David y Belén son la antítesis del policía que se sienta frente a un detenido con un flexo apuntándole en la cara. Aunque parezca contradictorio, lo que buscan en esta situación es que el sospechoso se sienta cómodo. “En una situación tensa, lo más probable es que te cierres”, dice Belén. Fijan las reglas de la conversación, en las que priman el respeto y la curiosidad. “Yo no te voy a mentir y te pido que tú hagas lo mismo. Si no me quieres contestar a algo, no lo hagas, pero no me mientas”, resume la agente con una mezcla de firmeza y amabilidad. Así, se establece una relación de tú a tú con el objetivo de hablar de un delito, que puede ser un asesinato o una agresión sexual. Sus preguntas dan pie a que la persona que tienen enfrente pueda explicarse. “No siempre se busca una confesión”, matiza Belén. Son psicólogos con placa policial y su trabajo es obtener “cualquier información”, por pequeña que sea, que ayude a resolver los casos.. Seguir leyendo
David y Belén son la antítesis del policía que se sienta frente a un detenido con un flexo apuntándole en la cara. Aunque parezca contradictorio, lo que buscan en esta situación es que el sospechoso se sienta cómodo. “En una situación tensa, lo más probable es que te cierres”, dice Belén. Fijan las reglas de la conversación, en las que priman el respeto y la curiosidad. “Yo no te voy a mentir y te pido que tú hagas lo mismo. Si no me quieres contestar a algo, no lo hagas, pero no me mientas”, resume la agente con una mezcla de firmeza y amabilidad. Así, se establece una relación de tú a tú con el objetivo de hablar de un delito, que puede ser un asesinato o una agresión sexual. Sus preguntas dan pie a que la persona que tienen enfrente pueda explicarse. “No siempre se busca una confesión”, matiza Belén. Son psicólogos con placa policial y su trabajo es obtener “cualquier información”, por pequeña que sea, que ayude a resolver los casos.
“Todos los policías que han estudiado psicología en algún momento se han sentido atraídos por la SAC”, aporta el inspector jefe David Fernández. La SAC es la Sección de Análisis de la Conducta de la Policía Nacional (SAC), una especialidad policial que se encarga de aplicar la psicología a la investigación criminal. Y David, cuya trayectoria profesional ha transcurrido en áreas de seguridad ciudadana, policía judicial y formación, está al frente de este grupo desde hace un año. La subinspectora Belén, que pide que se la identifique solo por su nombre de pila, es la más veterana. Participó en su creación, en 2010, y lleva 15 años trabajando en la sección. Ambos están sentados en una sala de reuniones del Complejo Policial de Canillas, en Madrid, donde tienen su centro de operaciones. Por un día, les toca a ellos responder a las preguntas.
Los agentes de la SAC analizan los casos con otros ojos. Su labor no busca corregir ni mejorar el trabajo de los investigadores de Policía Judicial, los policías que llevan el caso en caliente, desde el minuto uno, sino complementar, aportar “una visión más imparcial”, explica David. “La investigación requiere rapidez y el análisis, distancia, meticulosidad”, precisa. En los últimos tres años han tenido una media de entre 15 y 25 casos por año. Desde su creación, han podido ser “cientos”.
Los analistas de la SAC, actualmente formada por diez agentes, han ido ampliando sus cometidos en los últimos 16 años y cada vez les reclaman con más frecuencia. Con técnicas como entrevistas cognitivas, perfilados criminales o autopsias psicológicas, establecen hipótesis que ayudan a los investigadores a orientar sus pesquisas. Cuando llega la hora de ir a juicio, acuden como peritos a los juzgados. Han participado en numerosos casos conocidos, como el de José Bretón, condenado por el asesinato de sus dos hijos en 2011 para vengarse de su mujer; el asesinato de la peregrina estadounidense Denise Pikka Thiem en 2015 en Astorga (León) o el del pederasta de Ciudad Lineal, que abusó de cinco niñas entre 2013 y 2014.
La entrevista policial es uno de sus puntos fuertes. Prefieren no llamarlo interrogatorio, porque tiene un “matiz de sospecha” y les parece reduccionista. Al otro lado pueden tener a víctimas, testigos o investigados. Con ellos emprenden charlas sin reloj en las que los implicados deben estar lo más cómodos posible y es muy importante que se establezca una conexión que permita que el diálogo fluya. Plantean esas entrevistas evitando las interrupciones, de forma que un recuerdo pueda abrir la puerta a otro, y sabiendo, dentro de lo posible, qué tipo de personalidad pueden tener frente a ellos. Están atentos a la comunicación no verbal, a reacciones auténticas o incoherencias.
“Una vez, tras conversar durante horas con las víctimas de una secta, nos dijeron que les habíamos ayudado a colocar lo que les había pasado. Y que ojalá hubiesen hablado antes con nosotras”, recuerda la subinspectora Belén. “Los familiares de las víctimas agradecen el trato de la sección, porque se han sentido confortados”, añade David. A finales de abril, la madre de una niña víctima de un caso de abusos sexuales que se investiga en el colegio Waldorf de Zaragoza alabó en una entrevista con EL PAÍS la capacidad de dos de sus agentes para hacer que su hija “hablara sin parar” con ellas durante tres horas sin conocerlas de nada.
Belén reconoce que, en ocasiones, se lleva el peso del trabajo a su vida privada. “Estuve en la autopsia de un niño y llevaba un calzoncillo igual que el que tenía mi hijo, que era dos años menor. Cuando llegué a casa, fui al cajón de la ropa interior, lo cogí y lo tiré”, recuerda. La “ventilación emocional” es fundamental, subraya el inspector jefe. Como todos son psicólogos, recurren a sus compañeros para hablar de los casos y hacer ese vaciado.
Su día a día requiere “mucho estudio” y “tener siempre una maleta en la puerta”, cuenta David. Es complicado que todos los miembros de la sección se encuentren en Madrid. Les reclaman desde diversos puntos del país para colaborar en investigaciones y la realidad supera a cualquier teoría. “Puedes tener un manual, una forma de actuar prevista, pero no siempre funciona”, añade el responsable.
Hay veces que la urgencia apenas les permite estudiar bien los casos. En uno de ellos, una persona acababa de ser detenida por tráfico de drogas y los investigadores de Policía Judicial tenían la sospecha de que el arrestado podría estar relacionado con la desaparición de una persona. Llegaron a prisa a la entrevista, y aunque no fue excesivamente productiva, sí lograron obtener “un único dato” que permitió localizar el cuerpo y detener a los tres responsables del homicidio, rememora Belén, que, como David, habla de forma genérica de todos los casos.
Los perfilados no son solo para los sospechosos, sino también para víctimas o testigos. Se los pueden hacer a menores, para determinar la credibilidad de sus palabras y la validez de su testimonio en un juicio. Ahí se ve, por ejemplo, si su testimonio es rico en detalles o su comunicación verbal es coherente con lo que cuenta. En el caso de que la persona haya fallecido, y tengan que trazarla de forma indirecta, determinan su personalidad observando sus conductas en sus diferentes entornos. Trabajaron en un caso de un padre de familia fallecido, belenista, que no parecía tener problemas con nadie. “Era una persona bien considerada en su comunidad”, destaca la subinspectora. Sin embargo, resultó tener una parcela oculta. Mantenía relaciones homosexuales con personas en situación de pobreza o indigencia y su muerte estaba relacionada con esa situación.
Las autopsias psicológicas (investigaciones retrospectivas para reconstruir el estado de una persona antes de fallecer) se utilizan en los casos en los que la causa de la muerte es dudosa, en los que no se sabe si puede ser un suicidio, una muerte violenta o accidental. Trabajan hacia atrás, como en una máquina del tiempo. Pueden analizar la escena de un homicidio y hacerse preguntas sobre cada objeto. Ver lo que hay y lo que no hay. También recopilar información hablando con su entorno para comprender mejor la vida o el momento en el que se encontraba la víctima. Todos esos datos después se ponen en común para establecer una hipótesis sobre lo que ha podido pasar.
La muerte de Mario Miralles, en septiembre de 2012, en la localidad valenciana de Ontinyent, fue una de esas autopsias. A pesar de que apareció muerto en su cama, maniatado y con una bolsa en la cabeza, después de estudiar su entorno, su personalidad y la escena del crimen, los analistas llegaron a la conclusión de que, en realidad, había simulado su asesinato. Miralles se había inspirado en una película, La vida de David Gale, y había copiado la forma en la que la protagonista se suicidaba. Este caso se incluye en la serie documental SAC: En la Mente del Criminal, de RTVE, y que repasa algunas de las colaboraciones más destacadas de la sección.
El perfil de los agentes de la sección, todos titulados en psicología, es muy variado. Coinciden en algunas características, como las habilidades sociales, capacidad para aguantar la incertidumbre, curiosidad y una mente analítica. Esta última habilidad, que permite descomponer un problema o una tarea en partes más simples para abordarlo, se puede adquirir, pero requiere tiempo. Las nuevas incorporaciones no dan resultados inmediatos. “Mínimo dos años”, asegura el responsable. Hace falta estudio, pero también rodaje. “Una vez nos preguntaron si lo que hacíamos era ciencia o arte y respondimos que quizás, un poco de todo”, añade la subinspectora.
Mentiras, falsos recuerdos y predicción de comportamiento
La Policía Nacional creó la SAC en 2010, como consecuencia de la apuesta de la comisaria Antonia Mena por la visión de su primer responsable, Juan Enrique Soto, hoy inspector jefe en segunda actividad. De su mano llegó el método VERA (Víctima, Escena, Reconstrucción, Autor), una técnica española de perfilación criminal y análisis conductual para identificar agresores desconocidos en delitos graves. Entre sus referentes tenían a la Unidad de Análisis de Conducta (BAU) del FBI, a sus homólogos británicos o a la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo (SACD) de la Guardia Civil, creada en 1994. Después de 16 años de funcionamiento, sus agentes destacan la influencia en su trabajo de expertos como David Canter, pionero del perfilado criminal en Europa, o Aldert Vrij, uno de los mayores expertos en psicología criminal y del engaño. De España citan, entre otros, a Antonio Andrés Pueyo, conocido por su trabajo en la valoración del riesgo de comportamientos violentos, o a Antonio Manzanero, experto en Psicología del Testimonio, memorias autobiográficas y falsos recuerdos.
