Kenneth Pomeranz, historiador de la Universidad de Yale, acuñó en 2000 la expresión «la gran divergencia» para explicar cómo, a partir del año 1000 más o menos, las economías china y europea toman caminos muy diferentes.. La primera se queda atrás y la segunda avanza con una rapidez inusitada, algo que se acelera de forma exponencial a partir de la revolución industrial iniciada en el siglo XVIII en Inglaterra. Muchos años después, ya avanzado el siglo XXI, la pujanza china rivaliza con la prosperidad europea. La historia no se repite al revés, pero el país asiático es ahora, salvo en los derechos sociales y democráticos, una especie de punta de lanza hacia el futuro.. Lo que ocurre en China es decisivo; incluso un pequeño y, en teoría, anecdótico comentario de Mbappé, el jugador del Real Madrid. No gustó a los jerarcas de Pekín que lidera Xi Jinping, y la televisión de aquel país anunció que dejaría de retransmitir partidos de la liga española, por cuyos derechos paga cientos de millones de euros. Javier Tebas, presidente de la Liga, y el propio Mbappé corrieron a pedir disculpas, porque el agujero, no solo económico, que puede provocar la defección china sería enorme.. El gigante asiático hace tiempo que es una superpotencia, como durante cientos de años, y todo indica que cada vez lo será más. La gran pregunta, que ahora quizá tenga explicación, es por qué quedó rezagado con respecto, sobre todo, a Europa.. El premio Nobel de Economía 2025, Joel Mokyr, junto con los economistas Avner Greif y Guido Tabellini, ha encontrado una respuesta inesperada y convincente para explicar «la gran divergencia» Europa-China. Todo está en el libro Dos caminos hacia la prosperidad: cultura e instituciones en Europa y China entre los años 1000 y 2000, que acaba de ser publicado en castellano por Deusto. Parte del hecho de que, «hacia finales del primer milenio, China llevaba la delantera a Europa en muchos aspectos».. La China de la dinastía Song (960-1127) estaba mucho más poblada que el continente europeo y eso se reflejaba en la productividad agrícola. Utilizaba técnicas avanzadas, como «el uso de nuevas variedades de arroz, sistemas de riegos, cultivo en terrazas, rotación de cultivos y uso de fertilizantes». Además, «la ventaja de China sobre Europa en cuanto a logros tecnológicos y científicos no se limitaba a la agricultura, la brújula, la pólvora y la imprenta», que Francis Bacon (1561-1626) calificó como «»os principales inventos del milenio».. En la época Song, los astrónomos chinos hicieron contribuciones importantes al conocimiento y la medicina se perfeccionó. También entonces, los barcos asiáticos navegaban hasta la India y África oriental. El comercio exterior era una fuente importante de ingresos y el Estado emitió papel moneda. Mientras, la Europa medieval estaba muy a la zaga de China y también del mundo islámico.. ¿Qué fue entonces lo que permitió que todo cambiara a partir de mediados del siglo XVIII? Mokyr, Greif y Tabellini explican que, aunque muchos rechacen aceptarlo, la Iglesia tuvo un papel decisivo en este distanciamiento y en el gigantesco paso adelante de Europa.. Joseph Henrich lo llamó en 2022 la «genialidad accidental» de la Iglesia medieval, que desmanteló las instituciones basadas en el parentesco y, de esa manera, lenta pero inexorable, disolvió la naturaleza tribal de Europa y la sustituyó por organizaciones de personas no emparentadas.. La clave esencial está en la prohibición de la Iglesia, respetada durante siglos, de los matrimonios entre parientes cercanos. «Afectó –dicen Mokyr, Greif y Tabellini– a las interacciones sociales en todos los ámbitos, desde la economía a la política, la ciencia y la innovación. Fue un ejemplo trascendental de consecuencias imprevistas que cambiaron el curso de la historia». A partir de entonces, mientras «el clan chino se convirtió cada vez más en la principal unidad social a través de la que se organizaba la cooperación entre familias, la Europa medieval evolucionó en sentido contrario».. Fue el éxito de la «familia nuclear» reducida europea frente a la «familia extensa» –el clan– china, y los efectos psicológicos de unas y otras. Las primeras generaron «mercados locales, basados en redes familiares personales, con un alcance limitado más allá de su ubicación». Las «familias nucleares», por el contrario, dieron origen a «mercados impersonales, en los que las personas comercian en condiciones de igualdad y los contratos están regidos por terceras partes y normas formales». Hay más detalles, pero eso explica por qué la revolución industrial surgió en su día en Europa y no en China. Ahora, el país asiático desde su totalitarismo milenaria pretende superar «la gran divergencia» de la que hablaba Pomeranz.
Kenneth Pomeranz, historiador de la Universidad de Yale, acuñó en 2000 la expresión «la gran divergencia» para explicar cómo, a partir del año 1000 más o menos, las economías china y europea toman caminos muy diferentes.. La primera se queda atrás y la segunda avanza con una rapidez inusitada, algo que se acelera de forma exponencial a partir de la revolución industrial iniciada en el siglo XVIII en Inglaterra. Muchos años después, ya avanzado el siglo XXI, la pujanza china rivaliza con la prosperidad europea. La historia no se repite al revés, pero el país asiático es ahora, salvo en los derechos sociales y democráticos, una especie de punta de lanza hacia el futuro.. Lo que ocurre en China es decisivo; incluso un pequeño y, en teoría, anecdótico comentario de Mbappé, el jugador del Real Madrid. No gustó a los jerarcas de Pekín que lidera Xi Jinping, y la televisión de aquel país anunció que dejaría de retransmitir partidos de la liga española, por cuyos derechos paga cientos de millones de euros. Javier Tebas, presidente de la Liga, y el propio Mbappé corrieron a pedir disculpas, porque el agujero, no solo económico, que puede provocar la defección china sería enorme.. El gigante asiático hace tiempo que es una superpotencia, como durante cientos de años, y todo indica que cada vez lo será más. La gran pregunta, que ahora quizá tenga explicación, es por qué quedó rezagado con respecto, sobre todo, a Europa.. El premio Nobel de Economía 2025, Joel Mokyr, junto con los economistas Avner Greif y Guido Tabellini, ha encontrado una respuesta inesperada y convincente para explicar «la gran divergencia» Europa-China. Todo está en el libro Dos caminos hacia la prosperidad: cultura e instituciones en Europa y China entre los años 1000 y 2000, que acaba de ser publicado en castellano por Deusto. Parte del hecho de que, «hacia finales del primer milenio, China llevaba la delantera a Europa en muchos aspectos».. La China de la dinastía Song (960-1127) estaba mucho más poblada que el continente europeo y eso se reflejaba en la productividad agrícola. Utilizaba técnicas avanzadas, como «el uso de nuevas variedades de arroz, sistemas de riegos, cultivo en terrazas, rotación de cultivos y uso de fertilizantes». Además, «la ventaja de China sobre Europa en cuanto a logros tecnológicos y científicos no se limitaba a la agricultura, la brújula, la pólvora y la imprenta», que Francis Bacon (1561-1626) calificó como «»os principales inventos del milenio».. En la época Song, los astrónomos chinos hicieron contribuciones importantes al conocimiento y la medicina se perfeccionó. También entonces, los barcos asiáticos navegaban hasta la India y África oriental. El comercio exterior era una fuente importante de ingresos y el Estado emitió papel moneda. Mientras, la Europa medieval estaba muy a la zaga de China y también del mundo islámico.. ¿Qué fue entonces lo que permitió que todo cambiara a partir de mediados del siglo XVIII? Mokyr, Greif y Tabellini explican que, aunque muchos rechacen aceptarlo, la Iglesia tuvo un papel decisivo en este distanciamiento y en el gigantesco paso adelante de Europa.. Joseph Henrich lo llamó en 2022 la «genialidad accidental» de la Iglesia medieval, que desmanteló las instituciones basadas en el parentesco y, de esa manera, lenta pero inexorable, disolvió la naturaleza tribal de Europa y la sustituyó por organizaciones de personas no emparentadas.. La clave esencial está en la prohibición de la Iglesia, respetada durante siglos, de los matrimonios entre parientes cercanos. «Afectó –dicen Mokyr, Greif y Tabellini– a las interacciones sociales en todos los ámbitos, desde la economía a la política, la ciencia y la innovación. Fue un ejemplo trascendental de consecuencias imprevistas que cambiaron el curso de la historia». A partir de entonces, mientras «el clan chino se convirtió cada vez más en la principal unidad social a través de la que se organizaba la cooperación entre familias, la Europa medieval evolucionó en sentido contrario».. Fue el éxito de la «familia nuclear» reducida europea frente a la «familia extensa» –el clan– china, y los efectos psicológicos de unas y otras. Las primeras generaron «mercados locales, basados en redes familiares personales, con un alcance limitado más allá de su ubicación». Las «familias nucleares», por el contrario, dieron origen a «mercados impersonales, en los que las personas comercian en condiciones de igualdad y los contratos están regidos por terceras partes y normas formales». Hay más detalles, pero eso explica por qué la revolución industrial surgió en su día en Europa y no en China. Ahora, el país asiático desde su totalitarismo milenaria pretende superar «la gran divergencia» de la que hablaba Pomeranz.
