La madrugada cae sobre Ceuta envuelta en una espesa niebla que apenas deja distinguir las patrulleras fondeadas frente a la costa, cuyos focos barren la superficie del agua. Después de que durante la tarde del viernes el Ejército español tratara de frenar las entradas y persuadiera a quienes alcanzaban la orilla para que regresaran a Marruecos, el despliegue pierde intensidad al caer la noche. Los militares apostados en la playa de El Tarajal permanecen en segundo plano y solo intervienen cuando es necesario.. Seguir leyendo
Los soldados permanecen en segundo plano y actúan solo cuando el mar pone en peligro a quienes intentan alcanzar Ceuta a nado
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Joao Porfirio
Ceuta –
La madrugada cae sobre Ceuta envuelta en una espesa niebla que apenas deja distinguir las patrulleras fondeadas frente a la costa, cuyos focos barren la superficie del agua. Después de que durante la tarde del viernes el Ejército español tratara de frenar las entradas y persuadiera a quienes alcanzaban la orilla para que regresaran a Marruecos, el despliegue pierde intensidad al caer la noche. Los militares apostados en la playa de El Tarajal permanecen en segundo plano y solo intervienen cuando es necesario.
La situación apenas cambia durante las primeras horas de la noche. La valla que corona el espigón fronterizo, por la que horas antes pululaban migrantes marroquíes para entrar a Ceuta o regresar a Marruecos, permanece iluminada por potentes focos.






Un soldado monta guardia sobre la arena de El Tarajal. Es cerca de la una y media de la madrugada. El silencio se rompe de pronto con los lamentos de quienes apuran las últimas fuerzas para pedir ayuda desde el agua. Es un grupo de siete u ocho hombres que avanza a nado en un mar gélido. Algunos se ayudan de flotadores; otros cuentan únicamente con sus brazos. Todos alcanzan la orilla a duras penas.
Uno de ellos, sin embargo, queda rezagado. Exhausto, permanece en el agua cuando apenas le separan unos metros de tierra firme. El soldado se dirige hacia él y lo arrastra fuera del mar. Ya sobre la arena, se agacha y le toma el pulso. Exhausto, pero vivo. Con la linterna hace señales a otro compañero. Entre los dos, lo trasladan por la playa mientras esperan asistencia.
Al hombre rescatado le aguarda en las próximas horas el mismo dilema que a tantos otros: permanecer en Ceuta, sin una vía para continuar hacia Europa, o emprender el camino de regreso a Marruecos. Al menos 67 personas han muerto intentando llegar.

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