El economista Santiago Niño Becerra ha compartido en sus redes sociales una reflexión sobre el futuro de la inteligencia artificial (IA) y las posibilidades de que esta tecnología contribuya a construir una sociedad más conectada con los sistemas naturales y sociales.. En una serie de publicaciones, Niño Becerra parte de una idea que considera «preciosa»: imaginar la inteligencia artificial no como una tecnología destinada a desarrollar máquinas que superen a los seres humanos, sino como una «infraestructura cognitiva distribuida», capaz de ampliar la comprensión de los sistemas que organizan la naturaleza y la sociedad.. La propuesta, que el economista vincula a uno de sus referentes intelectuales, Jeremy Rifkin, abre la puerta a una forma diferente de entender el papel de la IA. Sin embargo, Niño Becerra considera que llevarla a la práctica supondría un cambio mucho más profundo que el tecnológico.. Niño Becerra ve difícil una sociedad alejada de la acumulación. Para el economista, ese planteamiento requeriría abandonar el sistema capitalista y avanzar hacia otro modelo que asumiera «la concepción de la Tierra como una red de procesos interdependientes».. Niño Becerra sostiene que la evolución histórica de los últimos 2.000 años ha apuntado en sentido contrario. A su juicio, las experiencias que se han aproximado a esa visión han quedado limitadas a comunidades pequeñas y de duración muy breve.. El economista atribuye esa dificultad a la tendencia humana hacia la avaricia y la acumulación, que considera inherente a la sociedad y que, en su opinión, habría alcanzado su máxima expresión con el capitalismo.. «¿Por qué?», se pregunta en sus publicaciones. Su respuesta es que la acumulación y la avaricia forman parte de la «genética humana», al menos hasta el punto de que no imagina qué podría provocar que esos comportamientos desaparecieran del ADN de las personas.. La inteligencia artificial, entre el desarrollo tecnológico y el cambio de sistema. La reflexión de Niño Becerra plantea así una contradicción: la inteligencia artificial podría servir para comprender mejor la interdependencia de los sistemas naturales y sociales, pero su aplicación estaría condicionada por el modelo económico en el que se desarrolla.. El economista no descarta el valor de la propuesta. De hecho, la califica de «preciosa» y aprovecha sus publicaciones para recordar su admiración por Jeremy Rifkin, a quien define como uno de sus referentes.. Su argumento, no obstante, es que una transformación de ese alcance no dependería únicamente de la evolución de la tecnología. También exigiría modificar las estructuras económicas y los comportamientos que, según su análisis, han marcado la historia humana.
El economista Santiago Niño Becerra ha compartido en sus redes sociales una reflexión sobre el futuro de la inteligencia artificial (IA) y las posibilidades de que esta tecnología contribuya a construir una sociedad más conectada con los sistemas naturales y sociales.. En una serie de publicaciones, Niño Becerra parte de una idea que considera «preciosa»: imaginar la inteligencia artificial no como una tecnología destinada a desarrollar máquinas que superen a los seres humanos, sino como una «infraestructura cognitiva distribuida», capaz de ampliar la comprensión de los sistemas que organizan la naturaleza y la sociedad.. La propuesta, que el economista vincula a uno de sus referentes intelectuales, Jeremy Rifkin, abre la puerta a una forma diferente de entender el papel de la IA. Sin embargo, Niño Becerra considera que llevarla a la práctica supondría un cambio mucho más profundo que el tecnológico.. Niño Becerra ve difícil una sociedad alejada de la acumulación. Para el economista, ese planteamiento requeriría abandonar el sistema capitalista y avanzar hacia otro modelo que asumiera «la concepción de la Tierra como una red de procesos interdependientes».. Niño Becerra sostiene que la evolución histórica de los últimos 2.000 años ha apuntado en sentido contrario. A su juicio, las experiencias que se han aproximado a esa visión han quedado limitadas a comunidades pequeñas y de duración muy breve.. El economista atribuye esa dificultad a la tendencia humana hacia la avaricia y la acumulación, que considera inherente a la sociedad y que, en su opinión, habría alcanzado su máxima expresión con el capitalismo.. «¿Por qué?», se pregunta en sus publicaciones. Su respuesta es que la acumulación y la avaricia forman parte de la «genética humana», al menos hasta el punto de que no imagina qué podría provocar que esos comportamientos desaparecieran del ADN de las personas.. La inteligencia artificial, entre el desarrollo tecnológico y el cambio de sistema. La reflexión de Niño Becerra plantea así una contradicción: la inteligencia artificial podría servir para comprender mejor la interdependencia de los sistemas naturales y sociales, pero su aplicación estaría condicionada por el modelo económico en el que se desarrolla.. El economista no descarta el valor de la propuesta. De hecho, la califica de «preciosa» y aprovecha sus publicaciones para recordar su admiración por Jeremy Rifkin, a quien define como uno de sus referentes.. Su argumento, no obstante, es que una transformación de ese alcance no dependería únicamente de la evolución de la tecnología. También exigiría modificar las estructuras económicas y los comportamientos que, según su análisis, han marcado la historia humana.
