Fue una recepción del 12 de octubre muy atípica. Todo en el Palacio Real olía a elecciones. Quedan 48 días para votar, y en los salones estaba casi todo el Gobierno, la oposición, los presidentes autonómicos, muchos alcaldes… Todos especulaban con el resultado y comentaban las últimas novedades, en especial las dificultades para unir a la izquierda, una batalla que alienta las expectativas de la derecha. Los que más se juegan en estas elecciones, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, compartieron con los periodistas sus apuestas en dos corrillos separados —no coincidieron ni en el mismo salón, ni se saludaron, algo ya habitual entre dos líderes que rompieron hace tiempo todo puente personal— y mostraron una gran fe en la victoria. Incluso trasladó más convicción el presidente del Gobierno, que es quien parte con enorme desventaja, según las encuestas publicadas hasta ahora.
Fue una recepción del 12 de octubre muy atípica. Todo en el Palacio Real olía a elecciones. Quedan 48 días para votar, y en los salones estaba casi todo el Gobierno, la oposición, los presidentes autonómicos, muchos alcaldes… Todos especulaban con el resultado y comentaban las últimas novedades, en especial las dificultades para unir a la izquierda, una batalla que alienta las expectativas de la derecha. Los que más se juegan en estas elecciones, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, compartieron con los periodistas sus apuestas en dos corrillos separados —no coincidieron ni en el mismo salón, ni se saludaron, algo ya habitual entre dos líderes que rompieron hace tiempo todo puente personal— y mostraron una gran fe en la victoria. Incluso trasladó más convicción el presidente del Gobierno, que es quien parte con enorme desventaja, según las encuestas publicadas hasta ahora.
Sánchez cree que esos sondeos se equivocarán como en 2023 porque no están detectando una enorme movilización progresista que él sí ve en los datos que maneja y en la propia evolución de la campaña. El presidente no detalla los datos que tiene, pero sí habla de una movilización extraordinaria que llevará a un resultado inesperado. Sánchez no quiere meterse en la batalla interna a su izquierda para intentar armar una sola candidatura, pero sí muestra que es lo que desearía: “La unidad está en la calle”, resume.
El presidente confía en su olfato, en los datos internos de su equipo y en lo que percibe en las calles mucho más que en las encuestas, que esta vez son unánimes sobre la mayoría absoluta de la derecha. Y transmite un entusiasmo que es lógico en un candidato a 48 días de unas elecciones, pero sorprende en medio de un ambiente en el corazón del poder político mucho más decantado hacia una victoria de la derecha con la ultraderecha.
Sánchez no muestra ni una mínima duda: “Estamos mejor que en 2023. En niveles de movilización más parecidos a 2019″, explica. Entonces la izquierda logró un resultado extraordinario y la derecha, dividida en tres, se desplomó, sobre todo el PP, que se fue a 66 escaños. En ese momento, abril de 2019, el PSOE logró 123 escaños y Podemos 42, algo difícil de imaginar ahora.
Sánchez cree que los progresistas han entendido los motivos por los que ha adelantado las elecciones, después de prometer durante meses que no lo haría, y comprenden lo que está en juego si gobierna el PP con un Vox muy fuerte en un momento en que hay cuestiones clave encima de la mesa como la crisis de la vivienda, la educación y la sanidad públicas, las pensiones, las relaciones laborales, el salario mínimo.
Los sondeos indican que el miedo a Vox ya no moviliza como en 2023, pero Sánchez no se los cree, y está convencido de que los analistas y los encuestadores que piensan que no se va a producir esa gran movilización progresista para evitar que la ultraderecha llegue al poder “no entienden lo que está pasando en España”. “Vamos a ganar y vamos a gobernar”, remata Sánchez, aparentemente eufórico.
Feijóo también está seguro de que gobernará esta vez, e incluso ve a su partido mucho más “enchufado”, más activado, que en 2023, porque entonces, explica, venía “desfondado” tras una intensa campaña de autonómicas y municipales y las negociaciones con Vox para constituir aquellos gobiernos, que ayudaron mucho a la campaña progresista.
Ahora Feijóo ve todo mucho más alineado y no se plantea siquiera como hipótesis la posibilidad que dan algunos sondeos, esto es que Vox le coma tanto terreno que el PP llegue a bajar sus resultados de 2023.
El líder de los populares reivindica que un fenómeno como el de España, donde sube la ultraderecha pero el PP no baja, es inédito en Europa, porque allí los ascensos de la ultraderecha corresponden a pérdidas de posiciones de la derecha tradicional e incluso hay varios sorpassos, como en Francia o Italia.
Mientras Sánchez exhibe una confianza absoluta en sus posibilidades, Feijóo también confía en la victoria, pero quiere evitar un triunfalismo como el de 2023, que después resultó fallido, y sobre todo necesita que el electorado de derecha no se confíe. Por eso insiste en que él no da “un voto por perdido ni por ganado hasta que cierren los colegios electorales”.
El presidente se muestra convencido de que la vivienda va a movilizar al electorado progresista después del shock del caso Maricarmen y el voto en contra del PP, Vox y Junts al decreto que llevaba su nombre, Feijóo no parece muy preocupado de que la precampaña se centre en eso porque está convencido de que es un asunto perdedor para el Gobierno. “No se puede mentir a todos todo el tiempo. El mayor fracaso de este Gobierno ha sido la vivienda”, insiste. Tampoco teme que el Ejecutivo aproveche el Consejo de Ministros para tomar medidas económicas en precampaña y controlar el debate. “Si queremos hablar de economía, hablemos de lo que cuesta pagar la hipoteca y el alquiler”, insiste. Feijóo cree así que el malestar social y el enfado con el Gobierno le va a llevar a La Moncloa.
Sánchez insiste en que el PP, y no él, es el principal responsable del ascenso de Vox, la gran novedad de la situación política española. “El PP le hace la campaña a Vox. No compite con él por la falta de liderazgo de Feijóo. La fuga de votos de PP hacia Vox es brutal, y tiene que ver con compra de temas a la ultraderecha como seguridad, inmigración, voto por correo. Feijóo no compite en el electorado de la derecha”, sentencia el presidente.
El líder del PP, por el contrario, cree que la situación irá decantando en campaña y en ningún caso concibe la posibilidad de tener menos votos o escaños que en 2023, algo que daría muchísima a fuerza a Vox para negociar y abriría la posibilidad de que el PSOE sea el primer partido aunque no pueda gobernar. “El voto del cambio es el PP, que sigue siendo el partido de Estado”, resume Feijóo, que inventa una frase nueva para su relación con Vox: “Cordón sanitario no, pero cordón umbilical tampoco”. Esto es, gobernar con ellos sí, pero depender en todo de ellos no.
Los dos líderes empiezan pues a colocarse para una larga campaña en la que ambos se ven con posibilidades, aunque las encuestas insistan en que Feijóo es claramente el favorito.
