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  Economía  Buscar habitación para el curso, el infierno de los estudiantes: «La competencia es muy violenta. En cinco años se ha triplicado el precio»
Economía

Buscar habitación para el curso, el infierno de los estudiantes: «La competencia es muy violenta. En cinco años se ha triplicado el precio»

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Miles de estudiantes empiezan a temer cada vez antes el mes de septiembre. Con la demanda de alquiler disparada, los precios en máximos históricos y la oferta cada vez más escasa, los universitarios se enfrentan a la prueba más dura del curso: buscar piso. No hay apuntes que valgan para este examen, solo una calculadora, un mapa de la ciudad y la angustia de llegar tarde a un mercado que no espera a nadie.. Locura. Abuso. Violencia. Así definen los estudiantes universitarios españoles el proceso de buscar alquiler para el curso. Jaime, gaditano de 22 años y estudiante de fisioterapia en Madrid, avisa de que la competencia es feroz: «Buscas en todos los portales, estás alerta, consigues concertar una visita, llegas al piso y te encuentras con una cola de dos horas para visitarlo». El piso de Jaime, que le surgió como una oportunidad, cuesta en total 2.800 euros al mes (700 euros por persona). Y aún así admite que es barato para la zona y lo que ofrece. Cuatro habitaciones, tres baños, un aseo y una plaza de garaje en el céntrico barrio de Argüelles. Los hay mucho peores. «Te piden un dineral por un piso que supuestamente es de tres habitaciones pero la tercera es prácticamente una despensa», denuncia. No esconde que la cantidad que abona cada mes es excesiva y que sus padres no podrían costearlo si sus dos hermanos estuviesen estudiando fuera a la vez.. «Vas a visitar un piso y te encuentras con una cola de dos horas». Jaime 22 años, estudiante gaditano en Madrid. Algo similar le ocurre a Clara, argentina de 23 años y estudiante de periodismo. Paga, junto a su hermana, 2.400 euros al mes por un piso en Chamberí (Madrid) aunque ya barajan incorporar a una nueva compañera o mudarse para reducir costes. «Los precios han subido un montón. Yo antes vivía a una calle de donde vivo ahora, éramos tres personas y pagábamos 650 euros cada una, es decir, 1.950 euros. Cuando nos fuimos vimos que lo habían subido a 2.500 euros. Por un estudio de 25 metros cuadrados tengo una amiga que paga 1.500 euros. Es muchísimo», cuenta. Pero el análisis de Clara no se queda ahí. Esta estudiante considera que los precios también han «subido por la cantidad de gente extranjera que ha venido y que se lo puede permitir», pero es consciente de que «un sueldo de aquí no cubre esos precios».. «Cuando me fui de mi anterior piso lo subieron de 1.950 euros a 2.500 euros». Clara 23 años, argentina estudiando en Madrid. Marta, cordobesa de 21 años y estudiante de periodismo, paga algo menos, pero a cambio de irse a las afueras de Madrid, a la zona de Mirasierra, cerca de su universidad. Paga 500 euros al mes con gastos en una casa compartida con tres personas más que tuvo que buscar hace apenas un mes. «Llegué a ver 20 pisos. En muchos me decían que no si me lo pagaban mis padres. Vas a verlo, te hacen entrevista personal y he llegado a tener entrevistas con el resto de compañeros por Zoom. Es más complicado que una entrevista de trabajo», relata. Pese a ser un precio más bajo que el de Jaime o Clara, el esfuerzo económico que debe hacer su familia le pesa igual. «Madrid se está poniendo imposible. Ha subido una barbaridad en los últimos tres años. Con las prácticas no me llega ni para pagar el alquiler. He pensado irme a Sevilla a estudiar el máster. Se lo digo a mis padres: no os voy a hacer que me paguéis un piso que os cueste más caro que vuestra hipoteca», confiesa en declaraciones a LA RAZÓN.. «No voy a hacer que mis padres paguen un piso más caro que su hipoteca». Marta 25 años, estudiante cordobesa en Madrid. Estos precios no son una excepción. Solo hay que visitar algún portal inmobiliario para corroborar los testimonios. Precio: 600 euros al mes. No, no es el alquiler de una vivienda completa, es el coste de una habitación en un piso compartido de Madrid y se podría decir que, comparado con el resto, es económico. No es amplio, ni luminoso, ni céntrico, ni con comodidades, eso sí. Ubicado en el barrio de Quintana, este bajo cuenta con 69 metros en los que caben, sorprendentemente, cuatro habitaciones y tan solo un baño. Los gastos, por supuesto, se pagan aparte y no especifican si, además de la fianza, cobran mes de agencia, pero es lo más probable, al ser una agencia la que lo anuncia en Fotocasa.. Compartir en un piso reformado y bien ubicado, tiene un precio mucho más alto. En concreto, 1.200 euros se puede llegar a pagar por habitación en la zona céntrica de Argüelles compartiendo con otras seis personas tan solo dos baños. En total, el propietario se embolsa por el inmueble 8.400 euros. Según un estudio de Fotocasa correspondiente a 2025, compartir vivienda en España costaba de media 521 euros al mes, un 61,8% más respecto a los 322 euros de 2020 y un 96,6% más frente a los 265 euros de 2015. Es decir, el precio de una habitación en un piso compartido prácticamente se ha duplicado en 10 años.. El precio de la habitación de Natalia (21 años) se sitúa por debajo de la media nacional por un simple motivo: reside fuera de las grandes urbes del país. Pese a ello, reconoce que la mayoría de sus conocidos pagan más que ella y que se ha planteado volver al hogar familiar en los próximos cursos si la situación empeora. Esta cartagenera estudia tercero de psicología en la capital murciana, tres años de carrera en los que ha pasado por tres pisos distintos. En el actual, que conserva para el próximo curso, el precio mensual es de 350 euros al mes (50 euros más que el año anterior) sin incluir los gastos, pero encontrarlo no fue fácil. «La gente se mata por los pisos. He llegado a tener discusiones con padres de otros estudiantes porque no estaban conformes con que el piso nos lo quedásemos nosotras y no sus hijos», cuenta. Natalia se queja, además, de que las viviendas suelen estar en malas condiciones y de que los caseros no se hacen cargo de arreglar los desperfectos: «Como nos ven niños, pasan de nosotros».. Natalia cuenta con una beca que antes era completa, pero que este curso ha quedado reducida a la ayuda para residencia. «No da para llegar a fin de mes. Mi madre se va a tener que hacer más cargo», lamenta. Y el horizonte parece aún más sombrío. Tanto ella como sus compañeras de piso han consultado con la inmobiliaria con la que han renovado para el próximo curso y les han advertido: «Nos han dicho que los precios van a seguir subiendo y que dependerá de nosotras hacer balance y ver si es mejor asumir el coste de la gasolina que seguir alquilando». «Yo me lo planteé, porque todo está subiendo cada vez más, y como no sube nada más, solo el alquiler, no da la vida», admite.. «Hemos tenido peleas con padres de otros estudiantes por un piso». Natalia 21 años, estudiante de Cartagena alojada en Murcia. Esta angustia por encontrar y mantener un techo asequible se repite, agravada, en otras ciudades universitarias españolas. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Los estudiantes de Santiago de Compostela, un gran núcleo universitario, llegan a hacer colas de madrugada a las puertas de las inmobiliarias para conseguir un piso para el curso. Esta es la estampa que dejó la capital gallega el pasado 1 de julio, coincidiendo con la salida al mercado de las viviendas que otros estudiantes dejan libres tras finalizar el curso. Es una carrera de velocidad. Quien llegue antes, se queda el piso. Quien espere a agosto o septiembre, tendrá un grave problema para estudiar y residir en la ciudad, advirtieron algunos de los universitarios que se plantaron en una agencia de la ciudad a las 2:00h de la madrugada.. Víctor, madrileño de 25 años, corrobora la odisea que es buscar piso en Santiago de Compostela, donde durante este año cursó un máster. Junto a una amiga, pagaban 660 euros al mes por un piso que, ahora, ya cuesta 700 euros. El gran problema de Santiago es la dificultad para conservar la vivienda. Aquellos estudiantes que están dispuestos a pagar los meses de verano para «guardar» el piso de cara al próximo curso, no lo consiguen porque los propietarios prefieren destinar sus alojamientos al peregrinaje. «Es muy difícil encontrar un piso por menos de 600 euros. Es más caro que La Coruña o Vigo. El problema de los peregrinos del Camino de Santiago hace que prácticamente todas las casas se destinen en verano a alquiler vacacional. Si eres estudiante, es muy difícil conseguir un piso y si no lo eres, es más difícil aún, porque no alquilan para todo el año», advierte.. Su búsqueda duró más de un mes y medio y estuvo marcada por lo que define como una violencia «invisible, pero muy tangible». «Es una competencia muy violenta. En las visitas, te tienes que adaptar siempre tú a la hora que propone el casero, te ponen en el brete de que o reservas ya o te lo quitan y tienes que entrar a vivir ya, no te lo guardan ni una semana», explica. «No hay ningún tipo de humanidad en el alquiler», lamenta. Un ejemplo que Víctor pone de ello, junto a la presión del proceso de búsqueda, es que durante todo el año nunca llegó a conocer a su casero. A esto se suma la innegable subida de los precios y la abusividad de los contratos. «En apenas cinco años, se ha triplicado el precio. Una habitación que antes costaba 100 euros, ahora como mínimo cuesta 300 euros», señala. E incluso para esas cantidades, los requisitos son tremendamente altos: «No me valía con estar becado. Me pedían un doble aval. Tenía que demostrar que mi madre era solvente y que mi padre también». Lo más surrealista de su contrato eran algunas de sus cláusulas. «Ponía que si alguna de las dos partes fallecía, se rompía el contrato. Por qué se tiene que ir mi compañera si yo me muero», dice, sin poder evitar una risa de incredulidad.. «No hay ningún tipo de humanidad en el alquiler». Víctor 25 años, estudiante de Madrid residiendo en Galicia. Pero el caso de Santiago de Compostela no es aislado. El director general de ACV Gestión Inmobiliaria, Iñaki Unsain, advierte de que la demanda supera ampliamente a la oferta en los principales mercados universitarios, hasta el punto de que muchos estudiantes inician la búsqueda durante los meses de junio y julio e incluso aceptan pagar uno o dos meses de alquiler antes de residir en el inmueble para no perder la oportunidad.. Hay viviendas que prácticamente no llegan al mercado, señala Unsain. Muchos pisos se reservan a través de contactos previos, bases de datos de agencias, antiguos inquilinos, recomendaciones o listas de espera. Esta presión obliga a muchos estudiantes y familias a tomar decisiones casi inmediatas, sin apenas margen para comparar opciones, negociar condiciones o esperar a conocer el calendario definitivo del curso.. En España hay un total de 1,8 millones de estudiantes universitarios y para el 31%, estudiar en la universidad implica cambiar de residencia. El volumen de demandantes de habitaciones en pisos compartidos choca con la oferta, que aunque ha crecido en los últimos años como alternativa al alquiler habitual, está echando el freno por la inseguridad jurídica, avisa Alquiler Seguro. La inestabilidad e inseguridad jurídica junto a la demonización del alquiler temporal están lastrando la oferta de esta modalidad para quien realmente lo necesita: los estudiantes.

 

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Miles de estudiantes empiezan a temer cada vez antes el mes de septiembre. Con la demanda de alquiler disparada, los precios en máximos históricos y la oferta cada vez más escasa, los universitarios se enfrentan a la prueba más dura del curso: buscar piso. No hay apuntes que valgan para este examen, solo una calculadora, un mapa de la ciudad y la angustia de llegar tarde a un mercado que no espera a nadie.. Locura. Abuso. Violencia. Así definen los estudiantes universitarios españoles el proceso de buscar alquiler para el curso. Jaime, gaditano de 22 años y estudiante de fisioterapia en Madrid, avisa de que la competencia es feroz: «Buscas en todos los portales, estás alerta, consigues concertar una visita, llegas al piso y te encuentras con una cola de dos horas para visitarlo». El piso de Jaime, que le surgió como una oportunidad, cuesta en total 2.800 euros al mes (700 euros por persona). Y aún así admite que es barato para la zona y lo que ofrece. Cuatro habitaciones, tres baños, un aseo y una plaza de garaje en el céntrico barrio de Argüelles. Los hay mucho peores. «Te piden un dineral por un piso que supuestamente es de tres habitaciones pero la tercera es prácticamente una despensa», denuncia. No esconde que la cantidad que abona cada mes es excesiva y que sus padres no podrían costearlo si sus dos hermanos estuviesen estudiando fuera a la vez.. «Vas a visitar un piso y te encuentras con una cola de dos horas». Algo similar le ocurre a Clara, argentina de 23 años y estudiante de periodismo. Paga, junto a su hermana, 2.400 euros al mes por un piso en Chamberí (Madrid) aunque ya barajan incorporar a una nueva compañera o mudarse para reducir costes. «Los precios han subido un montón. Yo antes vivía a una calle de donde vivo ahora, éramos tres personas y pagábamos 650 euros cada una, es decir, 1.950 euros. Cuando nos fuimos vimos que lo habían subido a 2.500 euros. Por un estudio de 25 metros cuadrados tengo una amiga que paga 1.500 euros. Es muchísimo», cuenta. Pero el análisis de Clara no se queda ahí. Esta estudiante considera que los precios también han «subido por la cantidad de gente extranjera que ha venido y que se lo puede permitir», pero es consciente de que «un sueldo de aquí no cubre esos precios».. «Cuando me fui de mi anterior piso lo subieron de 1.950 euros a 2.500 euros». Marta, cordobesa de 21 años y estudiante de periodismo, paga algo menos, pero a cambio de irse a las afueras de Madrid, a la zona de Mirasierra, cerca de su universidad. Paga 500 euros al mes con gastos en una casa compartida con tres personas más que tuvo que buscar hace apenas un mes. «Llegué a ver 20 pisos. En muchos me decían que no si me lo pagaban mis padres. Vas a verlo, te hacen entrevista personal y he llegado a tener entrevistas con el resto de compañeros por Zoom. Es más complicado que una entrevista de trabajo», relata. Pese a ser un precio más bajo que el de Jaime o Clara, el esfuerzo económico que debe hacer su familia le pesa igual. «Madrid se está poniendo imposible. Ha subido una barbaridad en los últimos tres años. Con las prácticas no me llega ni para pagar el alquiler. He pensado irme a Sevilla a estudiar el máster. Se lo digo a mis padres: no os voy a hacer que me paguéis un piso que os cueste más caro que vuestra hipoteca», confiesa en declaraciones a LA RAZÓN.. «No voy a hacer que mis padres paguen un piso más caro que su hipoteca». Estos precios no son una excepción. Solo hay que visitar algún portal inmobiliario para corroborar los testimonios. Precio: 600 euros al mes. No, no es el alquiler de una vivienda completa, es el coste de una habitación en un piso compartido de Madrid y se podría decir que, comparado con el resto, es económico. No es amplio, ni luminoso, ni céntrico, ni con comodidades, eso sí. Ubicado en el barrio de Quintana, este bajo cuenta con 69 metros en los que caben, sorprendentemente, cuatro habitaciones y tan solo un baño. Los gastos, por supuesto, se pagan aparte y no especifican si, además de la fianza, cobran mes de agencia, pero es lo más probable, al ser una agencia la que lo anuncia en Fotocasa.. Compartir en un piso reformado y bien ubicado, tiene un precio mucho más alto. En concreto, 1.200 euros se puede llegar a pagar por habitación en la zona céntrica de Argüelles compartiendo con otras seis personas tan solo dos baños. En total, el propietario se embolsa por el inmueble 8.400 euros. Según un estudio de Fotocasa correspondiente a 2025, compartir vivienda en España costaba de media 521 euros al mes, un 61,8% más respecto a los 322 euros de 2020 y un 96,6% más frente a los 265 euros de 2015. Es decir, el precio de una habitación en un piso compartido prácticamente se ha duplicado en 10 años.. El precio de la habitación de Natalia (21 años) se sitúa por debajo de la media nacional por un simple motivo: reside fuera de las grandes urbes del país. Pese a ello, reconoce que la mayoría de sus conocidos pagan más que ella y que se ha planteado volver al hogar familiar en los próximos cursos si la situación empeora. Esta cartagenera estudia tercero de psicología en la capital murciana, tres años de carrera en los que ha pasado por tres pisos distintos. En el actual, que conserva para el próximo curso, el precio mensual es de 350 euros al mes (50 euros más que el año anterior) sin incluir los gastos, pero encontrarlo no fue fácil. «La gente se mata por los pisos. He llegado a tener discusiones con padres de otros estudiantes porque no estaban conformes con que el piso nos lo quedásemos nosotras y no sus hijos», cuenta. Natalia se queja, además, de que las viviendas suelen estar en malas condiciones y de que los caseros no se hacen cargo de arreglar los desperfectos: «Como nos ven niños, pasan de nosotros».. Natalia cuenta con una beca que antes era completa, pero que este curso ha quedado reducida a la ayuda para residencia. «No da para llegar a fin de mes. Mi madre se va a tener que hacer más cargo», lamenta. Y el horizonte parece aún más sombrío. Tanto ella como sus compañeras de piso han consultado con la inmobiliaria con la que han renovado para el próximo curso y les han advertido: «Nos han dicho que los precios van a seguir subiendo y que dependerá de nosotras hacer balance y ver si es mejor asumir el coste de la gasolina que seguir alquilando». «Yo me lo planteé, porque todo está subiendo cada vez más, y como no sube nada más, solo el alquiler, no da la vida», admite.. «Hemos tenido peleas con padres de otros estudiantes por un piso». Esta angustia por encontrar y mantener un techo asequible se repite, agravada, en otras ciudades universitarias españolas. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Los estudiantes de Santiago de Compostela, un gran núcleo universitario, llegan a hacer colas de madrugada a las puertas de las inmobiliarias para conseguir un piso para el curso. Esta es la estampa que dejó la capital gallega el pasado 1 de julio, coincidiendo con la salida al mercado de las viviendas que otros estudiantes dejan libres tras finalizar el curso. Es una carrera de velocidad. Quien llegue antes, se queda el piso. Quien espere a agosto o septiembre, tendrá un grave problema para estudiar y residir en la ciudad, advirtieron algunos de los universitarios que se plantaron en una agencia de la ciudad a las 2:00h de la madrugada.. Víctor, madrileño de 25 años, corrobora la odisea que es buscar piso en Santiago de Compostela, donde durante este año cursó un máster. Junto a una amiga, pagaban 660 euros al mes por un piso que, ahora, ya cuesta 700 euros. El gran problema de Santiago es la dificultad para conservar la vivienda. Aquellos estudiantes que están dispuestos a pagar los meses de verano para «guardar» el piso de cara al próximo curso, no lo consiguen porque los propietarios prefieren destinar sus alojamientos al peregrinaje. «Es muy difícil encontrar un piso por menos de 600 euros. Es más caro que La Coruña o Vigo. El problema de los peregrinos del Camino de Santiago hace que prácticamente todas las casas se destinen en verano a alquiler vacacional. Si eres estudiante, es muy difícil conseguir un piso y si no lo eres, es más difícil aún, porque no alquilan para todo el año», advierte.. Su búsqueda duró más de un mes y medio y estuvo marcada por lo que define como una violencia «invisible, pero muy tangible». «Es una competencia muy violenta. En las visitas, te tienes que adaptar siempre tú a la hora que propone el casero, te ponen en el brete de que o reservas ya o te lo quitan y tienes que entrar a vivir ya, no te lo guardan ni una semana», explica. «No hay ningún tipo de humanidad en el alquiler», lamenta. Un ejemplo que Víctor pone de ello, junto a la presión del proceso de búsqueda, es que durante todo el año nunca llegó a conocer a su casero. A esto se suma la innegable subida de los precios y la abusividad de los contratos. «En apenas cinco años, se ha triplicado el precio. Una habitación que antes costaba 100 euros, ahora como mínimo cuesta 300 euros», señala. E incluso para esas cantidades, los requisitos son tremendamente altos: «No me valía con estar becado. Me pedían un doble aval. Tenía que demostrar que mi madre era solvente y que mi padre también». Lo más surrealista de su contrato eran algunas de sus cláusulas. «Ponía que si alguna de las dos partes fallecía, se rompía el contrato. Por qué se tiene que ir mi compañera si yo me muero», dice, sin poder evitar una risa de incredulidad.. «No hay ningún tipo de humanidad en el alquiler». Pero el caso de Santiago de Compostela no es aislado. El director general de ACV Gestión Inmobiliaria, Iñaki Unsain, advierte de que la demanda supera ampliamente a la oferta en los principales mercados universitarios, hasta el punto de que muchos estudiantes inician la búsqueda durante los meses de junio y julio e incluso aceptan pagar uno o dos meses de alquiler antes de residir en el inmueble para no perder la oportunidad.. Hay viviendas que prácticamente no llegan al mercado, señala Unsain. Muchos pisos se reservan a través de contactos previos, bases de datos de agencias, antiguos inquilinos, recomendaciones o listas de espera. Esta presión obliga a muchos estudiantes y familias a tomar decisiones casi inmediatas, sin apenas margen para comparar opciones, negociar condiciones o esperar a conocer el calendario definitivo del curso.. En España hay un total de 1,8 millones de estudiantes universitarios y para el 31%, estudiar en la universidad implica cambiar de residencia. El volumen de demandantes de habitaciones en pisos compartidos choca con la oferta, que aunque ha crecido en los últimos años como alternativa al alquiler habitual, está echando el freno por la inseguridad jurídica, avisa Alquiler Seguro. La inestabilidad e inseguridad jurídica junto a la demonización del alquiler temporal están lastrando la oferta de esta modalidad para quien realmente lo necesita: los estudiantes.

 

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