La nación de Brasil parece depender excesivamente de las pantallas. La epidemia generalizada es particularmente intensa en esta nación tropical, que lidera el mundo en el uso diario de teléfonos celulares y WhatsApp. Un estudio reciente de la plataforma Cint encontró que los brasileños pasan aproximadamente 116 horas por semana en línea. La importancia de la campaña electoral en las redes sociales es comparable o incluso mayor que la de los eventos callejeros convencionales y las reuniones masivas visualmente atractivas. Tras la agitación electoral del domingo, donde la extrema derecha triunfó y Flávio Bolsonaro superó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la izquierda contempla su derrota y reflexiona sobre un nuevo enfoque para la próxima segunda vuelta el 25 de octubre. La iniciativa de las redes sociales no alcanzó sus objetivos. Uno de los hallazgos iniciales es que. Investigaciones adicionales
Brasil es un país adicto a las pantallas. La epidemia que recorre el mundo es especialmente intensa en este país tropical, campeón en horas diarias de celular y uso de WhatsApp. Los brasileños pasan unas 116 horas a la semana conectados a internet, según un estudio reciente de la plataforma Cint. La campaña electoral en las redes es tan importante o más que los tradicionales actos callejeros y los fotogénicos baños de masas. Tras la resaca electoral del domingo, en que la ultraderecha arrasó y Flávio Bolsonaro sobrepasó en votos al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la izquierda se lame las heridas pensando en cómo reorientar la estrategia de cara a la segunda vuelta del 25 de octubre. La campaña en las redes ha fallado. Es una de las primeras conclusiones.
Lula publicó este miércoles unos stories con el móvil en modo selfie y elevando el tono de voz, algo muy poco habitual en su pose casi siempre institucional y vigilada con lupa por su fotógrafo oficial, Ricardo Stuckert. Fue su primera aparición pública desde la noche electoral y tras dos días de reuniones con su equipo de campaña. Detalle: el presidente brasileño no tiene móvil. Se comunica con el mundo a través de asesores y personas de confianza. En una de sus primeras declaraciones tras su decepcionante resultado en la primera vuelta, aún decía que tendría que haber dado más entrevistas en la radio.
Lo explicaba convencida y algo enfadada por comprobar que el tiempo le ha dado la razón Ana Elisa Santos Silva, de 21 años, de Minas Gerais, conocida por su contenido progresista en redes. Acaba de ser elegida diputada del Partido de los Trabajadores (PT), el de Lula, con más de medio millón de votos. En su video de agradecimiento a sus seguidores-votantes, dejaba un aviso a navegantes para la izquierda: “¿Sabéis lo que tienen en común los diez diputados más votados de Brasil? Las redes sociales. Esas personas no son analógicas (…) yo podría haber hecho mucho más si no hubiese perdido tiempo explicando a mi propio campo que las redes sociales eligen diputados”, decía.
En el Gobierno tomaron nota de su advertencia (quizá demasiado tarde) y la convocaron de urgencia a Brasilia para las reuniones que definirán cómo debe ser la nueva campaña. Menos preocuparse con hacer mítines aquí o allá, y más inversión en videos rápidos, mensajes cortos y directos que puedan viralizarse. La izquierda aún patina en una asignatura que la extrema derecha domina a la perfección, con la ayuda extra del viento de los algoritmos siempre soplando a favor.
Otro diputado del PT que se desespera con la ineficiencia de sus propios colegas es André Janones. Sus videos apuestan por el espectáculo y casi siempre empiezan con su rostro alterado, la vena marcada en la frente y un “¡urgente!”, aunque el mensaje no sea tan trascendental. Ya en las elecciones de hace cuatro años advertía que la izquierda había perdido la capacidad de comunicarse con el povão, el pueblo llano, y esta vez ha decidido arremangarse y crear el “Ejército de Lula”.
Después de la segunda vuelta, en apenas dos días consiguió reclutar a un millón de voluntarios para diseminar mensajes de campaña en internet. Son los “soldados”, que en grupos de WhatsApp reciben videos, memes, fotos y todo tipo de contenido pensando en función de la agenda del momento. Uno de los últimos llamamientos urgentes de Janones era un aviso de que diputados de la extrema derecha estaban intentando derribar su cuenta.
Rick Azevedo, otro joven progresista recién elegido diputado por el PSOL (un partido minoritario a la izquierda del PT de Lula) también da señales de por dónde pueden ir los tiros. Últimamente, se ha especializado en perseguir por aeropuertos u hoteles a los políticos rivales que se encuentra en su camino y exponerlos al preguntarles por su postura ante la reducción de la jornada laboral, una propuesta que él consiguió colocar en la agenda nacional. Lo que en Brasil denominan el fin de la escala 6×1. En general, predomina la idea de que hay que pasar a la acción.
Los tirones de orejas de los diputados influenciadores a la anquilosada cúpula del PT y su equipo de comunicación parecen haber surtido algún efecto, al menos momentáneo.
La esposa de Lula, Janja da Silva, suele ser la que hace de puente del veterano político con el lenguaje y las problemáticas del siglo XXI. Ella también subió el tono en sus publicaciones, con videos recordando las escenas de personas hambrientas haciendo fila para recoger huesos y restos de carne durante el Gobierno de Bolsonaro padre o de niños empuñando armas durante las celebraciones por la victoria de Flávio Bolsonaro.
Todo apunta a que la nueva campaña que ahora empieza lo apostará todo al miedo. Muchos aliados también claman al cielo para que Lula deje de hablar de soberanía, salvaguardar la democracia o explotar los minerales críticos. Mientras tanto, Flávio publicaba exitosos videos en los supermercados, escandalizado con el precio del arroz o con el tamaño cada vez menor de los rollos de papel higiénico.
Lula quedó 2,3 millones de votos por detrás del hijo del expresidente Bolsonaro. La remontada es muy difícil, porque el candidato ultra ahora recibirá gran parte de los votos que tuvieron los candidatos de la derecha derrotados. Para el presidente, la clave es, sobre todo, movilizar a quienes se abstuvieron, más de 33 millones de brasileños. Un segmento importante es el de los mayores, en general más inclinados por Lula y su partido.
Los mayores de 70 años, 17 millones de brasileños, no están obligados a votar, pero estos días, videos como los de la veterana cantante Alcione les piden que no se olviden de las urnas. Para movilizar a los jóvenes, Lula cuenta con el apoyo de los ‘fandoms’ de las estrellas del pop. Los clubes de fans de Taylor Swift, Beyoncé, Lady Gaga, Blackpink o BTS, acostumbrados a misiones colectivas para colocar canciones en el número uno o transformar un hashtag en trending topic mundial pusieron a su disposición sus cuentas para el equipo de campaña del presidente.
