La humanidad nunca había estado tan cerca de la autodestrucción. Así lo advierte el reloj del fin del mundo, una iniciativa que el Boletín de Científicos Atómicos actualiza cada año para alertar sobre los peligros que acechan al planeta. Solo faltan 85 segundos para la medianoche, el símbolo de la aniquilación total, debido a la emergencia climática, la irrupción de la inteligencia artificial y las guerras que amenazan a millones de personas. Además, en pleno auge del militarismo, los países más poderosos han acelerado en la carrera armamentista por ampliar y modernizar sus arsenales nucleares, la razón por la que el también llamado reloj del apocalipsis se dio a conocer por primera vez en 1947.
La humanidad nunca había estado tan cerca de la autodestrucción. Así lo advierte el reloj del fin del mundo, una iniciativa que el Boletín de Científicos Atómicos actualiza cada año para alertar sobre los peligros que acechan al planeta. Solo faltan 85 segundos para la medianoche, el símbolo de la aniquilación total, debido a la emergencia climática, la irrupción de la inteligencia artificial y las guerras que amenazan a millones de personas. Además, en pleno auge del militarismo, los países más poderosos han acelerado en la carrera armamentista por ampliar y modernizar sus arsenales nucleares, la razón por la que el también llamado reloj del apocalipsis se dio a conocer por primera vez en 1947.
“Cada día que pasa exponemos a la humanidad al riesgo de una guerra capaz de acabar con el mundo en una tarde”, afirma Melissa Parke (Bunbury, Australia, 60 años), directora ejecutiva de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés). La asociación, una coalición de más de 700 ONG, obtuvo el Nobel de la Paz en 2017 por impulsar la aprobación en la ONU del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Sin embargo, los nueve Estados que poseen armas nucleares —EE UU, Rusia, China, Reino Unido, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel (aunque este último no lo confirma ni lo niega)— no se han sumado al acuerdo. Tampoco lo han hecho España ni el resto de miembros de la OTAN.
“Nadie sobreviviría una guerra nuclear. Es un suicidio”, responde a las voces que exigen que Europa vaya más allá en el rearme y consolide su propio arsenal atómico. En una entrevista en Madrid, Clarke analiza las idas y venidas de Donald Trump, las amenazas del Kremlin, los peligros que entraña el uso bélico de la inteligencia artificial y los conflictos en Europa y Oriente Próximo, una región a la que ha dedicado más de una década de su trayectoria profesional.
Pregunta. ¿Qué factores nos están empujando hacia una catástrofe nuclear?
Respuesta. El riesgo de una guerra nuclear nunca ha sido tan alto como ahora. Tenemos dos grandes conflictos iniciados por países con armas nucleares: Rusia, y Estados Unidos e Israel. Hay un colapso absoluto de los acuerdos de control de armas. Hay amenazas nucleares, una nueva carrera armamentista en marcha y, además, escuchamos una retórica muy preocupante por parte de los líderes europeos que, pese a afirmar su compromiso con el Tratado de No Proliferación, están hablando de rearme nuclear.
Estuve en la Conferencia de Seguridad de Múnich y escuché al presidente Pedro Sánchez pronunciar un discurso brillante. Rodeado de halcones militaristas se opuso al rearme nuclear, lo calificó de error histórico, y cuestionó la lógica de la disuasión nuclear. Dijo que un sistema que exige riesgo cero y errores cero para evitar la destrucción total no es una garantía, sino una apuesta. Es cierto. Si hemos evitado una guerra nuclear es por suerte, pero no podemos confiar en que esa suerte dure para siempre. Como dice el secretario general de la ONU [António Guterres], cuando se trata de armas nucleares, la suerte no es una estrategia.
A pesar de las palabras de Sánchez, las políticas de España no han estado a la altura de esos discursos y siguen vinculadas al paraguas nuclear de la OTAN. Pero eso no es inherente a la pertenencia a la Alianza, es una decisión política. Lo que pedimos es que actúe de acuerdo a sus principios. La actual política de la OTAN me parece contraproducente. Está empujando a Europa hacia la guerra en lugar de alejarla de ella.
P. ¿Qué riesgos entraña la integración de la inteligencia artificial en los arsenales nucleares?
R. La IA se está incorporando cada vez más a los sistemas de armas nucleares, algo absolutamente aterrador. Hace unos meses, Estados Unidos movilizó a su ejército a partir de un informe de inteligencia que afirmaba que un buque chino transportaba componentes nucleares destinados a Irán. En el último momento descubrieron que esa información procedía de una IA que estaba alucinando. Era una invención de una máquina. Así de fácil puede producirse una guerra nuclear.
El año pasado, las tensiones entre la India y Pakistán estuvieron a punto de convertirse en un conflicto nuclear a causa de vídeos deepfake generados por IA que mostraban a dirigentes diciendo cosas que nunca dijeron, además de campañas masivas de desinformación generadas por inteligencia artificial. Y hace apenas unos días, agentes de IA lograron infiltrarse en el sistema público de salud de Australia. Quienes están desarrollando la IA no tienen control sobre ella. Integrar estas tecnologías en las armas nucleares es una receta para el desastre.
P. ¿Esta carrera armamentista es inevitable o todavía es posible imponer controles?
R. El control de armas es necesario a corto plazo, pero tenemos que dejar de limitarnos a gestionarlas y avanzar hacia su eliminación. Lo vimos con el pacto New START [el último tratado nuclear entre Rusia y Estados Unidos, que expiró este año]: cuando desaparece la confianza y terminan los acuerdos, las armas nucleares siguen ahí. Cada día que pasa sin eliminarlas exponemos a la humanidad al riesgo de una guerra nuclear capaz de acabar con el mundo en una tarde.
Muchos creen que el peligro desapareció con el fin de la Guerra Fría. No fue así. Las armas son mucho más poderosas que entonces. De las 12.000 ojivas que existen, unas 4.000 permanecen en estado de alerta máxima, listas para ser lanzadas. Eso implica que los líderes políticos tendrían que reaccionar en minutos para comprobar si la información que reciben, quizá generada por IA, es correcta. Una catástrofe por un error de cálculo puede producirse en cualquier momento.
P. El conflicto en Oriente Próximo reavivó los temores respecto al programa atómico de Irán y el arsenal nuclear de Israel. ¿Considera real el riesgo de que se utilicen armas nucleares?
R. Tanto en Ucrania como en Irán las armas nucleares han sido estratégicamente irrelevantes. No han evitado las guerras ni impedido que Ucrania e Irán respondan a los ataques. Pero han aumentado enormemente el riesgo de cualquier error de cálculo.
Israel tiene armas nucleares. Es el único país de Oriente Próximo que las posee. Resulta irónico que Estados Unidos e Israel, que tienen armas nucleares, hayan atacado a un país que no las tiene alegando la existencia de un supuesto programa atómico, cuando las agencias de inteligencia estadounidenses y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) han señalado que Irán no dispone de ellas.
Si la preocupación es la proliferación, la atención debería dirigirse al país que sí posee armas nucleares y que no está sometido a inspecciones internacionales: Israel. Da la impresión de que estas armas les proporcionan una sensación de impunidad ante el derecho internacional. Y eso tampoco es aceptable.
P. ¿Cree que las próximas elecciones en Israel influyan en el conflicto?
R. Lamentablemente, incluso si Benjamín Netanyahu dejase el poder, hay muchos otros que continuarían con las mismas políticas. Netanyahu debería comparecer ante La Haya por las acusaciones de crímenes de guerra, pero no veo candidatos con posibilidades reales de ganar que estén dispuestos a cambiar el rumbo. El país con mayor capacidad de influencia sobre Israel es Estados Unidos. Si quisiera, podría detener lo que está ocurriendo. No lo ha hecho.
P. Trump aseguró hace unos días que no recurrirá a las armas nucleares contra Irán. ¿Qué opina?
R. En la Asamblea de la ONU formuló explícitamente una amenaza nuclear contra Irán. Dijo que podían “aniquilarlos” rápidamente. También afirmó algo similar este año, cuando publicó un mensaje diciendo que “una civilización entera morirá esta noche”. Sin embargo, parece que está convencido de lo que él llama la “desnuclearización” y la necesidad de dialogar con Rusia y China. También parece convencido de que las armas nucleares son demasiado peligrosas y un gasto innecesario. Al mismo tiempo, lo que dice no se corresponde con lo que hace. Estados Unidos sigue a toda máquina con la ampliación y modernización de su arsenal nuclear.
P. Mientras el Kremlin sube el tono de sus amenazas y Estados Unidos parece un aliado cada vez menos fiable, muchos países europeos sostienen que la disuasión nuclear es la única alternativa. ¿Qué les respondería?
R. Les diría que serían los primeros en desaparecer en una guerra nuclear. Nadie sobreviviría una guerra nuclear. No es una medida defensiva, es un suicidio. Es como vivir en una casa construida con dinamita. Nunca sabes cuándo va a explotar.
P. ¿Qué se puede hacer ante países con programas nucleares opacos, como Israel, Corea del Norte o China?
R. Durante el punto álgido de la Guerra Fría existían unas 70.000 armas nucleares. Tras los acuerdos entre Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan, esa cifra se redujo hasta llegar a unas 12.000 en la actualidad. Eso demuestra que sabemos cómo hacerlo, de forma verificable y con plazos definidos.
De todos los grandes desafíos globales que afrontamos, este probablemente sea el menos complejo. Es cuestión de voluntad política y liderazgo. Probablemente, lo que haría falta sería un acuerdo multilateral para reducir los arsenales, supervisado por un organismo independiente como el OIEA. Por supuesto, países como Israel y Corea del Norte tendrían que recibir garantías que les aseguren que su existencia no está amenazada. Eso se puede lograr.
P. Usted dirige una organización galardonada con el Nobel. ¿Qué opina de la presión de Trump para recibirlo?
R. Trump ha hecho varias guerras, así que creo que está muy lejos de merecerlo. Si tomara la iniciativa de acabar con las armas nucleares, eso sí sería digno de un Nobel. Debería pensarlo.
