Les Luthiers, tan surrealistas como incomparables, alumbraron la descacharrante «Cantata del adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras», que descubrió América en 1491; de ahí lo de «adelantado». El anticonquistador por excelencia también «fundó Caracas, en el mismo centro de Caracas, ¡que ya estaba fundada! y él no lo vio». Óscar Puente, el ministro de los trenes, tras el Consejo de Ministros decidió no dimitir, pero luego en el Congreso optó por marcharse entre puyas a la oposición del PP. Casi al mismo tiempo, unos para desviar la atención y otros para arrimar el ascua a su sardina, emergía sin complejos algo así como un «chavismo cañí» que enarbolaba la bandera de las nacionalizaciones y de la demonización de todo lo que suene a liberal.. Sindicalistas, Ada Colau, Irene Montero, pero sobre todo ideólogos y asesores de Sánchez, proponían nacionalizar –de distintas maneras– el sector ferroviario, sin dar cuenta o sin ver, como si fueran el personaje de Les Luthiers, que todo eso ya está nacionalizado. Surrealismo, ignorancia o mala fe. ¿Quién sabe? Resuena al fondo aquel exabrupto chavista, visto una y mil veces, cuando Chávez, «en el mismo centro de Caracas», dijo aquello de «exprópiese». La tragedia ferroviaria de la semana pasada –69 muertos nos contemplan– no tiene nada que ver con la liberalización, ni una nacionalización imposible –¿cómo nacionalizar lo que está nacionalizado?– hubiera evitado nada o garantizaría más seguridad en el futuro. Judith Arnal, investigadora de Fedea y consejera del Banco de España, lo ha explicado. Solo hay que querer entenderlo: [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/economia/espana-privatizado-ferrocarril-judith-arnal-economista-explica-diferencias-liberalizar-privatizar-tren-p7m_202611036ae99bacb55c427e2ebd1856.html|||«Liberalizar no es privatizar»]]. Introducir la competencia, que ha dado más servicio y reducido los precios, tampoco es privatizar. Los que reclaman ahora «la nacionalización del ferrocarril en España porque la privatización no ha funcionado», una de dos: o son ignorantes absolutos, algo que da pánico si susurran o han susurrado al presidente del Gobierno, o mienten y tienen mala fe y buscan confundir a los ciudadanos, quizá para recuperar resuello electoral. Toda una mezcla de chavismo cañí y un surrealismo que, en este caso, no tiene ninguna gracia, a diferencia del de Les Luthiers.
Les Luthiers, tan surrealistas como incomparables, alumbraron la descacharrante «Cantata del adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras», que descubrió América en 1491; de ahí lo de «adelantado». El anticonquistador por excelencia también «fundó Caracas, en el mismo centro de Caracas, ¡que ya estaba fundada! y él no lo vio». Óscar Puente, el ministro de los trenes, tras el Consejo de Ministros decidió no dimitir, pero luego en el Congreso optó por marcharse entre puyas a la oposición del PP. Casi al mismo tiempo, unos para desviar la atención y otros para arrimar el ascua a su sardina, emergía sin complejos algo así como un «chavismo cañí» que enarbolaba la bandera de las nacionalizaciones y de la demonización de todo lo que suene a liberal.. Sindicalistas, Ada Colau, Irene Montero, pero sobre todo ideólogos y asesores de Sánchez, proponían nacionalizar –de distintas maneras– el sector ferroviario, sin dar cuenta o sin ver, como si fueran el personaje de Les Luthiers, que todo eso ya está nacionalizado. Surrealismo, ignorancia o mala fe. ¿Quién sabe? Resuena al fondo aquel exabrupto chavista, visto una y mil veces, cuando Chávez, «en el mismo centro de Caracas», dijo aquello de «exprópiese». La tragedia ferroviaria de la semana pasada –69 muertos nos contemplan– no tiene nada que ver con la liberalización, ni una nacionalización imposible –¿cómo nacionalizar lo que está nacionalizado?– hubiera evitado nada o garantizaría más seguridad en el futuro. Judith Arnal, investigadora de Fedea y consejera del Banco de España, lo ha explicado. Solo hay que querer entenderlo: «Liberalizar no es privatizar». Introducir la competencia, que ha dado más servicio y reducido los precios, tampoco es privatizar. Los que reclaman ahora «la nacionalización del ferrocarril en España porque la privatización no ha funcionado», una de dos: o son ignorantes absolutos, algo que da pánico si susurran o han susurrado al presidente del Gobierno, o mienten y tienen mala fe y buscan confundir a los ciudadanos, quizá para recuperar resuello electoral. Toda una mezcla de chavismo cañí y un surrealismo que, en este caso, no tiene ninguna gracia, a diferencia del de Les Luthiers.
