El plan para Gaza del Gobierno de Benjamín Netanyahu sigue siendo la limpieza étnica, aunque no haya podido llevarla aún a cabo, según su ministro de Defensa, Israel Katz. Lo dijo el miércoles en una conferencia, en la que señaló que “no hay una solución real para Gaza sin esta migración”. El ministro empleó el eufemismo —migración voluntaria— con el que los políticos en Israel se refieren desde hace años a la expulsión de los palestinos. Pese a haber quedado relegada en el debate público, la propuesta “se debate constantemente”, con el Ejecutivo “organizado y preparado para sacarlos, por mar, por aire, por cualquier medio posible”.. Seguir leyendo
El plan para Gaza del Gobierno de Benjamín Netanyahu sigue siendo la limpieza étnica, aunque no haya podido llevarla aún a cabo, según su ministro de Defensa, Israel Katz. Lo dijo el miércoles en una conferencia, en la que señaló que “no hay una solución real para Gaza sin esta migración”. El ministro empleó el eufemismo —migración voluntaria— con el que los políticos en Israel se refieren desde hace años a la expulsión de los palestinos. Pese a haber quedado relegada en el debate público, la propuesta “se debate constantemente”, con el Ejecutivo “organizado y preparado para sacarlos, por mar, por aire, por cualquier medio posible”.
“Creo que, en última instancia, no hay otra solución para el bien de todos. Pero para que eso suceda, necesitamos a Estados Unidos, y ese momento llegará”, señaló Katz, del mismo partido del primer ministro Benjamín Netanyahu, Likud, y uno de los partidarios más notables de vaciar Gaza de palestinos.

Cada tantos meses, el ministro reitera su apoyo a su idea. Lo hizo sobre todo a principios de 2025, cuando Trump la apadrinó públicamente, llenando de ilusión a la ultraderecha israelí que la soñaba desde hace tiempo. El ministro llegó a poner un puerto y un aeropuerto a disposición del plan. Una oscura trama organizó vuelos al extranjero para sacar gazatíes.
Israel se movilizó entonces para convencer a sus aliados más débiles de albergar el mayor número posible de gazatíes, mientras Trump amenazaba incluso a Jordania y Egipto. La realidad, sin embargo, como admitió Katz en la conferencia, es que “no hay ningún país del mundo que los acoja”.
Tras convertir la Franja en un lugar devastado e invivible, el objetivo de Israel es vaciarla lo más posible de palestinos, promoviendo que salgan (y presentándolo como actos voluntarios de libertad individual) sin garantías de que se les permitirá regresar en un futuro. Una parte del Ejecutivo quiere además reconstruir allí los asentamientos judíos desmantelados hace dos décadas.
Es algo que, al menos sobre el papel, prohíbe tajantemente el acuerdo de alto el fuego firmado en octubre y promovido por Trump. El texto especifica que “nadie será forzado a abandonar Gaza” y que quienes decidan hacerlo tendrán la misma libertad para volver. Hasta se anima a la gente “a quedarse” para “construir una Gaza mejor”.
Esta marcha atrás de la Casa Blanca respecto a la limpieza étnica de Gaza y la falta de países a los que llevar a los palestinos han quitado fuelle en el debate público nacional y global a la “migración voluntaria”, que una mayoría de la sociedad israelí apoya, según los sondeos. Hamás, además, sigue al mando del 40% de Gaza en el que vive casi toda la población, algo más de dos millones de personas.
El acuerdo de tregua incluye diversas obligaciones que Israel viene incumpliendo (sin reproches públicos de EE UU o de la Junta de Paz que preside Trump). Y su futuro depende de una voluntad política, que en buena medida modelarán dos resultados electorales este 2026. En Israel, los comicios legislativos del próximo octubre determinarán la continuidad en el poder de la coalición de Netanyahu; y los de medio mandato en EE UU, en noviembre, van a ser clave para la supervivencia de la mayoría republicana en el Congreso. Trump, insistió Katz, “no ha cancelado” su plan de vaciar Gaza. Solo lo ha “suspendido”.
