El debate sobre el absentismo laboral se encontró este sábado con el testimonio directo de quien ha manejado las cifras desde dentro.. Nerea, administrativa con experiencia en departamentos de recursos humanos, intervino en laSexta Xplica para exponer una realidad que, según su relato, contradice la imagen de un mercado laboral lastrado por bajas injustificadas. Su conclusión fue tan nítida como incómoda: «Los trabajadores medios tenían miedo constante de cogerse una baja y que repercutiera en su productividad y les recriminaran que no podían caer enfermos».. El temor al bolsillo y a la evaluación de desempeño. Nerea trabajó hasta hace tres años en una multinacional con una delegación que rondaba los 400 empleados. Entre sus tareas figuraba precisamente la gestión del absentismo, lo que le permitió observar un patrón que, según afirmó, se repetía de forma sistemática entre los puestos operativos y administrativos.. «Yo gestionaba el absentismo y el patrón, sobre todo entre mozos de almacén y administrativos, era que la gente no se quería coger la baja por enfermedad común», detalló. La razón que detectó no era un compromiso excepcional con la empresa, sino un cálculo económico que los trabajadores hacían cada vez que aparecía un síntoma: «Sabían lo que suponía para su bolsillo».. El testimonio apunta a que la decisión de acudir al puesto de trabajo pese a estar enfermo se sustentaba sobre dos pilares. El primero, la pérdida de ingresos que conlleva una baja por contingencias comunes. El segundo, y quizá más revelador, era el temor a que la ausencia activara señales de alarma en la evaluación de desempeño.. La administrativa aseguró que los empleados percibían que cualquier día sin trabajar podía ser interpretado como una falta de compromiso y utilizado en su contra, una presión que los llevaba a priorizar el presentismo sobre la salud.. Directivos sin justificante y una indulgencia asimétrica. El relato de Nerea introdujo un contraste que, según sus palabras, marcaba la gestión diaria de la empresa. Mientras los trabajadores de base sentían la obligación de justificar cada episodio de enfermedad ante el médico de cabecera, los mandos se movían con otras reglas.. La administrativa fue tajante al señalar que, «de una manera mucho más irresponsable», los jefes de departamento y los directivos no tenían la necesidad de acudir a la consulta médica para explicar «por qué un día les dolía la cabeza y no acudían a su puesto de trabajo».. Esa diferencia de trato cristalizó en la frase con la que Nerea cerró su intervención: «A los directivos se lo perdonamos, a los trabajadores, no».
El debate sobre el absentismo laboral se encontró este sábado con el testimonio directo de quien ha manejado las cifras desde dentro.. Nerea, administrativa con experiencia en departamentos de recursos humanos, intervino en laSexta Xplica para exponer una realidad que, según su relato, contradice la imagen de un mercado laboral lastrado por bajas injustificadas. Su conclusión fue tan nítida como incómoda: «Los trabajadores medios tenían miedo constante de cogerse una baja y que repercutiera en su productividad y les recriminaran que no podían caer enfermos».. El temor al bolsillo y a la evaluación de desempeño. Nerea trabajó hasta hace tres años en una multinacional con una delegación que rondaba los 400 empleados. Entre sus tareas figuraba precisamente la gestión del absentismo, lo que le permitió observar un patrón que, según afirmó, se repetía de forma sistemática entre los puestos operativos y administrativos.. «Yo gestionaba el absentismo y el patrón, sobre todo entre mozos de almacén y administrativos, era que la gente no se quería coger la baja por enfermedad común», detalló. La razón que detectó no era un compromiso excepcional con la empresa, sino un cálculo económico que los trabajadores hacían cada vez que aparecía un síntoma: «Sabían lo que suponía para su bolsillo».. El testimonio apunta a que la decisión de acudir al puesto de trabajo pese a estar enfermo se sustentaba sobre dos pilares. El primero, la pérdida de ingresos que conlleva una baja por contingencias comunes. El segundo, y quizá más revelador, era el temor a que la ausencia activara señales de alarma en la evaluación de desempeño.. La administrativa aseguró que los empleados percibían que cualquier día sin trabajar podía ser interpretado como una falta de compromiso y utilizado en su contra, una presión que los llevaba a priorizar el presentismo sobre la salud.. Directivos sin justificante y una indulgencia asimétrica. El relato de Nerea introdujo un contraste que, según sus palabras, marcaba la gestión diaria de la empresa. Mientras los trabajadores de base sentían la obligación de justificar cada episodio de enfermedad ante el médico de cabecera, los mandos se movían con otras reglas.. La administrativa fue tajante al señalar que, «de una manera mucho más irresponsable», los jefes de departamento y los directivos no tenían la necesidad de acudir a la consulta médica para explicar «por qué un día les dolía la cabeza y no acudían a su puesto de trabajo».. Esa diferencia de trato cristalizó en la frase con la que Nerea cerró su intervención: «A los directivos se lo perdonamos, a los trabajadores, no».
