El autor televisivo Russell T. Davies (Gales, 63 años) ha perdido la cuenta de las veces en las que un miembro de la comunidad LGTBI+ se le ha acercado en los últimos 25 años para confesarle que una de sus series le cambió la vida. “No me cansa que siga ocurriendo. Valoro todas y cada una de las ocasiones que me dicen que uno de mis trabajos ha ayudado a alguien”, cuenta el británico a EL PAÍS en conversación telemática.
El autor televisivo Russell T. Davies (Gales, 63 años) ha perdido la cuenta de las veces en las que un miembro de la comunidad LGTBI+ se le ha acercado en los últimos 25 años para confesarle que una de sus series le cambió la vida. “No me cansa que siga ocurriendo. Valoro todas y cada una de las ocasiones que me dicen que uno de mis trabajos ha ayudado a alguien”, cuenta el británico a EL PAÍS en conversación telemática.
Son ya varias generaciones de espectadores las que le dan las gracias. La primera de ellas apenas sabía usar internet cuando pirateaba Queer As Folk (1999) antes de que llegaran las plataformas de contenido. Esta ficción ocupó un lugar inédito en la pantalla, mostrando a una comunidad gay imperfecta, luminosa y que no pedía perdón por existir. Más tarde, la doble narrativa de sus series paralelas Banana y Cucumber (2015) añadió nuevas capas, como la crisis de la mediana edad, a personajes no precisamente simpáticos ni angelicales mientras que It’s a Sin (2021) narró la llegada del sida a través de un grupo de jóvenes en el Londres de los años ochenta. Otros de sus relatos de temática más genérica, como el nuevo Doctor Who y Years & Years, también han hablado de diversidad.
“No paso mucho tiempo en redes, porque recibo amenazas de muerte desde que incluyo personajes trans en mis guiones. Pero es que también me llegan las quejas de la comunidad trans, que considera que un hombre gay no es quien debería contar su historia. Y así es como me he dado cuenta de que últimamente todo el mundo está enfadado”, comenta Davies pocos días después de que HBO Max estrene a nivel internacional su nueva obra, Tip Toe, que va precisamente de esa virulencia generalizada.
La trama comienza con Leo (interpretado por Alan Cumming), un hombre gay que vive su sexualidad abiertamente y que es dueño del bar Spit & Polish, situado en Canal Street, epicentro del barrio LGTBI+ de Mánchester. Es el lugar seguro de muchos jóvenes de la ciudad y escenario habitual en las series de Davies. En los primeros minutos de esta ficción, Leo vive una situación propia de la comedia más clásica. Por culpa de una aventura de una noche, se queda en calzoncillos en medio de la calle y se ve obligado a pedir ayuda a su vecino de al lado. Clive (David Morrissey), el hombre con quien comparte muro desde hace 14 años, es todo lo contrario a él: un electricista en apuros económicos con dos hijos jóvenes y atrapado en un matrimonio infeliz. Antes de que acabe el primero de los cinco episodios de la serie, su creador ya advierte a la audiencia sobre lo que viene después. Esta no es una historia de humor, sino una tragedia.
Tip Toe nació en la cabeza de Davies a partir de una situación similar, aunque completamente opuesta a la de esta ficción. “Mi vecino Mike era un hombre maravilloso que, lamentablemente, falleció el año pasado. Él tenía la llave de mi casa. Era un vecino encantador y un hombre de aspecto recio y fuerte. Sin embargo, entregarle la llave a otra persona hizo que, de repente, sintiera que mi hogar era un poco más vulnerable. Alguna que otra vez, Mike entraba sin avisar”, recuerda el creador televisivo. Su mente de narrador se activó a partir de esa anécdota y empezó a elucubrar opciones alejadas a su realidad. “¿Y si algo saliera mal entre nosotros? ¿Y si tuviéramos una pelea? ¿Y si mi vecino o su familia fueran homófobos?“, se preguntaba Davies.
Al mismo tiempo, el británico se preocupaba por la creciente ola de ira y violencia en la sociedad. “Estos elementos siempre han estado presentes de una forma u otra, pero ahora se ven impulsados por el entorno digital, por nuestros teléfonos y los algoritmos. Como hombre gay, esto me alarmaba cada vez más», confiesa. Es un asunto que ya plasmó en la distópica Years & Years. La serie tuvo un gran éxito a nivel mundial, aunque no tanto en el Reino Unido. “Me preguntaba cómo contar una historia sobre el rumbo que estamos tomando de un modo que fuera más popular y atractivo para el público”, dice el británico. Así nació Tip Toe, expresión que en español significa “ir de puntillas”. En definitiva, habla de cómo la masculinidad tóxica penetra en la sociedad, con independencia de género y orientación sexual, como ocurre en otro de los grandes estrenos del año de HBO Max, Half Man de Richard Gadd. “La masculinidad tóxica es una auténtica tragedia también para los hombres heterosexuales”, defiende Davies.

David Morrissey y Alan Cumming, los actores principales de Tip Toe, son amigos desde hace más de 40 años. Y, aunque resulte paradójico, su química en pantalla ha ayudado a construir este paulatino desencuentro entre los protagonistas de la serie. “Fue una ventaja enorme que no tuviéramos que esperar a que ganaran confianza. Se conocen tan bien que podían intentar cosas que otros actores jamás se atreverían a probar”, celebra el showrunner. “Yo me alegro de que Más que rivales (Heated Rivalry)y Heartstopper tengan finales LGTBI+ felices. Pero es que a mí no me salen… Gracias a ellas no necesito hacerlos”, espeta el creador televisivo.
Y es que en muchas de las series de Davies los enemigos de sus protagonistas son monstruos invisibles a los que nadie sabe cómo derrotar. En Tip Toe son el algoritmo y los fondos buitre. “La economía en sí misma es un fantasma que nos persigue. La televisión no suele explicar cómo sus personajes logran pagar su casa. En esta serie, quería que todo eso formara parte de la historia. Los precios no paran de subir porque hay guerras injustificadas como la de Irán, surgidas por culpa de las pataletas y berrinches del presidente de los Estados Unidos. Y eso hace que la gente se sienta desesperada y atrapada”, concluye.
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