Para ser un político de Florida, hay que pasar la prueba de fuego del anticastrismo. Angie Nixon, la candidata demócrata al Senado que anda en una camioneta haciendo campaña para el escaño, parece no haber aprobado el examen, según los estándares de los grupos conservadores y de una parte de la comunidad cubanoamericana.. Seguir leyendo
Para ser un político de Florida, hay que pasar la prueba de fuego del anticastrismo. Angie Nixon, la candidata demócrata al Senado que anda en una camioneta haciendo campaña para el escaño, parece no haber aprobado el examen, según los estándares de los grupos conservadores y de una parte de la comunidad cubanoamericana.
Su afiliación con los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) le juega en contra a Nixon todo el tiempo, en un Estado mayoritariamente rojo y donde el voto cubanoamericano tiene mucho peso. La política afroamericana, una organizadora comunitaria y activista sindical de Jacksonville y no de Miami, la cuna del exilio cubano, ha tenido que enfrentarse en los últimos meses a varias preguntas clave en un territorio marcado por el fantasma del comunismo: si es socialista, si está en contra de los autoritarismos, si está a favor del embargo estadounidense hacia Cuba e incluso si considera que la figura de Fidel Castro debe ser elogiada.
La última de esta batería de preguntas llegó de parte de la cadena CBS News, durante una entrevista en la que el periodista quiso saber si Nixon consideraba que Cuba era una dictadura. “Eso es lo que me ha dicho la gente. Nunca he estado en Cuba, así que tendré que confiar en su palabra”, dijo Nixon.
Su respuesta ha generado polémica, no solo por el contenido de la misma, sino porque CBS News omitió en sus publicaciones parte de los argumentos de la candidata demócrata, en una clara intención de dar a entender que había evadido la pregunta.
Nixon acudió a X para denunciar el incidente, al que llamó “un grave fallo en la labor periodística”. “Si bien no he estado personalmente en Cuba, he hablado con cubanos que han descrito la situación allí como una dictadura, y les creo”, dijo en su post. “Sostener que me negué a responder a la pregunta es categóricamente falso. Eso no es periodismo; es desinformación”.
Pero una parte de la comunidad, sobre todo para los políticos que la quieren ver fuera del tablero en las elecciones de medio término, no solo ve el problema en la omisión, sino en la manera poco directa en que Nixon definió al régimen de La Habana. La primera en saltar al ruedo contra la demócrata fue su rival electoral, la senadora republicana Ashley Moody. “¿La socialista Angie no puede responder si Cuba es una dictadura? Supongo que ahora sabemos por qué votó en contra de la ley de Florida que exige enseñar los peligros del comunismo en las escuelas”, escribió en X.
Por su parte, el senador republicano Rick Scott dijo que, al igual que muchos “no parecen poder definir qué es una mujer, ahora tenemos una candidata al Senado que no puede definir una dictadura”. Y otra que no perdió tiempo para atacar a Nixon fue la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar, quien está peleando con todo por el Distrito 27 de Florida. “Para nuestra comunidad, la respuesta nunca debería ser complicada”, escribió. “He llamado al comunismo y al socialismo por su nombre en el Congreso, y seguiré haciéndolo”.
En la carrera por la vacante que dejó el cubanoamericano Marco Rubio cuando se fue a la Casa Blanca a ocupar el puesto de secretario de Estado, es Moody quien lleva la delantera. Las encuestas sitúan a Nixon por detrás de la republicana por hasta 10 puntos, y es probablemente la sombra de su afiliación socialista una de sus grandes desventajas.
En más de una ocasión, sin embargo, Nixon ha repetido que no permitirá que se le tilde de comunista o socialista, y ha dejado clara su posición “totalmente en contra del comunismo, de la dictadura y de cualquier autoritarismo”. Tampoco se esconde para desaprobar las sanciones de Estados Unidos que han acelerado la crisis cubana como nunca antes, y ha abogado por una vuelta a la política de relaciones económicas que echó a andar la Administración de Barack Obama, pero a la que Trump le puso fin.
“Necesitamos permitir que los cubanos de allá tengan acceso a los negocios y puedan comerciar plenamente con sus seres queridos estadounidenses, y que también tengan la oportunidad de verlos”, dijo en la misma entrevista con CBS News. Luego añadió que, si realmente “queremos presionar para forzar un cambio de régimen”, había que impulsar otro tipo de diplomacia.
Nixon ha dicho que si hoy pertenece al DSA es porque comparten causas comunes como el acceso a la atención médica, la defensa de los emigrantes, la financiación de las escuelas públicas o un mejor acceso a la vivienda. No obstante, aunque la candidata demócrata ha sido clara en que le interesan las políticas domésticas, el sur de Florida no le perdona el vínculo con ningún grupo socialista. El próximo 3 de noviembre podrá comprobarse si esa fue o no su cruz.
