No fue suficiente. El Tribunal Constitucional estuvo limando su sentencia sobre el amparo al expresident Carles Puigdemont y otros dirigentes independentistas hasta el momento mismo de darla a conocer. Pero su contenido no bastó para evitar un nuevo roce con el Supremo. Se comprueba que ha tenido este efecto con la lectura del auto dictado por el magistrado Pablo Llarena, instructor de la causa. La resolución evita el choque frontal con el órgano de garantías, en la medida en que subraya que “la doctrina del Constitucional debe aplicarse”. Pero inmediatamente precisa que ello debe hacerse “aunque no se compartan las razones en las que se apoya”. Eso sí, dicha aplicación procede “sin que la discrepancia condicione o retrase el cumplimiento de lo resuelto” —es decir, sin dilaciones— por el tribunal al que en última instancia compete garantizar el respeto a los derechos fundamentales que reconoce la Constitución.. Seguir leyendo

No fue suficiente. El Tribunal Constitucional estuvo limando su sentencia sobre el amparo al expresident Carles Puigdemont y otros dirigentes independentistas hasta el momento mismo de darla a conocer. Pero su contenido no bastó para evitar un nuevo roce con el Supremo. Se comprueba que ha tenido este efecto con la lectura del auto dictado por el magistrado Pablo Llarena, instructor de la causa. La resolución evita el choque frontal con el órgano de garantías, en la medida en que subraya que “la doctrina del Constitucional debe aplicarse”. Pero inmediatamente precisa que ello debe hacerse “aunque no se compartan las razones en las que se apoya”. Eso sí, dicha aplicación procede “sin que la discrepancia condicione o retrase el cumplimiento de lo resuelto” —es decir, sin dilaciones— por el tribunal al que en última instancia compete garantizar el respeto a los derechos fundamentales que reconoce la Constitución.
