“¡Sí que ha resistido el pajarraco!”, bromea uno de los asistentes a la subasta de 687 objetos sacados del Pazo de Meirás (Sada, A Coruña) por los herederos del dictador, previa autorización judicial y después de un pleito con el Estado, que requisó aquello que consideraba patrimonio nacional tras ser declarado dueño del inmueble. Se refiere a un “ave en metal plateado con alas articuladas” de 20 centímetros y que no pensaban que fuera a despertar gran interés. El precio inicial era de 90 euros y se vendió finalmente en 275 tras una reñida puja. Comparado con los miles de euros pagados por otros elementos del catálogo es poca cosa, pero lo cierto es que el pajarraco se ha resistido.. Seguir leyendo
“¡Sí que ha resistido el pajarraco!”, bromea uno de los asistentes a la subasta de 687 objetos sacados del Pazo de Meirás (Sada, A Coruña) por los herederos del dictador, previa autorización judicial y después de un pleito con el Estado, que requisó aquello que consideraba patrimonio nacional tras ser declarado dueño del inmueble. Se refiere a un “ave en metal plateado con alas articuladas” de 20 centímetros y que no pensaban que fuera a despertar gran interés. El precio inicial era de 90 euros y se vendió finalmente en 275 tras una reñida puja. Comparado con los miles de euros pagados por otros elementos del catálogo es poca cosa, pero lo cierto es que el pajarraco se ha resistido.
Hay muchas caras nuevas, que no estaban registradas previamente, en la sede madrileña de Magna Art Auctions, la elegida por los Franco para hacer caja con lo que la Justicia les ha permitido sacar del pazo. La sala está a rebosar y hay también una veintena de personas conectadas con compradores al teléfono, algunos desde plataformas internacionales. Otros muchos pujan online, tantos, que el servidor da problemas —“hay diez veces más gente conectada que lo normal”, destaca un empleado—.
“Sin duda estamos ante una subasta especial y única, de esas que se producen muy pocas veces”. Así anunciaba Magna Art Auctions el evento. Si el litigio judicial permitió meterse en la cabeza del dictador, a través de los cientos de documentos, libros y cartas hallados en su despacho de Meirás —listados de adhesiones de exmilitares y falangistas a lo que llamó “la guerra de liberación”; escritos de instituciones y personalidades intentando congraciarse con él; un informe reservado relativo a “un movimiento para instaurar la tercera república”…—, la puja de Magna Auctions facilitó en la tarde de este martes adentrarse en su ajuar y comprobar que 50 años después de la muerte de Franco aún hay nostálgicos dispuestos a pagar cientos y hasta miles de euros por un objeto suyo.
“Menudo chollo se ha llevado ese”, comenta uno de los asistentes, cuando otro adquiere una cerámica por 550 euros. “Es india y del 1700. Vale, por lo menos, 3.000, pero aquí la gente está más interesada en llevarse un recuerdo de Franco. Verás cuando lleguen a la cartera”. Se refiere a un maletín en piel marrón algo gastado por los bordes y que lleva grabado lo siguiente: “Generalísimo Franco Caudillo de España y Jefe Nacional de Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S.”. El precio de salida es de 350 euros, pero se venderá por mucho más. Un óleo con una vista del pazo que partía de 50 euros se ha vendido finalmente por 6.000. Tras una reñida puja, ha sido finalmente el cliente de Cayetano, al teléfono, quien se lo llevará a casa. Un juego de seis sillas de jardín con un precio de salida de 250 euros ha terminado en 1.200, y un tapiz con la inscripción Plus Ultra que partía de 850 euros se ha vendido por 9.500.

No todos los asistentes a la subasta están allí por nostalgia franquista; de hecho, algunos incluso pretenden “recuperar” algún objeto que les resulta familiar sin pertenecer a la familia, pero pasan horas sin que la mayoría levante su paleta para pujar. Conocedores de cuál era el principal reclamo, y sin mencionar ninguna de las palabras prohibidas (Guerra Civil, golpe de Estado…), la casa de subastas afirmaba en el catálogo de objetos que su “marcado carácter histórico” infería a los mismos “un valor superior al intrínseco”, ya que encarnan “retazos de la vida familiar en el pazo”. Dicho de otra manera, esa “sopera” no es solo una sopera, sino la sopera de la que comía Franco, y la “alfombra turca” con un precio de salida de 250 euros tampoco es solo una alfombra, sino la tela sobre la que el dictador caminaba a paso firme —se vendió por 2.000—. Los objetos más vinculados a esos “retazos de la vida familiar” de los Franco se hacen de rogar. Un retrato (80 euros de salida, 2.250 de compra final) del dictador, su esposa y su hija (para forrar alguna carpeta) ocupa el puesto 228 en la lista; un grabado de Franco, el 381, y una foto de Juan Carlos de Borbón dedicada “al generalísimo” con la bandera del aguilucho de fondo en 1970 figura en el puesto 457, cerca del codiciado maletín (465).
En el catálogo abundaban también los objetos religiosos, algunos con bastante éxito en la puja, como un misal que pasó de 90 euros a 700 o una “placa conmemorativa de Santiago Apóstol dedicada a S. E. Francisco Franco Bahamonde” por el “Cabildo Compostelano” en 1937, es decir, en plena Guerra Civil: de 180 euros de precio de salida a 1.900.

Las cámaras se han quedado fuera, pero a los asistentes a la subasta no les ha gustado verlas en la puerta. “Yo, La 1, ni la tengo en el mando”, presume uno de ellos. “Tratan a los Franco”, se queja otra mujer, “como si hubieran robado todo esto, cuando, evidentemente, son regalos que les dieron”. “¡Eso, como las joyas de Zapatero!“, interviene otro hombre entre risas. En el grupo están convencidos de que Franco puede que fuera un dictador, pero ”austero». “Si no”, afirma uno de los asistentes, “la familia estaría viviendo en Suiza y no tendrían a la nieta bailando en televisión”. Un exnovio de Carmen Martínez-Bordiú, por cierto, está presente en la subasta.

La media de edad entre el público es más bien alta. Alguno de ellos tiene años de sobra como para haber asistido a “la masiva concentración organizada por el régimen en la Plaza de Oriente en apoyo del dictador Francisco Franco y en respuesta a la presión internacional y las críticas surgidas tras los últimos fusilamientos del 27 de septiembre de 1975”, cuya fotografía partía de un precio de salida de 500 euros. Habrá quien quiera colgarla en su casa. El Gobierno declaró recientemente nula la condena a muerte de uno de aquellos fusilados, Xosé Humberto Baena. Christian Grobet, un observador de la Liga Internacional para la Defensa de los Derechos Humanos que había logrado colarse en el juicio, calificó el proceso de “simulacro” y “farsa siniestra”. La dictadura, en sus estertores, tampoco permitió que declarase una testigo que exculpaba a Baena. “Fue tres veces a la comisaría”, recordaba su hermana Flor, “porque al ver su foto en la televisión se dio cuenta de que estaban acusando a uno que no era. La primera vez no quisieron atenderla; la segunda la metieron en un despacho, un policía sacó su pistola, se puso a jugar con ella, y le dijo: ‘Señora, olvídese. Todos están en el mismo saco”.
La subasta comenzó a las cinco de la tarde y concluyó a las 23.30 con aplausos. La empleada que describía los lotes y anunciaba las pujas —las de los presentes, las realizadas a través del teléfono y las registradas vía web— recordaba a los episodios de filibusterismo parlamentario [cuando el orador bloquea una iniciativa legislativa ocupando la tribuna sin parar de hablar] de las series estadounidenses. Este miércoles se reanudará en el mismo lugar. Quedan por subastar más de la mitad de los objetos, entre ellos, el maletín de Franco.
