En sugestiva coincidencia con el rodaje en Tánger de la nueva entrega de La momia —la popular franquicia cinematográfica de aventuras en el Antiguo Egipto— con buena parte del reparto original, un difunto faraónico resucita en Barcelona, como si la ciudad fuera una extensión de la legendaria Hamunaptra de la película. Se trata de Iny, un alto funcionario real de la dinastía VI, hace más de cuatro mil años, que sirvió a tres monarcas del Reino Antiguo y se hizo acreedor a grandes títulos como Jefe de los Exploradores y Amigo Único del rey. Al personaje le dedica el Museo Egipcio de la capital catalana la exposición Iny, el explorador del faraón, que pone de relieve su papel como navegante al servicio de los intereses comerciales de Pepi I, Merenre y Pepi II.. Seguir leyendo
En sugestiva coincidencia con el rodaje en Tánger de la nueva entrega de La momia —la popular franquicia cinematográfica de aventuras en el Antiguo Egipto— con buena parte del reparto original, un difunto faraónico resucita en Barcelona, como si la ciudad fuera una extensión de la legendaria Hamunaptra de la película. Se trata de Iny, un alto funcionario real de la dinastía VI, hace más de cuatro mil años, que sirvió a tres monarcas del Reino Antiguo y se hizo acreedor a grandes títulos como Jefe de los Exploradores y Amigo Único del rey. Al personaje le dedica el Museo Egipcio de la capital catalana la exposición Iny, el explorador del faraón, que pone de relieve su papel como navegante al servicio de los intereses comerciales de Pepi I, Merenre y Pepi II.
La muestra, con sesenta objetos del propio museo relacionados con la época y una reconstrucción a tamaño natural de la tumba del funcionario, significa el gran debut del centro en las tecnologías inmersivas e incluye un espacio donde el visitante se sumerge en el Egipto del año 2250 antes de Cristo de la mano y la voz del propio Iny.
El empresario y coleccionista Jordi Clos, presidente de la fundación arqueológica de la que depende el museo, ha recalcado este mediodía al presentar la exposición, inaugurada luego en un concurrido acto oficial, que recordando a los muertos y diciendo su nombre se los hacía volver a la vida en el Antiguo Egipto. Clos, que siente una identificación personal con Iny, las piezas de cuya tumba lleva rastreando desde hace treinta años en museos, colecciones y salas de subasta, contribuirá aún más a la memoria del personaje con la novela histórica que está a punto de publicar, Iny, amigo único del faraón (Parnass ediciones).

La sala inmersiva del Museo Egipcio se ha situado en dependencias de la biblioteca, en la planta sótano, y tiene un conveniente aire de tumba. De hecho la proyección inmersiva arranca con imágenes envolventes del sepulcro de Iny que se cubren de colores para mostrar su aspecto original mientras asciende del suelo el humo de las ofrendas al difunto. “Yo soy Iny”, se escucha al propio personaje hablar, con una voz extrañamente juvenil (debe ser su ka, su espíritu vital) para alguien que vivió hasta una edad lo suficientemente avanzada como para servir a tres faraones.
El funcionario, que señala que Barcelona es ahora su hogar, invita a que le recordemos y pronunciemos su nombre, que al menos es corto y no enrevesado como, por poner un ejemplo, el de Khabawseker, oficial de la III dinastía, y anima a que le traigamos alguna cosilla, vino, pan “o si encuentras una oca o una vaca”.
Iny se presenta como alguien que fue poderoso y condujo hasta seis expediciones al levante mediterráneo, especialmente a Biblos —un gran hub comercial de la época, como señala el egiptólogo conservador del museo Luis Manuel Gonzálvez— y la zona del actual Líbano en general, de donde trajo plata y otros minerales, aceite sefety para momificación y cosmética (que a veces están muy cerca), y buenas maderas para construcción naval y para los muchos andamios que requería la edificación de pirámides y templos. Con el ba, la otra alma en forma de pájaro del difunto, nos lanzamos a contemplar el mundo en que vivió Iny en un vuelo vertiginoso que arranca en Saqqara, donde destellean bajo los rayos del sol los piramidones dorados de las pirámides y se extienden sobre las arenas las mastabas.

Ahí está la pirámide de Pepi, “el primero al que serví y del que fui su Amigo Único”, recuerda Iny. Y la más antigua, la escalonada de Djoser. Volamos luego al otro lado del Nilo para ver el lugar donde nació Iny, Menfis, la capital de murallas blancas y sede del poder. Entramos en el palacio, donde nos postramos ante el mismísimo faraón en una audiencia real en la que aparece una sorprendente mujer visir y el rey nos colma de honores, incluidos premios en oro.
De allí pasamos al ruidoso puerto donde ya se aprovisionan y aparejan los barcos, de altísima popa y dos timones, para partir en una nueva expedición. Un mono trepa por un mástil. Sobre nuestras cabezas vuelan los ibis. Y zarpamos Nilo abajo hacia el mar avizorando en las riberas del río fuente de vida palmerales, plantas de papiro y algún hipopótamo.
Cuando acaba la proyección envolvente se queda uno con ganas de más. ¿Qué hay de las aventuras en mar abierto?, ¿y de las tierras lejanas a las que arribaremos? “Eso sale en la novela”, explica Clos, que por lo que dice ha escrito una historia que recuerda al seminal Sinuhé el egipcio. ¿Con sexo también? “Bueno, hay una historia de amor en Biblos, y salen piratas. Pero tendrás que esperar a leerlo”.
Jordi Clos se identifica con Iny, un hombre de orígenes humildes que nació en el campo (él en el Raval) y ascendió hasta convertirse en un personaje importante y codearse con las altas esferas. Además Clos navega, en un laúd, una barca tradicional catalana.

“El museo hace un salto importante con esta exposición”, ha dicho el empresario y coleccionista que ha subrayado que el espacio inmersivo ha llegado para quedarse y acompañará a partir de ahora a las nuevas exhibiciones que se hagan en el centro. Ha destacado la personalidad de Iny como un tipo muy competente. Ha recordado asimismo que su interés por el funcionario viene de lejos, incluso de antes de que existiera el museo, cuando en 1991 adquirió la primera pieza de su tumba sin saber aún a quién pertenecía. “Desde entonces, a lo largo de los años hemos ido completando el puzzle, reconstruyendo la historia de Iny y comprando otras piezas de su sepultura”.
Ha apuntado Clos la importancia de los títulos que los faraones, sus patrones, concedieron a Iny, “equivalentes a los grados de nobleza de hoy”. Entre esos títulos impresionan los de Portador del sello del dios en las dos grandes barcas, Comandante de los reclutas de élite, Líder de los hombres fuertes, Supervisor de las comisiones (!), Sacerdote lector y sobre todo el de Amigo Único. Del relato inmersivo, ha subrayado que todo lo que se explica es auténtico.
Por su parte, la directora del Museo Egipcio, Maixaixa Taulé, ha aprovechado el barullo provocado por una visita escolar que se ha solapado con la presentación para recalcar, con tono muy faraónico, que “esta es una casa viva, por la que pasan millares de niños, 35.000, al año”.

Ha explicado que el proyecto de la exposición inmersiva, presentado en marzo en Shangai en el marco de un programa internacional de investigación digital impulsado por el Consejo Internacional de Museos (ICOM), ha requerido dos años, y que el museo lleva otros 30 reconstruyendo la tumba y la historia de Iny.
Ha considerado que la muestra, que potencia también los objeto arqueológicos, te enseña de manera muy pedagógica toda una época de Egipto, lo que era un reto fenomenal. “Escenificarla ha sido complejo y más porque lo hemos hecho desde una perspectiva para nada hollywoodense, de tecnología porque sí, sino absolutamente basada en la historia y la investigación y al servicio del patrimonio y su divulgación”. Ha dicho que de alguna manera insuflarle vida a la exposición ha sido como dársela de nuevo a Iny, que ya puede estar contento.
