La campaña de James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, continuó este jueves su particular contraprogramación a la inédita convención republicana de Dallas con un acto junto a dos víctimas del millonario pederasta Jeffrey Epstein. Y resultó, de nuevo, un astuto golpe dirigido a un flanco descubierto de Donald Trump: la larga relación de amistad que hasta 2004 lo unió con Epstein, y la negativa de su Administración a liberar los millones de documentos de un caso con un millar de víctimas, pese a que está obligada por ley.. Seguir leyendo
La campaña de James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, continuó este jueves su particular contraprogramación a la inédita convención republicana de Dallas con un acto junto a dos víctimas del millonario pederasta Jeffrey Epstein. Y resultó, de nuevo, un astuto golpe dirigido a un flanco descubierto de Donald Trump: la larga relación de amistad que hasta 2004 lo unió con Epstein, y la negativa de su Administración a liberar los millones de documentos de un caso con un millar de víctimas, pese a que está obligada por ley.
Talarico convocó a la prensa a un espacio en el que estos días se puede visitar una exposición itinerante llamada Sala de Lectura Conmemorativa de la Biblioteca de Donald J. Trump y Jeffrey Epstein. Está llevando por todo el país una copia impresa de los papeles del depredador sexual que, fuertemente censurados −salvo en lo que respecta a los nombres de algunas de las víctimas− ha ido soltando a regañadientes el Departamento de Justicia.
La comparecencia del candidato fue al principio de una mañana que terminó con una protesta contra la política migratoria de la Administración de Trump en un parque cercano a la cancha de baloncesto en la que se celebra la convención. En ella, las pancartas reivindicaron el recuerdo de Lorenzo Salgado Araujo, inmigrante mexicano que murió tras recibir un disparo de un agente del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en Houston en un operativo que aún está siendo investigado.
El miércoles, Talarico, joven político de fulgurante trayectoria, había presentado un banco de alimentos para los más necesitados mientras su rival, el candidato republicano, Ken Paxton, se codeaba con donantes millonarios en el Trump-a-palooza, que es como se ha bautizado una convención celebrada a menos de dos meses de la cita con las urnas de mitad de mandato para animar al voto de los suyos en noviembre.

Talarico no mencionó a Trump cuando habló al día siguiente, pero en la convención los oradores citaron al demócrata decenas de veces. Sí se refirió a Paxton. “¿Cuándo se convirtió la pedofilia en un asunto partidista?”, se preguntó el candidato demócrata ante las víctimas de Epstein. “¿Cuándo le pareció a Ken Paxton buena idea ignorar a estas supervivientes [de abusos sexuales]?”.
El candidato pidió a su rival, que aún ejerce como fiscal general de Texas, que demande a “los políticos corruptos, como [el fiscal general de Estados Unidos] Todd Blanche” para que libere los “cerca de 2,5 millones de documentos” que siguen sin ver la luz casi un año después de que el Congreso apoyara su publicación casi por unanimidad de las dos Cámaras. “Todos, demócratas, republicanos e independientes pueden estar de acuerdo en que basta ya de encubrir los abusos de estos hombres poderosos”, sentenció Talarico.
El político habló en una estancia tenuemente iluminada con 21 estanterías de Ikea llenas con los papeles de Epstein encuadernados. Se accede por una puerta adornada con la felicitación de cumpleaños con el dibujo de una mujer desnuda que Trump envió al pederasta por su 50 cumpleaños en 2003 y al dejar atrás una pared con una línea de tiempo que detalla la relación entre ambos.
En esos libros aguardan correos electrónicos como el que figura en la página 69 del volumen 3103 (de 3437). Empieza: “¿Nos vemos en casa primero y después pasamos a la sala de masajes?”. Un tachón oculta el nombre de una menor.
“Cuando vi que Blanche se reunió [en el verano de 2025] con [la cómplice de Epstein] Ghislaine Maxwell sentí que no me podía quedar callada”, dijo a la prensa Annie Farmer, una de las primeras víctimas de Epstein, a la que el FBI no hizo caso a mediados de los noventa. “Ahora que está a punto de cumplirse un año de una ley que sigue sin cumplirse, vuelvo a alzar mi voz”.

Sharlene Rochard, otra de las víctimas que habló en el acto, instó “a la gente a leer los papeles y a seguir las pistas, sin importar adónde conduzcan”. “Cuando esas pistas lleven hasta alguien rico, famoso o con conexiones políticas —ya sea republicano o demócrata—, hay que seguir adelante; porque una justicia que se detiene al llegar al poder no es justicia”, sentenció.
David Garrett, director ejecutivo del Institute for Primary Facts, el grupo defensor de la transparencia encargado de organizar una exposición que, antes de venir a Dallas, recaló en Nueva York y Washington, explicó después a EL PAÍS que la coincidencia de esta con el Trump-a-palooza no fue premeditada. “Queríamos venir a Texas, porque es el escenario muchas de las conversaciones importantes en este país y en este momento”, dijo.
Una de esas conversaciones tiene que ver, en el Estado con el mayor número de kilómetros de frontera con México de todo el país, con la inmigración, foco de la protesta organizada este jueves en respuesta a la convención, a la que un republicano acudió para gritar que la “migra” debería detener a los manifestantes.

La mayor parte de estos eran estadounidenses, como John Putman, que decidió protestar contra Trump y su Trump-a-palooza por historias como la de Salgado. “ICE mató a este hombre”, dijo. Putnam forma parte de un grupo que comenzó a rastrear hace unos meses los vuelos de deportación desde el aeropuerto de Dallas Love Field. Desde el 20 de agosto al 4 de septiembre han contado más de mil. El joven mostró un vídeo de uno de esos migrantes abordando uno de los aviones: “Casi no puede caminar. Así vemos a muchos. Están separando a las familias y aterrorizando a los tejanos”, contó.
María Garza llegó, por su parte, a protestar con siete compañeros de trabajo. Entre sus razones: que los migrantes están desapareciendo de sus familias tras ser detenidos por el ICE. A sus 17 años, ella, estadounidense de familia hispana, fue detenida por agentes de la Patrulla Fronteriza en la linde de California porque no pudo presentar una identificación. Estuvo tres días retenida, sin que su familia supiera dónde se encontraba. “Cuando ahora escucho esas historias siento una desesperación que no se me quita”, explicó a EL PAÍS. Garza trabaja además en la movilización del voto migrante.
En las elecciones que llevaron a Trump de regreso a la Casa Blanca, el voto hispano fue clave. Tras 18 meses de terror migratorio, no está claro que el partido del presidente pueda contar con ese apoyo en las próximas elecciones de mitad de mandato. La resistencia a su Administración, que estos días se ha organizado para alzar su voz en Dallas mientras se celebra la convención republicana, confía en que asuntos como el ICE, el elevado coste de la vida o los archivos de Epstein permitan a los demócratas recobrar una o ambas cámaras.
