Sánchez ha abandonado Ceuta y lo hace, como siempre, con plena consciencia de sus actos. Lo que ha ocurrido no es una casualidad, sino el resultado de años de políticas proinmigración descontrolada y debilidad histórica en la relación con Marruecos.. Durante años, Sánchez se ha presentado ante el mundo como el adalid de las políticas proinmigración, las regularizaciones masivas, subvenciones y gastos crecientes, mientras pasaba el coste social y económico a los ciudadanos contribuyentes. En un artículo paternalista y de autobombo, Sánchez decía en el New York Times “yo soy el primer ministro de España y esta es la razón por la que Occidente necesita migración”. La evidencia del efecto llamada de sus políticas se une a la estrategia detrás de ellas: crear una subclase dependiente y un electorado futuro mientras se tensionan los servicios públicos, que requerirá de más impuestos y más gasto.. Según el sanchismo, los 72.000 inmigrantes ilegales que entraron de golpe en Ceuta eran “un ataque a la integridad territorial de España”. Sin embargo, los más de 1,2 millones de inmigrantes ilegales que Sánchez decide regularizar masivamente, vía decreto y contra la política europea de control de fronteras, no. Hilarante.. El sanchismo ha pasado de hablar de «violación de la soberanía» a «cosas que ocurren», de culpar a Marruecos a alabar su cooperación y ha pasado de defender las fronteras abiertas a culpar a cualquiera menos a sus políticas de llamada. Según el sanchismo, Marruecos es un peón de la injerencia culpable de la crisis de Ceuta y a la vez el socio más fiable, independiente y colaborador. Cuando conviene, amenaza y cuando conviene, aliado. Y se van de vacaciones.. La crisis migratoria de Ceuta no ha sido solo un fracaso de control fronterizo, sino una humillación al Estado. El Gobierno de Pedro Sánchez ha gestionado esta invasión con los tres pilares que siempre definen su acción pública, la incompetencia operativa, la propaganda política y ocultar costes reales. La evidencia de la gestión socialista se resume en un dato. Ante una invasión migratoria, la única cesada es quien informó con transparencia. El Gobierno premia el silencio y el maquillaje, y castiga la profesionalidad.. Sánchez no ha resuelto la crisis de la frontera. Ha convertido el caos en propaganda, culpa a “mafias” a las que luego no identifica, deja a miles de inmigrantes para endosárselos a las comunidades autónomas y se va de vacaciones con más seguridad que toda la frontera de Ceuta.. La primera mentira política fue vender que el problema estaba resuelto rápidamente porque, según ellos, 48.300 personas habían regresado ya a Marruecos. Que una parte haya retornado no convierte el desastre en éxito. Todo lo contrario. Demuestra que la frontera exterior de España y de la Unión Europea quedó rota durante horas críticas, con entrada masiva, muertos, caos logístico y demolición de la autoridad del Estado.. El propio presidente de la ciudad autónoma recuerda que quedan más de 6.000 inmigrantes ilegales hacinados, creando un problema de seguridad y salubridad. La cifra es, probablemente, mayor. Esto no es un éxito, es un enorme fracaso del Gobierno que en cualquier país habría llevado a la dimisión del ministro de Interior, como mínimo.. Sin embargo, el Gobierno pretende transformar un colapso en una historia de eficacia. Si en 48 horas entran 72.000 personas, la cuestión económica no es solo que quedan miles, sino cuánto cuesta perder el control de una frontera, cuántos recursos públicos se destruyen en la improvisación y qué señal se envía a las mafias, a Marruecos y al resto de socios europeos.. Toda crisis migratoria tiene una dimensión humanitaria, pero también una dimensión presupuestaria, institucional y de riesgo-país. Ceuta no dispone de capacidad material para absorber un shock de esa magnitud. El caso más evidente es el de los menores. La ciudad mantiene casi un millar de niños y adolescentes hacinados en centros cuya capacidad ordinaria es de solo 29 plazas. El Gobierno convierte el colapso administrativo en propaganda contra -oh, sorpresa- las comunidades autónomas.. Otra gran falsedad ha sido la de la “solución rápida”. El Ejecutivo ha repetido que la situación estaba “bajo control” y que Ceuta recuperaba la normalidad. Sin embargo, todos los medios reconocen que la ciudad está paralizada, desbordada y con miles de personas todavía negándose a abandonar el enclave días después. La normalidad no vuelve porque el presidente cambie el titular.. La Audiencia Nacional ya ha pedido a la Guardia Civil que informe de si hubo avisos en los días previos que pudieran alertar sobre lo que iba a ocurrir. Esa petición judicial es políticamente demoledora porque conecta con lo que denunciaban desde hace tiempo las fuerzas de seguridad y la propia Ceuta. Falta de medios y ausencia de previsión. Hubo avisos previos y no se actuó. Si se demuestra, no estamos ante un accidente, sino ante negligencia política.. Desde un punto de vista económico, la factura de esta incompetencia es múltiple. Hay un coste directo, que incluye despliegues de emergencia, refuerzo de Policía y Guardia Civil, apoyo militar, atención a menores, asistencia sanitaria, limpieza, alimentación y dispositivos temporales de acogida. Hay un coste indirecto, mucho más grave, que recae sobre la actividad de Ceuta, la confianza empresarial, la imagen exterior de España y la percepción de que la frontera sur es un coladero. Existe un tercer coste, el reputacional, que daña la posición negociadora de España en Europa justo cuando más necesita presentar solvencia institucional.. La prueba de esa pérdida de credibilidad está en la reacción europea. La crisis de Ceuta ha reabierto dudas sobre la capacidad española para custodiar una frontera exterior de la UE y ha creado tensiones políticas sin precedentes con otros socios. La confianza se pierde muy deprisa cuando el Estado transmite que improvisa. Sin embargo, la Unión Europea tiene parte de responsabilidad por tolerar que Sánchez llevara a cabo una serie de disparates legislativos. Estos han generado el mayor efecto llamada visto en años.. El Gobierno vuelve a trasladar el coste a otros. Ceuta, que no puede manejar la cantidad de menores que quedan, se enfrenta a la redistribución de estos niños entre las comunidades autónomas. Esto se hace bajo un sistema obligatorio que se aprobó en 2025, cuando se supera tres veces la capacidad normal de acogida. Primero, la Moncloa pierde el control, luego vende normalidad y finalmente reparte por el territorio el coste político, administrativo y presupuestario de su negligencia.. Ese reparto, además, no se presenta como lo que es, una medida de emergencia por culpa del fracaso del Ejecutivo, sino como un ejercicio abstracto de solidaridad institucional. Hipocresía absoluta. Sánchez se comporta como el pirómano bombero, generando una crisis migratoria sin precedentes, y usa el desastre que él ha creado para montar una campaña de ataque a las comunidades autónomas a las que quiere cargar con el coste.. La crisis de Ceuta revela también la estrategia propagandística del sanchismo. Primero se niega la realidad, después se fabrica un relato y finalmente se desplaza el coste a los demás. Por eso el problema no es solo migratorio. Es económico e institucional. Un gobierno que no protege la frontera, no escucha avisos previos y maquilla las cifras de su propio fracaso está hundiendo la credibilidad de España e incurriendo en abandono de funciones y, por lo tanto, debe dimitir.. Ceuta es otro ejemplo más de una forma de gobernar basada en propaganda, reacción tardía y transferencia del coste al contribuyente. La crisis migratoria de Ceuta no ha demostrado la fortaleza del Gobierno, sino su debilidad, su imprevisión y su irresponsabilidad económica.
Sánchez ha abandonado Ceuta y lo hace, como siempre, con plena consciencia de sus actos. Lo que ha ocurrido no es una casualidad, sino el resultado de años de políticas proinmigración descontrolada y debilidad histórica en la relación con Marruecos.. Durante años, Sánchez se ha presentado ante el mundo como el adalid de las políticas proinmigración, las regularizaciones masivas, subvenciones y gastos crecientes, mientras pasaba el coste social y económico a los ciudadanos contribuyentes. En un artículo paternalista y de autobombo, Sánchez decía en el New York Times “yo soy el primer ministro de España y esta es la razón por la que Occidente necesita migración”. La evidencia del efecto llamada de sus políticas se une a la estrategia detrás de ellas: crear una subclase dependiente y un electorado futuro mientras se tensionan los servicios públicos, que requerirá de más impuestos y más gasto.. Según el sanchismo, los 72.000 inmigrantes ilegales que entraron de golpe en Ceuta eran “un ataque a la integridad territorial de España”. Sin embargo, los más de 1,2 millones de inmigrantes ilegales que Sánchez decide regularizar masivamente, vía decreto y contra la política europea de control de fronteras, no. Hilarante.. El sanchismo ha pasado de hablar de «violación de la soberanía» a «cosas que ocurren», de culpar a Marruecos a alabar su cooperación y ha pasado de defender las fronteras abiertas a culpar a cualquiera menos a sus políticas de llamada. Según el sanchismo, Marruecos es un peón de la injerencia culpable de la crisis de Ceuta y a la vez el socio más fiable, independiente y colaborador. Cuando conviene, amenaza y cuando conviene, aliado. Y se van de vacaciones.. La crisis migratoria de Ceuta no ha sido solo un fracaso de control fronterizo, sino una humillación al Estado. El Gobierno de Pedro Sánchez ha gestionado esta invasión con los tres pilares que siempre definen su acción pública, la incompetencia operativa, la propaganda política y ocultar costes reales. La evidencia de la gestión socialista se resume en un dato. Ante una invasión migratoria, la única cesada es quien informó con transparencia. El Gobierno premia el silencio y el maquillaje, y castiga la profesionalidad.. Sánchez no ha resuelto la crisis de la frontera. Ha convertido el caos en propaganda, culpa a “mafias” a las que luego no identifica, deja a miles de inmigrantes para endosárselos a las comunidades autónomas y se va de vacaciones con más seguridad que toda la frontera de Ceuta.. La primera mentira política fue vender que el problema estaba resuelto rápidamente porque, según ellos, 48.300 personas habían regresado ya a Marruecos. Que una parte haya retornado no convierte el desastre en éxito. Todo lo contrario. Demuestra que la frontera exterior de España y de la Unión Europea quedó rota durante horas críticas, con entrada masiva, muertos, caos logístico y demolición de la autoridad del Estado.. El propio presidente de la ciudad autónoma recuerda que quedan más de 6.000 inmigrantes ilegales hacinados, creando un problema de seguridad y salubridad. La cifra es, probablemente, mayor. Esto no es un éxito, es un enorme fracaso del Gobierno que en cualquier país habría llevado a la dimisión del ministro de Interior, como mínimo.. Sin embargo, el Gobierno pretende transformar un colapso en una historia de eficacia. Si en 48 horas entran 72.000 personas, la cuestión económica no es solo que quedan miles, sino cuánto cuesta perder el control de una frontera, cuántos recursos públicos se destruyen en la improvisación y qué señal se envía a las mafias, a Marruecos y al resto de socios europeos.. Toda crisis migratoria tiene una dimensión humanitaria, pero también una dimensión presupuestaria, institucional y de riesgo-país. Ceuta no dispone de capacidad material para absorber un shock de esa magnitud. El caso más evidente es el de los menores. La ciudad mantiene casi un millar de niños y adolescentes hacinados en centros cuya capacidad ordinaria es de solo 29 plazas. El Gobierno convierte el colapso administrativo en propaganda contra -oh, sorpresa- las comunidades autónomas.. Otra gran falsedad ha sido la de la “solución rápida”. El Ejecutivo ha repetido que la situación estaba “bajo control” y que Ceuta recuperaba la normalidad. Sin embargo, todos los medios reconocen que la ciudad está paralizada, desbordada y con miles de personas todavía negándose a abandonar el enclave días después. La normalidad no vuelve porque el presidente cambie el titular.. La Audiencia Nacional ya ha pedido a la Guardia Civil que informe de si hubo avisos en los días previos que pudieran alertar sobre lo que iba a ocurrir. Esa petición judicial es políticamente demoledora porque conecta con lo que denunciaban desde hace tiempo las fuerzas de seguridad y la propia Ceuta. Falta de medios y ausencia de previsión. Hubo avisos previos y no se actuó. Si se demuestra, no estamos ante un accidente, sino ante negligencia política.. Desde un punto de vista económico, la factura de esta incompetencia es múltiple. Hay un coste directo, que incluye despliegues de emergencia, refuerzo de Policía y Guardia Civil, apoyo militar, atención a menores, asistencia sanitaria, limpieza, alimentación y dispositivos temporales de acogida. Hay un coste indirecto, mucho más grave, que recae sobre la actividad de Ceuta, la confianza empresarial, la imagen exterior de España y la percepción de que la frontera sur es un coladero. Existe un tercer coste, el reputacional, que daña la posición negociadora de España en Europa justo cuando más necesita presentar solvencia institucional.. La prueba de esa pérdida de credibilidad está en la reacción europea. La crisis de Ceuta ha reabierto dudas sobre la capacidad española para custodiar una frontera exterior de la UE y ha creado tensiones políticas sin precedentes con otros socios. La confianza se pierde muy deprisa cuando el Estado transmite que improvisa. Sin embargo, la Unión Europea tiene parte de responsabilidad por tolerar que Sánchez llevara a cabo una serie de disparates legislativos. Estos han generado el mayor efecto llamada visto en años.. El Gobierno vuelve a trasladar el coste a otros. Ceuta, que no puede manejar la cantidad de menores que quedan, se enfrenta a la redistribución de estos niños entre las comunidades autónomas. Esto se hace bajo un sistema obligatorio que se aprobó en 2025, cuando se supera tres veces la capacidad normal de acogida. Primero, la Moncloa pierde el control, luego vende normalidad y finalmente reparte por el territorio el coste político, administrativo y presupuestario de su negligencia.. Ese reparto, además, no se presenta como lo que es, una medida de emergencia por culpa del fracaso del Ejecutivo, sino como un ejercicio abstracto de solidaridad institucional. Hipocresía absoluta. Sánchez se comporta como el pirómano bombero, generando una crisis migratoria sin precedentes, y usa el desastre que él ha creado para montar una campaña de ataque a las comunidades autónomas a las que quiere cargar con el coste.. La crisis de Ceuta revela también la estrategia propagandística del sanchismo. Primero se niega la realidad, después se fabrica un relato y finalmente se desplaza el coste a los demás. Por eso el problema no es solo migratorio. Es económico e institucional. Un gobierno que no protege la frontera, no escucha avisos previos y maquilla las cifras de su propio fracaso está hundiendo la credibilidad de España e incurriendo en abandono de funciones y, por lo tanto, debe dimitir.. Ceuta es otro ejemplo más de una forma de gobernar basada en propaganda, reacción tardía y transferencia del coste al contribuyente. La crisis migratoria de Ceuta no ha demostrado la fortaleza del Gobierno, sino su debilidad, su imprevisión y su irresponsabilidad económica.
