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  Cultura  Maurizio Cattelan, el gran provocador del arte: “Si hubiera sabido que mis obras alcanzarían esos precios, habría guardado alguna para mí”
Cultura

Maurizio Cattelan, el gran provocador del arte: “Si hubiera sabido que mis obras alcanzarían esos precios, habría guardado alguna para mí”

10 de septiembre de 2026

Maurizio Cattelan (Padua, 65 años) lleva más de tres décadas obligando al mundo a preguntarse dónde termina la broma y dónde empieza la obra de arte. La puesta en escena comienza por su propio atuendo: amante de la excentricidad, aparece a la cita vestido como si acabara de salir de una guardia en un hospital, con uniforme azul de sanitario y deportivas blancas, a juego con el color de sus mechones indóciles. El artista italiano, enfant terrible del arte que ya roza la edad de la jubilación, se encuentra en la Neue Nationalgalerie de Berlín, el templo de acero y cristal diseñado por Mies van der Rohe, donde este jueves inaugura la que tal vez sea su exposición más política en años. Su título es Night.. Seguir leyendo

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Maurizio Cattelan (Padua, 65 años) lleva más de tres décadas obligando al mundo a preguntarse dónde termina la broma y dónde empieza la obra de arte. La puesta en escena comienza por su propio atuendo: amante de la excentricidad, aparece a la cita vestido como si acabara de salir de una guardia en un hospital, con uniforme azul de sanitario y deportivas blancas, a juego con el color de sus mechones indóciles. El artista italiano, enfant terrible del arte que ya roza la edad de la jubilación, se encuentra en la Neue Nationalgalerie de Berlín, el templo de acero y cristal diseñado por Mies van der Rohe, donde este jueves inaugura la que tal vez sea su exposición más política en años. Su título es Night.. “La noche es ese lugar intermedio donde las cosas pierden definición y se vuelven borrosas”, decía Cattelan, último ganador del premio de arte que concede el museo berlinés, mientras paseaba por las salas este martes, a pocas horas de la inauguración. Sus frases, como sus obras, admiten varias lecturas, por lo que cuesta saber si esta también contiene una metáfora. ¿Habla de una noche de los tiempos, de la civilización? “No estoy en contra de esa interpretación”, sonríe el artista.. No es una pregunta forzada. En la planta baja del edificio, desnudo como pocas veces, aparece una estatua de Hitler arrodillado, varios cadáveres de mármol y un Cristo crucificado que, en realidad, es una mujer inmovilizada y torturada. En el exterior, un niño toca el tambor desde la cornisa del edificio con un repiqueteo inquietante, rodeado de palomas e inspirado en El tambor de hojalata, de Günter Grass. No es la retrospectiva esperada, sino algo que parece un comentario del presente. “No quise hacer un disco de grandes éxitos. Al principio fuimos incluso más radicales: pensamos en dejar todo el museo vacío y poner solamente Him”, dice sobre su dictador con cuerpo de niño. “Habría sido muy fuerte, sobre todo aquí en Berlín. Esa obra habla de cicatrices que nunca se han cerrado. Pero quizá dejar a Hitler solo habría sido demostrarle demasiado respeto”.. Las obras ‘Him’ (2001), que muestra a Hitler arrodillado, y ‘Dawn’ (2007), una crucifixión con una mujer torturada en el centro, en las salas de la Neue Nationalgalerie de Berlín.David von Becker. Para entrar en este recinto con aires de iglesia moderna hay que atravesar una Puerta de Brandeburgo reducida a escala y construida en madera, obra concebida para esta muestra que Cattelan ha titulado Purgatorio. El monumento que ha acompañado la historia de Alemania, desde el Imperio hasta la reunificación, se convierte en el umbral hacia un pasado que creímos clausurado. “Ahora tenemos la sensación de volver atrás”, dice Cattelan, solo unas horas después de la victoria de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt. En la entrada, el texto que recibe al visitante lo formula así: “La historia no se repite, pero tiene muy buena memoria”.. Durante décadas, Cattelan fue descrito como el bufón oficial del arte y como su gran provocador, como el hombre que hizo que un meteorito impactara contra el Papa de Roma, que instaló un retrete de oro en el Guggenheim o pegó un plátano a una pared con cinta americana en una feria de arte en Miami. Su nueva exposición plantea otra posibilidad: que sus bromas contuvieran más gravedad de la que parecía. En realidad no han cambiado, pero puede que lo haya hecho el mundo a su alrededor.Al desvelar Him hace más de dos décadas —Hitler representado con el cuerpo de un niño, de rodillas y en lo que parece una oración; la estatua fue vendida por 15 millones de euros—, lo acusaron de sacrilegio. En 2011, Cattelan la instaló en el antiguo gueto de Varsovia, lo que provocó indignación y acusaciones de banalizar el nazismo.. La figura reaparece en un momento en que la extrema derecha triunfa en numerosos rincones de Europa. Más que una transgresión, parece un presagio. “Como artista no tienes una bola de cristal, pero percibes cosas que están ahí, de forma latente. Hasta que un día, sin previo aviso, emergen de golpe”, comenta Cattelan. “Si en mi obra solo hubiera provocación, no habría durado. La provocación es como un cóctel Molotov: lo lanzas, explota y se acaba”. ¿Se ha sentido malinterpretado? “Sí, siempre me ha pasado eso. Te ponen una etiqueta y luego es difícil quitártela. Espero que esta exposición permita releer lo que hago”, confía. “Quizá sea la primera en la que la gente vea algo más severo y menos divertido”.. ‘Never’ (2003), la figura inspirada en Oskar Matzerath, protagonista de ‘El tambor de hojalata’, toca su instrumento desde la cornisa de la Neue Nationalgalerie de Berlín.David von Becker. Entre las 17 obras expuestas, con una economía infrecuente en tiempos del más es más, abundan las que remiten a la memoria europea, los fantasmas del siglo XX y la imaginería católica. Quedan fuera, en cambio, las piezas con las que Cattelan ha regresado al primer plano durante la última década, cuando desplazó su imaginario hacia Estados Unidos. No está Blind, el enorme monolito negro atravesado por la silueta de un avión, guiño al 11-S. Tampoco Sunday, una superficie dorada perforada por miles de disparos, donde se cruzan la fascinación por la riqueza y por las armas. Ni America, su famoso retrete de oro, hoy inseparable de la estética trumpiana. “Sí, aunque lo concebí antes de que llegara Trump. Eso es lo interesante: fue una obra premonitoria”.. También ha dejado fuera a Comedian, su plátano convertido en meme interplanetario. Lo presentó en Miami Beach en 2019, donde alguien se lo comió antes de que acabara la feria de arte donde fue revelado. Luego se vendió por más de seis millones de dólares, su rico comprador volvió a comerse la fruta y, antes del verano, otro ejemplar de la obra fue robado en Francia. ¿Imaginaba una vida tan larga para esa banana? “No. Cuando haces una obra nunca sabes qué le ocurrirá: es como dar a tus hijos en adopción”, bromea Cattelan. “La respuesta estuvo fuera de mi control, pero así funciona ahora el flujo de imágenes: su misión es convertirse en memorables”.. ¿Le sorprendió el precio alcanzado por Comedian? “El precio forma parte de la obra. Cuanto más alto, más absurda será”. ¿No le hace sentirse culpable? “¿Culpable de qué?”, se rebota. “Yo no fijo el precio ni recibo ese dinero. Si hubiera sabido que mis obras alcanzarían esos precios, habría guardado alguna para mí”. Para Cattelan, es la prueba de que el arte atraviesa una crisis “como sistema y como producto”. “Empezamos a producir a la misma velocidad y en la misma cantidad que cualquier otro sector. Pero el arte no es cualquier otro sector. No podemos obedecer solo a la necesidad de producir contenido todo el tiempo”, denuncia.. Si en mi obra solo hubiera provocación, no habría durado. La provocación es como un cóctel Molotov: lo lanzas, explota y se acaba. Te ponen una etiqueta y luego es difícil quitártela”. Hace años que el artista vive entre Nueva York, bajo Trump, y Milán, bajo Giorgia Meloni. ¿Qué significa moverse entre dos países gobernados por una derecha radical? “Me afecta como a cualquiera, aunque el problema no es Trump o Meloni. Es el regreso de esos fantasmas que pensábamos que habían desaparecido para siempre”, analiza. “Al mismo tiempo, entramos en una revolución digital que tal vez será más disruptiva que la industrial. Estamos solo al principio.Trump y Meloni son solo fases de una transformación estructural que pasará por el nacionalismo generalizado, por la obsesión por la seguridad y por la guerra. Preparémonos para un viaje lleno de sobresaltos”.. Para Cattelan, la oscuridad está aquí para quedarse. “Hemos tenido muchísima suerte. ¿Te imaginas? ¡Medio siglo de paz y libertad!Si piensas en los últimos mil años de historia, lo que hemos vivido ha sido algo excepcional. Antes los imperios nacían, se destruían, se reorganizaban. Los países desaparecían. A escala histórica, que un país invadiera al vecino era normal. Tal vez debemos dejar de pensar en estas cosas como excepciones”. Entonces,¿estas pocas décadas de paz habrán sido sola una ilusión? “Sí”, dice Cattelan, al fin un poco melancólico. “Una ilusión maravillosa”.. Maurizio Cattelan, frente a su obra ‘Purgatory’ (2026), reproducción en miniatura de la Puerta de Brandenburgo.David von Becker. Hubo un tiempo en que Cattelan quiso desaparecer. Mandaba dobles a las entrevistas —Massimiliano Gioni, director del New Museum de Nueva York, confesó hace poco haber sido uno de ellos— y llegó a retirarse durante siete años, agotado por un sector en el que ya no se reconocía. Hijo de una familia obrera de Padua, a unos 40 kilómetros de Venecia, se formó de manera autodidacta y aprendió antes a soldar y trabajar la madera que a moverse por el mundo del arte. “Siempre me sentí como un outsider al que los demás toleraban. Por primera vez me empiezo a ver como un artista de verdad. Tengo que aceptar esa posibilidad y entender qué significa. Ese es el siguiente capítulo”.. Esa aceptación llega, sin embargo, en un momento de profundas dudas sobre el oficio. “Siento que formo parte de la crisis de la que hablaba antes. Los artistas somos parte del problema. Quizá el plátano apunte a otro tipo de trabajo. Necesito entrar en ese terreno en el que las obras incorporan a su audiencia. He visto una posibilidad. Si consigo hacer ese cambio, será fantástico. Si no, estoy terminado”. No hace tanto, habría sido fácil darle la razón. Después de algo tan relevante como Night, cuesta un poco más.

  

Lejos del retrete de oro y de la banana que vendió por seis millones de euros, el artista presenta una sombría exposición en Berlín que mira a la memoria del fascismo y plantea una posibilidad: que sus bromas fueran más serias de lo que parecía

 

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