El 14 de agosto, a media tarde, llegó el primer golpe a Granada, de magnitud 3,7; un anuncio del terremoto de 4,8 que llegaría horas más tarde, pocos minutos después de la una de la madrugada del día 15. Cornisas y chimeneas caídas, algunos coches atrapados por cascotes, ningún herido de consideración y miedo de sobra para echar a mucha gente a la calle y a los parques aquella noche.. Seguir leyendo
El 14 de agosto, a media tarde, llegó el primer golpe a Granada, de magnitud 3,7; un anuncio del terremoto de 4,8 que llegaría horas más tarde, pocos minutos después de la una de la madrugada del día 15. Cornisas y chimeneas caídas, algunos coches atrapados por cascotes, ningún herido de consideración y miedo de sobra para echar a mucha gente a la calle y a los parques aquella noche.
Pero el golpe más duro, para la arquitectura y para las personas, llegó el 18, con hasta cuatro temblores de 4,8; 4,2; 4,0 y 3,9. La ciudad quedó casi vacía durante una semana y muchos de los que no se fueron huyendo optaron por dormir en parques o zonas alejadas de las viviendas. Más de 700 personas de la capital, de Armilla y de Las Gabias, incluidos los 117 residentes de una residencia para personas con discapacidad intelectual severa y que requieren ayuda para su vida diaria, debieron abandonar su residencia y buscar nuevo alojamiento.

Un mes después, en el que se han contabilizado 1.693 terremotos grandes y pequeños, esos 117 residentes y alrededor de 100 personas que se estiman viven en una urbanización de 42 viviendas de la localidad de Las Gabias y en un bloque de 36 pisos en Armilla siguen a la espera de que se arreglen las deficiencias para volver a su hogar. En la capital, las últimas cifras son de 85 viviendas desalojadas, de los que 24 de sus inquilinos viven en un albergue y otros, previsiblemente, con familiares o en segundas viviendas.
José Vaca, vicepresidente de la comunidad de la urbanización San Francisco III, en Las Gabias, volvió el viernes pasado a su residencia y a su normalidad, junto con los habitantes de los 123 pisos de parte de su urbanización. Ha tenido cinco mudanzas desde aquel 18 de agosto porque, como en otros casos, algunos de los edificios que resistieronel primer embate no pudieron ya con el segundo.
Él, su esposa y su hija, de siete años, han residido en casa de su suegra, en una vivienda de amigos en la costa de Granada, con otros amigos en la provincia de Almería, de vuelta a casa de su suegra y, finalmente, recalaron en el piso de su cuñada hasta volver a su residencia. “Es un descontrol, se siente uno como desahuciado”, comenta. Tardó, además, algunos días en poder regresar a casa. Tuvo que esperar a que instauraran un horario –un par de horas por la mañana y otras tantas por la tarde– para entrar en ella y recoger lo necesario.
Su bloque quedó afectado en algunos pilares que ya están arreglados, comenta. Eso sí, por allí han pasado todos los especialistas, dice, y enumera empresas y gente: “Han venido del CSIC [Consejo Superior de Investigaciones Científicas], del Instituto [de Ciencias de la Construcción] Torroja, de Intemac [Instituto Técnico de Materiales y Construcciones], gente del Grupo de Arquitectos Voluntarios de Emergencias [GAVE]…”.

Para los aún desplazados, sin embargo, no hay plazo fijo de regreso. Los 117 residentes del Centro Psicopedagógico Reina Sofía, situado en Armilla y dependiente de la diputación provincial, están repartidos por diversos centros de la provincia, como explican en la institución, y su vuelta queda lejos porque los daños son relevantes y la obra no va a ser menor. Los vecinos de Las Gabias y de Armilla aún no tienen fecha de vuelta. Por otro lado, no existe cuantificación oficial de los ausentes en estas dos localidades, pero se estima en alrededor de medio centenar en ambos casos.
La institución más esperada en estos casos, no obstante, tiene nombre: Consorcio de Compensación de Seguros, adscrito al Ministerio de Economía, cuyo responsable es el también vicepresidente primero del Gobierno, Carlos Cuerpo. Esta entidad pública se hace cargo de los riesgos extraordinarios que no están cubiertos por los seguros habituales, como es el caso de terremotos, pero solo en los casos en los que se tiene seguro.
El Consorcio ha recibido ya 49.092 solicitudes de indemnización por daños provocados por los sismos, de los que 42.100 corresponden a viviendas y comunidades de propietarios y algo más de 2.300 a comercios y almacenes. El resto son vehículos y otro tipo de bienes muebles e inmuebles. Por localidades, Granada es la que más ha pedido, con 25.468 solicitudes, seguidas por las 4.300 de Armilla y las algo más de 3.000 de Ogíjares. En cualquier caso, los terremotos no solo se notaron en la provincia de Granada. El consorcio ha recibido además peticiones de 23 localidades de Málaga, 22 de Jaén y 15 de Almería.
Junto a los equipos habituales de emergencias, un equipo de arquitectos se desplegó a las pocas horas por las calles. Eran miembros del GAVE, un equipo pionero de arquitectos voluntarios andaluces que ha reunido a 300 profesionales dispuestos a salir corriendo donde haga falta. Estuvieron en la dana de Valencia y, ahora, han estado en Granada.
Su primera valoración asignó la llamada red flag o bandera roja, que define edificaciones peligrosas e inseguras por daños graves en elementos estructurales como columnas, vigas o bases, a 60 inmuebles. Ocho de ellas, por ejemplo, en Gójar, una localidad del área metropolitana. Todas ellas estaban deshabitadas y estaban declaradas en ruina o eran serias aspirantes, explica Joaquín Prieto, su alcalde socialista. Todas están ya derruidas.
Gójar ha sido un municipio especialmente golpeado en esa última quincena de agosto, aunque ya ha recuperado la normalidad y, como explica Prieto, el objetivo ahora es que el Consorcio sea ágil. Según el alcalde, el ministro Cuerpo le dijo que en tres o cuatro meses estarían todas las viviendas peritadas ―le anunció la dedicación de 250 peritos a este episodio de terremotos― por lo que final de año es la fecha en la que todo el mundo debería saber cuándo y cuánto va a cobrar para arreglar sus casas. Otra cosa es que haya pintores, albañiles y manitas suficientes para ello a corto plazo.

Los efectos del terremoto, por otro lado, no siempre se reparten como se supone. En el caso de la localidad de Alhendín –que da nombre a toda la secuencia de seísmos como Serie sísmica de Alhendínsegún la denominación del Instituto Geográfico Nacional– no ha sufrido grandes daños, excepto cuatro viviendas dañadas seriamente, alguna deshabitada. Su alcalde, Jorge Sánchez (PP), valora en poco más de 400.000 euros los daños que, aunque han estado muy distribuidos, no son graves, excepto, quizá, en el cementerio, que requerirá algo más de la mitad de esa cantidad para arreglar los daños en la zona de los nichos más antiguos.
Para quienes no tengan seguro y no puedan acudir al Consorcio, explica el alcalde de Gójar, se puede recurrir al Real Decreto de subvenciones por catástrofes de 2005, que abre la puerta al cobro del 50% del coste de las reparaciones. En los próximos días, en septiembre, según anunció Cuerpo, se espera que el Gobierno determine las localidades incluidas en la zona afectada por una emergencia de Protección Civil, lo que antes se llamaba zona catastrófica. Eso permitirá, cuenta Prieto, que quienes no tienen seguro puedan recibir en algunos casos el 100% del valor de las reparaciones.
Lo que no cubra el Consorcio de Seguros, el Gobierno en definitiva, queda en manos de la Junta, que ha anunciado 46 millones de ayudas, de las que siete son para los ayuntamientos, ocho para viviendas y el resto para proyectos en marcha desde hace años, edificios institucionales de su propiedad como sedes judiciales, hospitales o colegios. Prieto dice que, en cualquier caso, le ha pedido al presidente andaluz que “pongan los requisitos justos y necesarios para que las solicitudes no se conviertan en inviables”.
Más allá de las viviendas, los terremotos han dejado también su huella en el patrimonio histórico más emblemático de la ciudad. La Alhambra, que cerró en un primer momento, tiene anomalías en la Torre del Homenaje y en la Torre Quebrada, ambas en la Alcazaba, que se mantienen estabilizadas pero acotadas para evitar accidentes.
La catedral, que se cerró tras el segundo gran terremoto del 18, ha abierto sus puertas el viernes pasado tras ser sometida a una revisión integral, sin que haya trascendido si el temblor causó algún problema o no. También la basílica de la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad, está cerrada y sin fecha de apertura por problemas en su cúpula. Por otro lado, el Hospital Real, sede del rectorado de la universidad granadina, también está inmerso en algunas obras de restauración de daños. En general, la institución cifra en algo más de 4,5 millones el coste de las reparaciones necesarias.
