La única vez que Carlos Alcaraz había pisado el Wiener Stadthalle de Viena tenía 18 años, todavía no había ganado un Grand Slam, ocupaba el puesto 42 del mundo y vestía una camiseta Nike básica, de las que se encuentran en cualquier tienda. Era 2021. Las cosas han cambiado. Aquel adolescente es ahora un campeón de siete grandes, pero este martes regresó al torneo austríaco, un ATP 500 como tantos otros, en busca de aquello que más le falta esta temporada: partidos, partidos y más partidos.
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