Caminaba por el pasillo de la prisión custodiado por policías y esposado, de las muñecas y los tobillos. Lucía melena rubia hasta los hombros, tez pálida, ojos claros. A ambos lados se veían rostros oscuros, tatuados, medias sonrisas en los gestos, olor a sudor. El que exudaban los presos más peligrosos, que se asomaban a los barrotes de sus celdas para ver al recién ingresado. Una voz entre aquella oscuridad de cuerpos se abrió paso: “Bienvenida, Shakira, aquí te vamos a encontrar novio seguro”. Risas maliciosas del resto de los reclusos. El nuevo convicto no había pasado más miedo en su vida. Debía vivir los próximos cinco años en aquella cárcel.. Seguir leyendo
Caminaba por el pasillo de la prisión custodiado por policías y esposado, de las muñecas y los tobillos. Lucía melena rubia hasta los hombros, tez pálida, ojos claros. A ambos lados se veían rostros oscuros, tatuados, medias sonrisas en los gestos, olor a sudor. El que exudaban los presos más peligrosos, que se asomaban a los barrotes de sus celdas para ver al recién ingresado. Una voz entre aquella oscuridad de cuerpos se abrió paso: “Bienvenida, Shakira, aquí te vamos a encontrar novio seguro”. Risas maliciosas del resto de los reclusos. El nuevo convicto no había pasado más miedo en su vida. Debía vivir los próximos cinco años en aquella cárcel.. Hoy, a Ángel Francisco López ya no le identificarían con Shakira. Lleva el pelo corto, una perilla bien perfilada y, sobre todo, un rostro relajado impensable en aquel día. Su cuerpo luce tatuado, como demuestra la imagen de la portada de su libro, En el estómago de la bestia (Ed. Contra), donde cuenta su palpitante y por momentos terrible vida. López fue uno de los DJs decisivos de la escena barcelonesa durante los años noventa y principio de los 2000. Pinchaba y organizaba fiestas en los locales donde había que estar. Sus sesiones atraían a la modernez, al pijerío, a los indies, a los famosos (Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire se presentaron una noche en su local) y a los amantes de las aventuras musicales, del funk duro a la cumbia. Hasta que en 2008 se abrió una zanja a sus pies. Se vio envuelto en lo que él denomina una “trama siniestra” que le llevó a una condena de seis años y medio en una prisión de Panamá acusado de tráfico de drogas. Finalmente salió a los cinco años, mismo tiempo que pasó su pareja entre rejas, implicada junto a él. La hija de ambos, arrancada de los brazos de sus padres aquel día, tenía solo 18 meses cuando sus progenitores perdieron la libertad.. En 1996 posando en Estocolmo como cabecilla del grupo On. Imagen cedida por la editorial Contra.. López nació en Ciudad de México en 1963, pasó de los 17 a los 26 años en Canadá, adonde se trasladó con sus padres en busca de mejoras laborales, y finalmente se radicó en Barcelona, donde aterrizó seducido por la vida cultural catalana de finales de los ochenta. Lleva viviendo en la Ciudad Condal los últimos 37 años. “Sí, me considero un barcelonés, más que un catalán”, señala en una cafetería madrileña, ciudad a la que se ha trasladado para el encuentro con EL PAÍS.. La historia de Ángel Francisco López comienza en la capital mexicana. Con habilidades musicales desde pequeño y con madera de artista (imitaba a Raphael cuando era un crío), pronto se aficionó al rock: primero con Kiss, Deep Purple o Black Sabbath, y luego con Velvet Underground, Iggy Pop, David Bowie… Vio a The Clash en Canadá, y alucinó; en Toronto comenzó a montar grupos, como Bambi (que telonearon a Pink Floyd) u On (que abrió un concierto para Neil Young). Malcolm McLaren, visionario creador de los Sex Pistols, se enamoró de On y ejerció durante un tiempo de consejero creativo.. A principios de los noventa Lopez asistió en Estocolmo a un concierto de The Prodigy y, viendo la reacción exaltada del público, tuvo claro que la música electrónica iba a implantarse a nivel masivo. Ahí empezó su carrera de DJ con el nombre de Professor Angel Dust. Su especialidad: mezclar funk con música exótica, rock, electrónica y ritmos latinos. Cosechó un éxito que excedió de la escena de DJs locales al remezclar la versión de Santana de Oye Cómo Va. Incluso llegó a sonar en Los 40 Principales. Pero su lugar natural pertenecía al circuito de clubes de Barcelona, donde ejercía de irresistible reclamo con sus sesiones. Frecuentó Apolo, Moog, Dot, Moviedisco, Razzmatazz, La Sal, Global Chillage… En La Paloma montó sus efervescentes sesiones Bongo Lounge. También actuó en festivales como Sónar, Primavera Sound, Doctor Music o Festimad.. Otra imagen de Professor Angel Dust el pasado jueves en Madrid. MOEH ATITAR. Afirma que probó variedad de drogas, pero que nunca tuvo problemas de adicción. “Era moderado y nunca compré. Lo más duradero fueron los porros”, aduce. Hoy luce buen aspecto: delgado, con unas gafas de sol marrones, estiloso. Habla dulce y sonríe con frecuencia, a pesar de que lo que a veces cuenta sea pavoroso.. Una noche de 2008 y después de actuar en el club barcelonés Omm, un tipo “ataviado con un traje impecable y un Rolex de oro” le ofreció pinchar en una fiesta en Ciudad de Panamá, la capital del país centroamericano. Al principio no le convenció: el salario era el de siempre (1.000 euros) y él, en la cima de su carrera, debía cumplimentar compromisos por esas fechas. Pero luego lo habló con su pareja, Keni, y decidieron que una semana en aquel país con todos los gastos pagados podrían ser unas buenas vacaciones para ellos y su pequeña Sienna.. Professor Angel Dust en la cabina del Dot Light Club de Barcelona en los noventa.. Ya en Panamá, la actuación se empezó a retrasar. Pasaron seis días y debían volver a Barcelona. Entonces su contacto les citó en un piso, todo según la versión del DJ. Llegó con su pareja y con su hija. “Ya tenía claro que la sesión no se iba a celebrar, así que lo único que quería era cobrar al menos parte del dinero y dirigirnos al aeropuerto, porque nuestro vuelo salía a las pocas horas”, recuerda. Entonces, ocurrió algo totalmente inesperado. “Me empezaron a decir los nombres de mis padres, donde vivían, los hermanos que tenía y a qué se dedicaban. Sabían toda mi vida. Nos advirtieron de que si no seguíamos sus instrucciones habría consecuencias. El que más hablaba se desabotonó la americana para que viéramos el arma que guardaba en un costado del pantalón. Todo esto con mi hija allí. Fue un espanto”.. Y llegó la propuesta: debían transportar cocaína de Panamá a Barcelona. Allí, se la entregarían a alguien que se pondría en contacto con ellos. “Nos ordenaron desnudarnos detrás de un biombo y nos colocaron una faja con la droga pegada con papel film. Luego llamaron a un coche, que nos llevó directamente al aeropuerto”. Cuenta que se plantearon denunciarlo a la policía, pero la amenaza sobre sus familias les frenó. “Tampoco nos fiábamos de los policías de allí, con fama de corruptos. Nuestro objetivo era pasar el control del aeropuerto y denunciar la situación al personal de nuestra compañía aérea, KLM”. Les llegó el turno. La primera que pasó fue Keni. Un policía sospechó algo y la paró para registrar. Encontraron las bolsas adheridas a su cuerpo. López intentó hacer algo, pero se le echó encima la policía y encontraron la droga que llevaba escondida. Les detuvieron y se llevaron a la niña.. La condena se elevó a seis años y medio. López apenas aportó información, defiende, porque carecía de ella ya que los nombres de la gente que le contrató eran falsos. Solo intuye que procedían de “Nigeria”. Los padres y los hermanos de López se trasladaron inmediatamente a Panamá. “Empezaron a hacer averiguaciones en las partes oscuras de la ciudad, pero les aconsejaron que era mejor no hacer nada, porque iban a poner en peligro sus vidas y las nuestras”. Él ahora asume que exista gente que dude de su versión. “Pero yo no estoy aquí para que me crean o me juzguen. Si alguien averigua algo, que me lo comunique”, señala con tono tranquilo.. Los padres de él lograron la custodia de la niña, y se la llevaron a vivir con ellos a Barcelona. López pasó cinco años rodeado de “asesinos, narcos y ladrones”. En las penitenciarías que frecuentó asistió a apuñalamientos y peleas. También hizo amigos. Pensó en fugarse. “Pero luego dices: ‘Cómo lo hago y, si lo logro, luego qué, me escondo en Tailandia…”. Nada más entrar enfermó con el agua de allí y por las picaduras de diversos insectos. Tardaron en llevarle a la clínica dos semanas, que pasó con fiebre alta. “Esas primeras semanas fueron terribles. Pensé: ‘Si me muero casi mejor’. Pero mi hija me mantuvo vivo. Si no la llego a tener… No sé, me podría haber pasado como a muchos presos de allí, que caen en las drogas; la cocaína era baratísima. Pero mi instinto de supervivencia se impuso”. Escuchaba a Erik Satie con sus cascos y su iPod, que le dejaron quedarse. “Me reconfortaba aquella música. Me metía en mi búnker. Al mi lado otros presos estaban viendo porno, masturbándose con juguetes sexuales o drogándose. Yo cerraba los ojos y escuchaba a Satie”.. Seguía a lo suyo: evitando los conflictos, pasando desapercibido. Su condición de mexicano y de DJ le dio protección, ya que uno de los presos importantes también era mexicano y aficionado a la música. “Le caí en gracia y todo el mundo me dejaba en paz”.. «Esas primeras semanas fueron terribles. Pensé: si me muero casi mejor. Pero mi hija me mantuvo vivo», dice sobre su estancia en la cárcel. En la imagen, en Madrid el pasado jueves.MOEH ATITAR. Pero fue su proyecto musical el que permitió que aquello le resultara soportable. Primero entabló amistad con el cura que les visitaba, que le regaló una guitarra; después, pasó a dirigir el coro. Cuando le cambiaron de centro penitenciario (a uno enclavado en la selva) se hizo cargo de un estudio de grabación que había organizado otro preso. Allí pergeñó un programa llamado Rehabilitación A Través de la Música (R.A.M.) donde grabó con convictos, organizó festivales, compuso una canción pacifista que fue un éxito en las listas de Panamá y ayudó a incentivar la creatividad de prisioneros que venían del gueto. Redactó un informe con todo esto y le conmutaron 18 meses de condena: de seis años y medio pasó a cinco. Su pareja salió tres meses después que él.. La vuelta a Barcelona no resultó suave. A los tres meses falleció su madre, la persona que cuidó de su hija en los años de su cautiverio. Al año, murió su padre. El mundo había cambiado mucho en cinco años: ahora se escuchaba música desde un móvil. Su figura ya no era relevante. Le costó encontrar trabajo, en parte por el estigma de la cárcel. El festival Sonar salió al rescate y López, poco a poco, encauzó su carrera musical. Se separó de Keni, pero antes tuvieron otra hija, fruto de uno de los escasos vis a vis que lograron en Panamá. Keni también recondujo su vida y ahora vive con otra pareja a las afueras de Barcelona. Se llevan bien.. Portada de libro ‘En el estómago de la bestia’, editado por Contra.. López, que lleva con una mujer nueve años, sigue produciendo música, publicará nuevas canciones en un par de semanas y pincha de vez en cuando. “Pero me interesa más producir a otros artistas”. Ha conseguido controlar las pesadillas, aunque le visita un sueño recurrente: “Es una situación de desolación, de sentirme atrapado. Nadie me hace caso y no puedo salir de ahí. Es una sensación muy fuerte de abandono”.. “Ahora soy mucho mejor persona”, reflexiona. “A pesar de todo lo malo fue una inmersión para aplacar mi ego. Mi vida me había llevado a una posición de importancia, era un DJ famoso, era una personalidad que me creía mejor que los demás; ahora todo ha cambiado, he salido de mí y tengo mucha empatía con los demás”. También ejerce de padre, ya que sus dos hijas viven con él.. Sienna, la mayor, casi un bebé en aquel aeropuerto panameño donde ocurrió todo, cumple en breve 20 años. Su padre le dejó hace unos días en su cuarto un ejemplar del libro En el estómago de la bestia, donde ella también es protagonista. “Creo que no lo ha empezado”, indica López. “Le cuesta por una mezcla de dos cosas: a los chicos de su edad les da pavor enfrentarse a un libro de papel de muchas páginas, y quizá tampoco le guste descubrir algunas historias. Quizá con el tiempo lo lea…”.
Professor Angel Dust, músico decisivo del circuito de clubes catalanes en los noventa, cuenta en un libro cómo se vio envuelto en “una trama siniestra” y acabó en una prisión rodeado de narcos y asesinos
