Cuando se es el ministro del Interior más longevo de la democracia, la experiencia es un grado. Por eso, Fernando Grande-Marlaska el martes, y aunque ya hubiera pasado la medianoche, prefirió dejar por escrito en una carta lo que ya había pedido previamente por teléfono: que el director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras, le informara a la mayor brevedad qué había pasado con un informe que su cuerpo policial había entregado a la jueza María Tardón en la Audiencia Nacional señalando la colaboración de agentes marroquíes en la entrada de más de 70.000 personas en Ceuta a finales de julio y del que él no tenía ni idea. El director de la Policía tampoco.. Seguir leyendo

Cuando se es el ministro del Interior más longevo de la democracia, la experiencia es un grado. Por eso, Fernando Grande-Marlaska el martes, y aunque ya hubiera pasado la medianoche, prefirió dejar por escrito en una carta lo que ya había pedido previamente por teléfono: que el director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras, le informara a la mayor brevedad qué había pasado con un informe que su cuerpo policial había entregado a la jueza María Tardón en la Audiencia Nacional señalando la colaboración de agentes marroquíes en la entrada de más de 70.000 personas en Ceuta a finales de julio y del que él no tenía ni idea. El director de la Policía tampoco.
