
La barbarie acosa a sus víctimas allá donde vayan. A Tetyana Ogárkova y Volodímir Yermolenko les cuesta pensar que lejos de la guerra, ellos hagan o hablen de cosas diferentes a las que comparten con sus tres hijos su casa familiar de Brovary, objetivo diario de los bombardeos, a las afueras de Kiev, la capital de Ucrania. Bromean mientras posan en la terraza de un hotel de Madrid, donde presentan La vida en el límite (Libros del Asteroide), un viaje literario sobre el horror que atraviesa su país. Un día antes lo hicieron en Barcelona, invitados por el centro cultural CCCB. Entre risas y chanzas suenan unos pitos en el teléfono móvil de Ogárkova, que mantiene activas las alertas antiaéreas que atenazan su hogar. Rusia está bombardeando algún rincón de Ucrania.

La barbarie acosa a sus víctimas allá donde vayan. A Tetyana Ogárkova y Volodímir Yermolenko les cuesta pensar que lejos de la guerra, ellos hagan o hablen de cosas diferentes a las que comparten con sus tres hijos su casa familiar de Brovary, objetivo diario de los bombardeos, a las afueras de Kiev, la capital de Ucrania. Bromean mientras posan en la terraza de un hotel de Madrid, donde presentan La vida en el límite (Libros del Asteroide), un viaje literario sobre el horror que atraviesa su país. Un día antes lo hicieron en Barcelona, invitados por el centro cultural CCCB. Entre risas y chanzas suenan unos pitos en el teléfono móvil de Ogárkova, que mantiene activas las alertas antiaéreas que atenazan su hogar. Rusia está bombardeando algún rincón de Ucrania.
“Es una paradoja: estamos en hoteles agradables, muy cómodos, pero dormimos mejor en nuestra casa, nuestros pensamientos están allí”, concede Yermolenko, kievita de 46 años, bien conocido fuera y dentro de su país como ensayista, filósofo y fino analista. Ogárkova, nacida hace 47 años en Kamianets-Podilskyi (suroeste), periodista y profesora universitaria, se expresa con menos recato: “Cuando estás en el extranjero, experimentas una sensación diferente, tu cuerpo percibe que no corres el riesgo de morir en cualquier instante. Y eso es algo totalmente nuevo”.
Pregunta. ¿Cuánto más puede resistir la psicología del pueblo ucranio tal nivel de violencia y destrucción?
Respuesta. (Volodímir Yermolenko) Es evidente que muchas personas están destrozadas, y eso es lo normal. No creo que tengamos un problema con la psicología o el espíritu, creo que los problemas vienen por el lado material. Cuestiones como el armamento o los sistemas de defensa representan, para nosotros, un desafío mucho mayor que el espíritu.
P. ¿Se refiere a la falta de armas e información de inteligencia?
R. (VY) Es muy frustrante porque existe un desequilibrio inicial: hay una parte más fuerte y otra más débil. La débil demuestra que posee fortaleza e inteligencia, valentía, coraje, pero la más fuerte… no puede hacer nada al respecto. Y luego está el grande [en referencia a Estados Unidos] que, en lugar de ayudar al débil, le otorga más recursos al fuerte. Es una inmoralidad humana; es, sencillamente, castigar al más débil.
R. (Tetyana Ogárkova) Nos sentimos traumatizados por la carencia de una dimensión moral cuando Donald Trump ejerce mayor presión sobre la parte más débil, que implica de manera muy directa la muerte de más personas, ya sea por cuestiones de inteligencia o del escudo aéreo y los drones, donde la rapidez de información es crucial para la interceptación. Todo se vuelve cínico, y no hay nada más difícil de soportar.

P. ¿Percibimos la amenaza rusa en el resto de Europa de un modo diferente al de la sociedad ucrania?
R. (VY) La gente tiende a ver la guerra de Rusia contra Ucrania como una lucha por territorios, lo cual es irracional; basta con observar el mapa de Rusia para preguntarse: ¿para qué querrían más territorio? Es evidente que la motivación es otra. La forma en que se habla aquí, refiriéndose a ella como “la guerra de Ucrania” o “una guerra en Ucrania”, tiende a minimizar su verdadera magnitud. Se trata de un conflicto de alcance global. Es una lucha por el orden mundial del siglo XXI. Aunque para nosotros resulta evidente, y mucha gente en Ucrania hable incluso de una III Guerra Mundial, aquí la mayoría parece creer que se trata de un conflicto lejano, circunscrito a unas cuantas ciudades y pueblos. Piensan que, tarde o temprano, Rusia se hará con esas localidades y que, tras ello, todo volverá a la normalidad.
R. (TO) Diría incluso que es la primera guerra en la historia de la humanidad en la que el conflicto ya no está vinculado a un territorio. Podría volverse global, pero no será una guerra mundial al estilo del siglo XX; será algo muy diferente. Se utilizarán drones y otros dispositivos. Por desgracia, Ucrania se está convirtiendo en un laboratorio para este tipo de guerra, y muchas de las soluciones ideadas por los ucranios terminarán utilizándose en otros lugares.
P. Más de cuatro años y medio de gran ofensiva rusa y siguen tratando de explicar sus motivos. ¿No están exhaustos?
R. (VY) Debemos convencer a los europeos de que no se trata solo de Ucrania. El destino de Europa depende de esto, porque si Europa termina fragmentada y dividida por Rusia, China y Estados Unidos, se convertirá en una colonia de estas grandes potencias; serán países sin capacidad de decisión y sin libertad. Tanto Trump como Vladímir Putin están marginando a Europa; no quieren que tenga voz ni voto en lo que sucede en su propio territorio. Es algo ridículo, indignante y humillante: se trata de una guerra en Europa, y resulta que son Putin, Trump y Xi Jinping quienes van a decidir el desenlace de este conflicto.
P. ¿Les preocupa que Europa deje de armar al ejército ucranio por armarse a sí misma?
R. (VY) Los europeos deben entender que no se puede decir “vale, ahora dejamos de ayudar a Ucrania para centrarnos en nuestra propia defensa”. Gran parte de la tecnología proviene de Ucrania. Por eso, defendemos la creación de una unión europea de defensa, que incluya a Ucrania, el Reino Unido, Noruega, los países bálticos, España y cualquier otro Estado que esté dispuesto a participar y colaborar en esta iniciativa.
R. (TO) Los rusos ponen a prueba los límites de nuestra solidaridad. Si, por ejemplo, atacan a Letonia, la cuestión será si España, Portugal o Francia intervendrán para defenderla o si no lo harán. Si responden diciendo “no, esto no es problema nuestro”, el resultado será un problema enorme. Si llegaran drones a la costa mediterránea y se atacara una ciudad en España o en Francia, todos deberíamos cerrar filas. Se trata de una solidaridad orientada a la defensa de cada nación. Ucrania es parte de la solución, no del problema, porque posee una experiencia que ningún otro país tiene, que no se adquiere en un entrenamiento puntual un par de veces al año, sino día a día.

P. A diario denuncia esta agresión su presidente, Volodímir Zelenski, como sucedió este martes en Olso (Noruega). ¿Funciona esta estrategia?
R. (VY) Su principal problema es que se centra demasiado en sí mismo. Necesita delegar mucho y ver las cosas como un trabajo en equipo; debería comunicarse de manera más eficaz.
R. (TO) Resulta mucho más eficaz y útil para nosotros en el extranjero que dentro del país. Si recordamos 2022, él permaneció en Ucrania y llevó a cabo importantes negociaciones. Sigue siendo útil, pero existen numerosos problemas, especialmente con la corrupción. Necesitamos 27.000 millones de euros [solicitados a Bruselas por Kiev para cubrir el déficit en gasto militar], pero solo los recibiremos tras acometer reformas. Somos rehenes de la situación: no podemos celebrar elecciones debido a la presencia rusa y a la guerra. Estamos cansados de Zelenski, pero, al mismo tiempo, no hay forma de cambiar el liderazgo. Debemos confiar en que la situación evolucione. No sabemos exactamente qué tan eficaz está siendo en su relación con la Casa Blanca, pero me da la impresión de que lo correcto es alzar la voz, como hace, para denunciar la falta de sistemas Patriot, de escudos antiaéreos…
