Los bomberos de Castilla y León suelen expresar en sus redes sociales, tanto individuales como grupales, el orgullo gremial en un entorno crítico del que casi siempre salen indemnes. Ya en privado admiten que, pese a su máximo apoyo al compañero, hay algunos que no tienen la capacitación o experiencia suficientes. La culpa no es suya, explican, sino de un dispositivo precarizado del que quien puede huye y que, con la Junta (PP y Vox) buscando manos, Medio Ambiente contrata a quien se ofrezca sin más requisitos que la ESO. Muchas veces sin formación antes de lanzarlos contra el fuego o sin conocer bien el idioma, porque muchos españoles no quieren ese trabajo. Sin olvidar la precariedad de sus medios: transmisores inútiles les fuerzan a usar sus móviles en zonas sin cobertura, vehículos escacharrados sin mantenimiento, retenes incompletos o insuficientes vigilantes. Aún queda verano y suspiros como este: “Poco nos pasa, estamos siempre rozando la tragedia, confiando en la suerte”. Los bomberos y colectivos sociales y sindicatos han convocado manifestaciones en varias provincias, como en 2025, este viernes.. Seguir leyendo
Los bomberos de Castilla y León suelen expresar en sus redes sociales, tanto individuales como grupales, el orgullo gremial en un entorno crítico del que casi siempre salen indemnes. Ya en privado admiten que, pese a su máximo apoyo al compañero, hay algunos que no tienen la capacitación o experiencia suficientes. La culpa no es suya, explican, sino de un dispositivo precarizado del que quien puede huye y que, con la Junta (PP y Vox) buscando manos, Medio Ambiente contrata a quien se ofrezca sin más requisitos que la ESO. Muchas veces sin formación antes de lanzarlos contra el fuego o sin conocer bien el idioma, porque muchos españoles no quieren ese trabajo. Sin olvidar la precariedad de sus medios: transmisores inútiles les fuerzan a usar sus móviles en zonas sin cobertura, vehículos escacharrados sin mantenimiento, retenes incompletos o insuficientes vigilantes. Aún queda verano y suspiros como este: “Poco nos pasa, estamos siempre rozando la tragedia, confiando en la suerte”. Los bomberos y colectivos sociales y sindicatos han convocado manifestaciones en varias provincias, como en 2025, este viernes.
Poco pasa. Poco pasó en el infierno de Burgohondo, el incendio de Ávila en julio que se ha calificado como el mayor de la historia, cuando una cuadrilla quedó chamuscada por una lengua de fuego por actuar donde no debían por orden de un técnico ineficaz. Parte del camión se fundió. Poco pasó en Casavieja, donde EL PAÍS vio a bomberos descoordinados sin saber dónde intervenir. Mucho se indignaron miembros destinados en El Barco de Ávila, furiosos porque cuando aquel humo leve empezaba a crecer no fueron reclutados: los dejaron en la base jugando al bádminton. Otra fuente reprueba que la Junta “se ha puesto de perfil” porque Madrid y el Gobierno coparon titulares mientras ardía Ávila. Castilla y León sigue acumulando llamas: El Bierzo (León), Segovia o Zamora lo saben.
Castilla y León ha sufrido en los últimos años graves incendios que han ido rompiendo récords. En 2021 ardieron 22.000 hectáreas en Ávila, el fuego más grave de la historia del territorio hasta que al año siguiente se quemaron casi 30.000 en sendos incendios en la sierra de la Culebra (Zamora), un año donde se perdieron casi 100.000 hectáreas. Los años 2023 y 2024 fueron favorables, pero en 2025 se carbonizaron casi 140.000, cifra inédita, con León y Zamora como grandes afectados junto a Palencia y Salamanca.
Una trabajadora de León enumera calamidades: “Las emisoras van fatal, a la central no se la entiende, no han invertido en mejorar repetidores, emisoras… Cuando hay incendios es tremendo; compañeros se han visto en peligro por no tener comunicación ni con la dirección ni con los compañeros”. La alternativa, sus móviles lastrados por la falta de cobertura común en estos entornos rurales. Sobre los vehículos, el militar fallecido al volcar en Huesca les recordó lo ocurrido en Espinoso de Compludo en 2025, con otro bombero muerto en un siniestro similar. “Las autobombas están lamentables pese a presumir de haber comprado nuevas: están bien para la comarca de Tierra de Campos, cuando arde cereal, pero no para León; muchas no caben por su anchura y no son operativas en montaña”, ejemplifica. “El mantenimiento prácticamente no existe; hay muchas autobombas con averías, frenos, bombas, ruedas en mal estado”, señala la trabajadora. Bajas en material acompañadas por lo humano: hay dotaciones incompletas, faltan conductores para los camiones y algunos peones han sido contratados hace unos días.

Otro trabajador de Palencia denuncia que en su base el vestuario es para 10 personas y se hacinan 16, que no hay aire acondicionado aun con 39 grados “y menos mal que un chaval ha traído un ventilador”, que “cuando llueve se encharca y hay goteras” y que las sales isotónicas o suplementos energéticos que les brindan “están caducados”. Sigue: “Cuando perdemos una braga de algodón o unas gafas protectoras, tardan semanas o meses en proveerlas, mascarillas buenas no dan y no cobramos plus por inhalar sustancias tóxicas ni tenemos equipo para protegernos”. Ellos mismos se han comprado cantimploras, cinturones o arneses porque la Junta no se lo aporta y ejercen de “carpinteros, fontaneros o albañiles” para arreglar la base… con sus propias herramientas. El botiquín, caducado: “Lo llevo por si hay emergencias”.
Sobre los puestos de vigilancia, viejas quejas. Muchos siguen con vacantes, añorados en Segovia cuando tardaron en detectarse focos; otros son inaccesibles o no se han construido y suponen otear desde casetas de obra a ras de suelo. La Junta ha apostado por cámaras, que habían sido criticadas en 2025 por los vigías, porque se trata de 11 millones de euros que apenas detectan humos. Hay bases a medias, como la leonesa de Oterico pese a su alta inversión, y helicópteros sin llegar. La Asociación de Trabajadores de Incendios Forestales de Castilla y León ha afeado que, tras un incendio en Segovia, se contrató “a gente del paro sin experiencia” para completar los puestos de vigilancia a finales de julio, tras arder 3.000 hectáreas en Brieva: “Los han soltado sin explicarles ni cómo funciona la emisora. Les estamos ayudando por teléfono los compañeros, y aun así, todos los días dan alguna falsa alarma”. Además, hay peones de autobomba cogidos del paro que han ido a incendios sin el curso básico, riesgo para sí mismos y su equipo. Las empresas, aparte, presionan para que los bomberos de baja, como uno que se quedó “como una tabla, sin poder sentarme en una silla”, vuelvan cuanto antes, pues la Junta las sanciona si faltan efectivos: “Es inhumano”.

Una de las medidas estrella del presidente, Alfonso Fernández Mañueco (PP), fue trasladar a los empleados de empresas privadas al modelo de Tragsa, no mucho mejor, pero aplaudido por los bomberos al conocerlo. Ahora, lamentan que las pobres condiciones generales impiden completar los retenes porque falta personal, aceptando casi cualquier perfil. Más quejas para los técnicos de extinción, muchos de ellos “faltos de formación y profesionalidad, desconocen el operativo, no saben utilizar las autobombas, no se molestan en conocer los horarios del personal, la composición de las cuadrillas, los modelos de vehículos y maquinaria, no se aprenden las codificaciones para nombrar los medios…”.
Otro bombero se sulfura: “Hay muchísimos mandos intermedios y altos elegidos a dedo”. Uno agrega, riendo, que esos técnicos cogen vacaciones en verano y dejan “a chavalines interinos, pobrecillos, sin tener ni puta idea”. Mañueco también creó la Dirección General de Prevención y Extinción de Incendios Forestales, que ocupó Ángel Sánchez, otrora jefe técnico del Servicio de Incendios Forestales. La plaza que Sánchez dejó se ha sacado a concurso en agosto.
Un bombero de las Brigadas de Refuerzo contra Incendios Forestales, del ministerio de Transición Ecológica, critica que Castilla y León y otras autonomías adelgazan sus operativos confiando en ese refuerzo y la Unidad Militar de Emergencias. “El dispositivo está incompleto y muy verde”, observa este veterano brigadista, también autocrítico, sobre todo con los novatos atraídos por presumir de riesgo, aunque entiende que el talento o la experiencia se fuguen: “Hay gente que va a sacarse fotos y vídeos a los incendios para sacar likes y seguidores, no es culpa de la Junta. Cada día somos más pesimistas. A corto y medio plazo no le veo solución, pero es el sistema que ha creado y fomentado la Junta y alguna comunidad más”.
