Contaba André Agassi que, tras ganar su primer Grand Slam, supo algo que a pocas personas en el mundo se les permite saber: las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal las derrotas. Es la misma relación que mantiene con el éxito Tadej Pogacar, su nombre desde este domingo en el Olimpo del ciclismo, en la misma mesa de los cinco Tours que Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain, el más joven de todos en conseguirlo. «No soy demasiado emocional, no lloro casi nunca», reconocía tras conquistar la mítica cima de Alpe d’Huez el sábado, el triunfo que ilustrará este hito. Y cierto es, pocas veces se dejó vencer en público por la emoción.
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