Este domingo, casi 160 millones de brasileños emitirán sus votos para determinar quién será el presidente para el próximo mandato de cuatro años. En la siguiente fase, competirá contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien aspira a su cuarto mandato, y el senador de extrema derecha Flávio Bolsonaro. Esta mañana, cada candidato ejerció su derecho de voto. Como descendiente del ex presidente Jair Bolsonaro, declaró que «ha llegado el momento de la transformación, Brasil ya no puede soportarlo». Por otro lado, Lula criticó a su rival, describiéndolo como «un individuo desprovisto de principios morales».
El candidato ultraderechista plantea que “llegó la hora del cambio, Brasil no aguanta más”


Casi 160 millones de brasileños están llamados a votar este domingo para definir al presidente por los próximos cuatro años. La segunda vuelta enfrenta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a un cuarto mandato, y al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro. Ambos candidatos emitieron su voto esta mañana. El hijo del expresidente Jair Bolsonaro dijo que “llegó la hora del cambio, Brasil no aguanta más”, mientras Lula tachó a su adversario de ser “alguien sin moral”.
Apenas 20 minutos después de que abrieran los colegios electorales, a las 8, Flávio Bolsonaro fue a votar en Río de Janeiro, acompañado por su esposa. “La vida de todos empeoró. La esperanza se convirtió en miedo: miedo de caminar por la calle de noche, miedo a la nevera vacía, a no pagar las cuentas”. El candidato del Partido Liberal llamó a los brasileños a participar de la elección: “Pido que, llueva o haga sol, salgan de casa para votar”, dijo.
En la ciudad de São Bernardo do Campo, en el estado de São Paulo, Lula se presentó a votar una hora más tarde, también acompañado por su esposa. “Jamás imaginé que iba a disputar una elección con alguien sin moral, que miente, se lo educó para mentir. Sé que los brasileños no van a votar a un parapolicial”, aseguró sobre su adversario en la segunda vuelta electoral.
La elección de este domingo será crucial más allá de Brasil: el resultado tendrá eco en todo un continente que lleva años girando a la derecha, alentado por Donald Trump. Tras la inesperada victoria de Bolsonaro en la primera vuelta, con el 47% de los votos frente al 45% de Lula, las encuestas auguran un empate técnico.
Casi 159 millones de brasileños están llamados a las urnas este domingo para decidir a su próximo presidente en lo que podría ser la elección más ajustada en la historia del país más poblado de América Latina. En la primera vuelta, el 4 de octubre, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro se impuso con un 47% de los votos válidos (56,1 millones) por un 45% de Lula (53,9 millones), quien calificó el resultado como inesperado. Desde entonces, ambos candidatos han emprendido una intensa campaña tanto en redes sociales como en mitines multitudinarios en las calles con la mira puesta en el domingo 25 de octubre.
A doña Célia ya le cuesta hablar. Pero a sus 80 años ahí sigue, al pie del cañón, como desde hace medio siglo, regentando el pequeño bar y la tiendecita con camisetas y otros recuerdos en el vestíbulo del edificio que acoge la sede del Sindicato de Metalúrgicos del gran São Paulo. “Lula, donde empezó todo”, reza uno de los carteles. Aquí, en São Bernardo do Campo, una de las ciudades satélite de la megalópolis paulista —más de 21 millones de habitantes—, empezó todo, efectivamente: la leyenda del niño que llegó a limpiar botas por las calles, luego fue obrero metalúrgico y líder sindical, y al final del camino, presidente de uno de los países más desiguales del planeta.
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Brasileños de izquierdas y de derechas se han movilizado de manera masiva en las últimas tres semanas en mítines y en redes sociales en busca de esos votos que van a decidir las elecciones presidenciales más reñidas de sus vidas, sean adolescentes o ancianos. Casi 160 millones de electores están convocados este domingo a decidir entre dos modelos radicalmente opuestos. Elegir al senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, heredero de un golpista y de una dinastía ultra que fagocitó a la derecha clásica, implica convertirlo en el presidente más poderoso de las últimas décadas porque dirigiría el Gobierno federal, controla el Congreso con una mayoría récord y moldeará el Tribunal Supremo. Hacer realidad la remontada de la izquierda y conceder un cuarto mandato al presidente, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, significa mantener el rumbo político y económico, apostar en estos tiempos tan convulsos por un mundo con reglas y por un líder de credenciales democráticas contrastadas. La decisión de los brasileños reverberará en todo el continente, en el progresismo mundial y en el Sur Global.
Bolsonaro carga contra Lula: «Promete mucho y no cumple nada»
“Infelizmente, el actual Gobierno promete mucho y no cumple nada”, dijo el senador ultraderechista y candidato presidencial Flávio Bolsonaro, este sábado, antes del cierre de su campaña para la segunda vuelta electoral.
El candidato del Partido Liberal (PL) encabezó una multitudinaria caminata en el barrio de Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, que culminó en la urbanización donde vivía su padre, hoy detenido por intentar un golpe de Estado en 2022. Antes, participó de una marcha con motociclistas en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais.
“Brasil ya no está dividido entre izquierda y derecha; todos están del mismo lado, que es el lado del cambio”, dijo Bolsonaro, en un video compartido en sus redes sociales. “Y Brasil se cansó de esperar porque lo que se vendió como esperanza, ¿se convirtió en qué? Se convirtió en miedo, desilusión, en récord de mujeres asesinadas, en récord de obras inacabadas”, aseguró.

Patria amada, Brasil
Suena el himno nacional en la orilla de la playa de Barra de Tijuca y miles de personas alzan sus celulares o se llevan la mano al corazón mientras cantan. Acaba de aparecer Flávio Bolsonaro en el camión que liderará la marcha junto al diputado Nikolas Ferreira, el influencer que está dando combustible a la estrategia digital de Bolsonaro. La mayoría de las canciones, carteles y posiciones no son, sin embargo, a favor de Bolsonaro, sino en contra de Lula.

Jair Bolsonaro, presente
La marcha convocada por Flávio Bolsonaro en Barra de Tijuca (Río de Janeiro) está a reventar de simpatizantes con sus camisetas de la selección brasileña. Mientras Lula eligió la playa de Copacabana para su penúltima demostración de fuerza antes de la votación —un barrio de alta renta en el que su candidatura ganó— Bolsonaro ha elegido Barra de Tijuca, un barrio más nuevo al que han ido mudándose la emergente clase media-alta, o nuevos ricos. Los manifestantes de un lado y de otro no pueden estar más distantes en algunos temas. Mientras la izquierda denuncia los abusos policiales en un momento en el que la letalidad policial alcanzó récords históricos, los bolsonaristas aplauden y jalean cada vez que ven un uniformado. Desde el camión de donde salen los ‘jingles’ de campaña, un retrato pasa de mano en mano: el de Jair Bolsonaro. El padre, el expresidente encarcelado en casa, el ausente siempre presente.

El amor en tiempos de polarización
Nicolas Verly tiene 16 años, vota por primera vez y quiere sacar a Lula. «Lula robó mucho a este país. No creo que Bolsonaro sea el más preparado de todos, pero Lula es el mal mayor», dice. A su lado está su novia, Manuela Correia, de 17 años, vestida como una más de verde y amarillo, los colores del bolsonarismo. Va de infiltrada. Ella votará a Lula. “Mi familia es toda bolsonarista y no quiero problemas», explica para evitar salir en la foto. Ella piensa muy distinto a su novio. «Flávio es ridículo y dice cosas ridículas. Y su padre también, con eso de que el error de la dictadura militar fue torturar y no matar. Nunca podría votar a alguien que atenta contra mis derechos como mujer». ¿Discuten? «Mucho, por esto. Pero el amor es más fuerte».
Un gigantesca multitud espera a Lula en São Paulo
Una impresionante multitud de decenas de miles de personas ha invadido la avenida Paulista, en el corazón de la primera ciudad del país, para arropar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a escasas horas de que comience la jornada electoral. La marea roja de seguidores del Partido de los Trabajadores (PT) espera la llegada del candidato a la reelección, que en principio tenía previsto estar aquí a las 16.00 hora de Brasilia, procedente de Río de Janeiro, donde ha celebrado otro multitudinario acto esta mañana.
Desde el mediodía, cientos de militantes ya empezaron a llegar a la esta arteria principal de São Paulo, sobre todo muchos grupos de jóvenes, que han entrenado la espera entre cánticos, bailes y discursos. Ahora mismo es casi imposible acceder a la Paulista desde las calles adyacentes, porque la muchedumbre la ha colapsado por completo.

Lula ya tiene ¡su primer celular! y abraza el videoselfie
Presidente de Brasil y candidato a la reelección, Lula acaba de estrenar el primer celular de su vida a los 80 años. Quién sabe si es un regalo de cumpleaños adelantado porque el martes 27 cumple los 81. Hasta ahora, el veterano político echaba mano de los teléfonos de sus colaboradores o de su esposa cuando necesitaba hacer una llamada. Ya no es un presidente analógico. En medio de la intensificación de la campaña de la izquierda para lograr una remontada, el presidente ya tiene un aparato con el que asomarse a ese universo bastante desconocido para él, pero crucial para ganar unas elecciones en el Brasil de 2026. Lula, que recibió el flamante aparato de manos del gobernador de Piauí, territorio del Partido de los Trabajadores, reveló que inmediatamente se incorporaba al ejército digital de Lula que ya suma 10 millones de internautas.
“El general Janones y yo, el mariscal Silva, vamos a encabezar esta derrota del enemigo”, dijo el izquierdista, comparando esta batalla con la resistencia vietnamita que venció a Estados Unidos. Tras quedar por detrás de Bolsonaro en primera vuelta, Lula también abrazó los videoselfies.

Lula arrastra a una multitud en Copacabana y confía en que Brasil no coloque “un miliciano” en el Palacio del Planalto
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva protagonizó su penúltimo acto de campaña en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, donde arrastró a una multitud en clima festivo, casi eufórico, bajo un sol abrasador. «No creo que el pueblo brasileño vaya a colocar a un miliciano en el Palacio del Planalto», confió en un breve discurso.
El ambiente general es de optimismo: la mayoría confía en que hay una remontada épica en curso y que el domingo el veterano líder de la izquierda derrotará por segunda vez a la extrema derecha. Entre los miles de asistentes, muchas familias y jóvenes y carteles alusivos a las mentiras de Flávio Bolsonaro en el debate que se celebró en la víspera. Música a todo volumen, diputados bailando en lo alto de los tríos elétricos (los enormes camiones forrados de altavoces) y codazos y pisotones para ver de cerca al presidente. En pocas horas Lula cambiará los cocoteros de Copacabana por el asfalto de la Avenida Paulista, en São Paulo, para el cierre definitivo de la campaña.
Los candidatos apuran la campaña con actos
La expectación es máxima porque el senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80, están empatados en las encuestas. Ninguno consiguió un jaque mate en el debate de anoche ni cometió un error grave. Los casi 159 millones de electores convocados este domingo a las urnas electrónicas tienen la palabra.
Este sábado, ambos apuran las últimas horas de la campaña con dos actos públicos cada uno en dos ciudades. Lula está en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, y después volará a São Paulo para participar en otro acto en la avenida Paulista. Bolsonaro ha empezado la jornada en Belo Horizonte, el tercer estado con más electores y espejo tradicional del resultado nacional, y después viajará a Río de Janeiro para participar en un acto frente al chalé familiar, en Barra de Tijuca.
En Brasil no existe el equivalente a la jornada de reflexión. Los presidenciables pueden participar en actos públicos, pero no pedir el voto.
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