Cada vez son más los estudios que alertan de las consecuencias que el cambio climático podría tener en las grandes ciudades europeas. Recientemente, un informe elaborado por AXA Climate pronosticaba un aumento de las temperaturas en Madrid de 5,5 ºC, alcanzando un clima similar al de Marrakech en los próximos 25 años. Sin embargo, la capital de España no sería la única afectada por el calentamiento global.. Si no se toman medidas para paliar esta tendencia al alza de las temperaturas, la economía de las grandes ciudades del sur de Europa se vería enormemente afectada, especialmente durante los meses de verano, según ha pronosticado Carsten Brzeski. El director global de Investigación Macroeconómica y economista jefe de la Eurozona para el grupo ING ha advertido que estos cambios podrían empezar a notarse dentro de los próximos dos años.. Sin ir más lejos, el pasado mes de julio de 2026 fue el más caluroso registrado en España, con una temperatura media de 27,1 ºC y una anomalía de 2,7 ºC con respecto a las cifras registradas entre 1991 y 2020. Asimismo, entre los meses de junio y julio se vivió una racha de 49 días consecutivos de temperaturas por encima de la media histórica. Algo que, si bien no repercutió en el turismo, sí que podría terminar causando una bajada del número de visitantes que recibe el país en los meses de verano.. Los turistas podrían dejar de escoger España para sus vacaciones por las altas temperaturas. Así lo ha advertido el prestigioso economista alemán al periódico francés Les Echos, prestando especial atención a ciudades como Madrid, Barcelona o Roma. «El cambio será gradual; nadie cancelará sus vacaciones por la ola de calor de este verano. Sin embargo, durante los próximos dos años, el turismo de verano en las economías de Europa se verá afectado», advierte Brzeski.. Las altas temperaturas registradas en dichas ciudades provocarán que dejen de ser un destino que resulte atractivo para los turistas en los meses de verano, quienes optarán por otras alternativas del norte de Europa. Es decir, según pronostica el experto, comenzará una creciente tendencia a las «vacaciones en climas fríos» como los que se pueden encontrar en países como Escandinavia, Islandia o Finlandia, entre otros.. La problemática reside, según explica el economista, en si la llegada de turistas en meses ligeramente más frescos como junio o septiembre será suficiente para compensar la pérdida de turistas en los principales meses de verano o, si por el contrario, las economías de países como España, Grecia o Italia se verán notablemente afectadas por esta cuestión. Pues, según advierte, «el turismo representa entre el 13% y el 15% del PIB» de dichas naciones.. «El impacto podría ser considerable para los países mediterráneos, aunque este escenario aún no está escrito. Ir a la playa con temperaturas de 40 grados dejará de ser una opción atractiva, pero otras regiones podrían beneficiarse. Al igual que ocurre con las zonas de montaña en Francia, regiones como Galicia podrían atraer a más visitantes», explica Carsten Brzeski.. El norte de Europa aumentaría su turismo durante el verano. Asimismo, expresa su preocupación por los países del norte de Europa, cuyas infraestructuras y población podrían no estar preparadas para un aumento considerable de la afluencia de turistas. En primer lugar, advierte de que deberán hacer una inversión para adaptar su modelo de turismo individual a uno de mayor escala como el que suele recibir la zona del Mediterráneo.. Algo que, aunque beneficiaría a la economía de dichos países, podría ocasionar problemas de aceptación por parte de sus ciudadanos. «Surge así una pregunta: ¿podrían producirse situaciones similares a las de Mallorca, donde muchos residentes afirman estar cansados de la llegada constante de turistas durante todo el año?», reflexiona el economista.. Todo ello demuestra que los efectos que el cambio climático podría provocar en los países no solo afectan a sus temperaturas o el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, sino también a su economía. Especialmente en cuanto a la afluencia de unos turistas que podrían dejar de escoger las ciudades y playas españolas y mediterráneas para pasar sus vacaciones en destinos más frescos.
Cada vez son más los estudios que alertan de las consecuencias que el cambio climático podría tener en las grandes ciudades europeas. Recientemente, un informe elaborado por AXA Climate pronosticaba un aumento de las temperaturas en Madrid de 5,5 ºC, alcanzando un clima similar al de Marrakech en los próximos 25 años. Sin embargo, la capital de España no sería la única afectada por el calentamiento global.. Si no se toman medidas para paliar esta tendencia al alza de las temperaturas, la economía de las grandes ciudades del sur de Europa se vería enormemente afectada, especialmente durante los meses de verano, según ha pronosticado Carsten Brzeski. El director global de Investigación Macroeconómica y economista jefe de la Eurozona para el grupo ING ha advertido que estos cambios podrían empezar a notarse dentro de los próximos dos años.. Sin ir más lejos, el pasado mes de julio de 2026 fue el más caluroso registrado en España, con una temperatura media de 27,1 ºC y una anomalía de 2,7 ºC con respecto a las cifras registradas entre 1991 y 2020. Asimismo, entre los meses de junio y julio se vivió una racha de 49 días consecutivos de temperaturas por encima de la media histórica. Algo que, si bien no repercutió en el turismo, sí que podría terminar causando una bajada del número de visitantes que recibe el país en los meses de verano.. Los turistas podrían dejar de escoger España para sus vacaciones por las altas temperaturas. Así lo ha advertido el prestigioso economista alemán al periódico francés Les Echos, prestando especial atención a ciudades como Madrid, Barcelona o Roma. «El cambio será gradual; nadie cancelará sus vacaciones por la ola de calor de este verano. Sin embargo, durante los próximos dos años, el turismo de verano en las economías de Europa se verá afectado», advierte Brzeski.. Las altas temperaturas registradas en dichas ciudades provocarán que dejen de ser un destino que resulte atractivo para los turistas en los meses de verano, quienes optarán por otras alternativas del norte de Europa. Es decir, según pronostica el experto, comenzará una creciente tendencia a las «vacaciones en climas fríos» como los que se pueden encontrar en países como Escandinavia, Islandia o Finlandia, entre otros.. La problemática reside, según explica el economista, en si la llegada de turistas en meses ligeramente más frescos como junio o septiembre será suficiente para compensar la pérdida de turistas en los principales meses de verano o, si por el contrario, las economías de países como España, Grecia o Italia se verán notablemente afectadas por esta cuestión. Pues, según advierte, «el turismo representa entre el 13% y el 15% del PIB» de dichas naciones.. «El impacto podría ser considerable para los países mediterráneos, aunque este escenario aún no está escrito. Ir a la playa con temperaturas de 40 grados dejará de ser una opción atractiva, pero otras regiones podrían beneficiarse. Al igual que ocurre con las zonas de montaña en Francia, regiones como Galicia podrían atraer a más visitantes», explica Carsten Brzeski.. El norte de Europa aumentaría su turismo durante el verano. Asimismo, expresa su preocupación por los países del norte de Europa, cuyas infraestructuras y población podrían no estar preparadas para un aumento considerable de la afluencia de turistas. En primer lugar, advierte de que deberán hacer una inversión para adaptar su modelo de turismo individual a uno de mayor escala como el que suele recibir la zona del Mediterráneo.. Algo que, aunque beneficiaría a la economía de dichos países, podría ocasionar problemas de aceptación por parte de sus ciudadanos. «Surge así una pregunta: ¿podrían producirse situaciones similares a las de Mallorca, donde muchos residentes afirman estar cansados de la llegada constante de turistas durante todo el año?», reflexiona el economista.. Todo ello demuestra que los efectos que el cambio climático podría provocar en los países no solo afectan a sus temperaturas o el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, sino también a su economía. Especialmente en cuanto a la afluencia de unos turistas que podrían dejar de escoger las ciudades y playas españolas y mediterráneas para pasar sus vacaciones en destinos más frescos.
