estable a sus hijos e hijas y tomar decisiones con autonomía.. En este sentido, el 78% de las madres en solitario considera que, si accediera a un empleo estable, con un salario suficiente y compatible con sus responsabilidades de cuidado, dejaría de necesitar total o parcialmente la ayuda familiar o institucional.. Frente a esto, el 56% siente que mencionar su condición de madre en solitario reduce sus posibilidades de ser contratada, debido a la persistencia de estereotipos que asocian las responsabilidades familiares con una menor disponibilidad o compromiso profesional.. Además, las dificultades de conciliación también limitan sus oportunidades laborales ya que el 73,2% de las encuestadas para elaborar el estudio (210 mujeres) reconoce que ha tenido que rechazar alguna oferta de empleo o abandonar un proceso de selección porque no podía compatibilizarlo con sus responsabilidades familiares. conflicto permanente con las responsabilidades de cuidado”.
