El desarrollo judicial y la nueva temporada televisiva han devuelto al balcón de la actualidad a Rita Barberá. De un modo u otro siempre estuvo apalancada ahí. Valencia vive por ciclos encapsulada en el tirabuzón de Sorolla, Nino Bravo y Rita Barberá, y se diría que se gusta en ese triángulo. Y también en sus transformaciones isométricas que, si te descuidas, se alinean como una conjunción astral y se funden en un todo muy anaeróbico. Ahora, la “alcaldesa de España” (el rumboso marchamo que le imprimió el PP) regresa con el décimo aniversario de su traspaso. Por un lado, en forma de titulares con el auto que pone el broche al ‘caso Azud’, la macrocausa que investiga la maraña de corrupción urbanística, contratos públicos y mordidas durante el mandato del PP en Valencia. Una trama que hunde su raíz en el Ayuntamiento, que pringa al entorno más directo de Barberá y que también salpica al PSPV-SOE (la física de fluidos demuestra que el agua moja por donde pasa). Y por el otro, Barberá retorna como protagonista de un programa de ‘Salvados’ para referirnos su esplendor y su ocaso con mucha pintura blanca y no pocas pinceladas de compasión por parte de algunas figuras espectrales.. Seguir leyendo
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Mientras crecían las evidencias entre sus más estrechos colaboradores, los mismos que la empujaron por el abismo se investían de forenses para culpar a la izquierda de su muerte
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El desarrollo judicial y la nueva temporada televisiva han devuelto al balcón de la actualidad a Rita Barberá. De un modo u otro siempre estuvo apalancada ahí. Valencia vive por ciclos encapsulada en el tirabuzón de Sorolla, Nino Bravo y Rita Barberá, y se diría que se gusta en ese triángulo. Y también en sus transformaciones isométricas que, si te descuidas, se alinean como una conjunción astral y se funden en un todo muy anaeróbico. Ahora, la “alcaldesa de España” (el rumboso marchamo que le imprimió el PP) regresa con el décimo aniversario de su traspaso. Por un lado, en forma de titulares con el auto que pone el broche al ‘caso Azud’, la macrocausa que investiga la maraña de corrupción urbanística, contratos públicos y mordidas durante el mandato del PP en Valencia. Una trama que hunde su raíz en el Ayuntamiento, que pringa al entorno más directo de Barberá y que también salpica al PSPV-SOE (la física de fluidos demuestra que el agua moja por donde pasa). Y por el otro, Barberá retorna como protagonista de un programa de ‘Salvados’ para referirnos su esplendor y su ocaso con mucha pintura blanca y no pocas pinceladas de compasión por parte de algunas figuras espectrales.
Su fallecimiento, causado por una cirrosis hepática que derivó en fallo multiorgánico, evitó su implicación directa en varias investigaciones en marcha y determinó el archivo en el Tribunal Supremo del asunto del ‘pitufeo’ (blanqueo de capitales en el marco de la Operación Taula, en la que había sido imputada). Mientras crecían las evidencias entre sus más estrechos colaboradores, los mismos que la empujaron por el abismo se investían de forenses para culpar a la izquierda de su muerte y se concedían la toga para proclamar su inocencia en causas por las que nunca fue juzgada. Desde entonces, el beneficio de esa trágica circunstancia proporcionó una agradable posteridad a la difunta. En su expiación, quienes le dieron la espalda cuando lo suyo entró en un callejón sin salida y la forzaron a dejar el partido antes de expulsarla, se reposicionaron y la elevaron a los altares con ditirambos, distinciones y ofrendas. Incluso bautizando un viaducto con su nombre. “La Jefa”, como era conocida en su formación, volvía a ser, más que un referente, un activo repristinado y poderoso para los suyos. El mascarón de la singladura de María José Catalá, y, por la capacidad de tracción de Valencia, también el del PP en la Comunidad Valenciana. Hasta el reemplazante Juanfran Pérez Llorca ha instado estos días en las redes a recordar su legado.
El auto de la juez, sin embargo, ha venido a enturbiar la edulcorada memoria oficial de Barberá y su cacareado legado. A apuntar que el glamur del Ferrari California descapotable, el resplandor deslumbrante de sus pirámides y la interminable eslora del yate de Ernesto Bertarelli se sustentaban sobre una procelosa charca fecal. Las diligencias practicadas por la juez consignan el “amparo personal” que la entonces alcaldesa dispensó a su cuñado, el abogado ultraderechista José María Corbín, uno de los ejes de la trama junto con su vicealcalde, Alfonso Grau. Según el auto, Barberá no solo estaba al tanto de cuanto sucedía en la trastienda del ayuntamiento, sino que se implicaba personalmente en procesos urbanísticos de promotores que contrataban a su cuñado como “conseguidor de contratación pública mediante comisión”, precisamente por su relación con la alcaldesa, cuya hermana (la esposa de Corbín) era también jefa de gabinete de la regidora y administraba su agenda. La hiperbólica modernización y prosperidad económica y social de la ciudad atribuida a Barberá tenía un precio y recordaba mucho al despotismo ilustrado de Carlos III: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Pero ahora el legado de “la Jefa” ya es arte: es como un claroscuro tenebrista de Ribera, donde el PP se redime del daño que le infligió iluminando su cara mientras la justicia pone el foco en la profundidad de la oscuridad del entorno y sus interacciones.
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