Oriol Aguilà (El Masnou, Barcelona, 63 años) conoció Peralada en el verano de 1984, cuando todavía no existía el festival que hoy dirige. “No quise perderme la gala lírica de Montserrat Caballé y Josep Carreras que organizó Carmen Mateu en los jardines del castillo”, recuerda el gestor cultural e historiador del arte en una sala del Palau de la Música Catalana. Tres años antes, la dupla estelar había protagonizado una Bohème histórica en el Liceu. “Fue mi primera experiencia en la ópera y me marcó para siempre”, cuenta Aguilà, que en 1995 se incorporó al área de mecenazgo y relaciones institucionales del teatro de La Rambla.. Seguir leyendo
Oriol Aguilà (El Masnou, Barcelona, 63 años) conoció Peralada en el verano de 1984, cuando todavía no existía el festival que hoy dirige. “No quise perderme la gala lírica de Montserrat Caballé y Josep Carreras que organizó Carmen Mateu en los jardines del castillo”, recuerda el gestor cultural e historiador del arte en una sala del Palau de la Música Catalana. Tres años antes, la dupla estelar había protagonizado una Bohème histórica en el Liceu. “Fue mi primera experiencia en la ópera y me marcó para siempre”, cuenta Aguilà, que en 1995 se incorporó al área de mecenazgo y relaciones institucionales del teatro de La Rambla.
El éxito de aquellas veladas estivales llevó a la familia Suqué Mateu a impulsar un certamen internacional a orillas del Mediterráneo, tal y como lo había imaginado Caballé. “Peralada fue grande desde sus inicios”, asegura su máximo responsable desde 2010. “Sólo así se explica que la segunda edición acogiera el regreso de Carreras tras superar la leucemia”. El recital, al que acudieron la reina Sofía y Lady Di, fue retransmitido por 40 cadenas de televisión. “Todo aquello, unido a una búsqueda permanente de la excelencia, contribuyó a que Peralada se situara rápidamente en el mapa de los grandes festivales europeos”.

El resto es historia. “Una historia hecha de fidelidades perennes con cantantes, músicos y artistas de muy diferentes disciplinas”, celebra Aguilà. “Por aquí han pasado los mejores de cada casa”, dice sin dar nombres, para no saltarse a nadie de una larguísima lista en la que figuran Alfredo Kraus, Rudolf Nureyev, Alicia de Larrocha, Zubin Mehta y La Fura dels Baus. “Cuando nace una amistad, nos gusta que sea duradera. O, como se suele decir: una flor no fa estiu…”. Y como muestra, el montaje de Carmen que le encargaron a Calixto Bieito y que, desde su estreno en 1999, no ha dejado de alzar telones por todo el continente.
La 40ª edición del festival arrancó el pasado 17 de julio en la Iglesia del Carmen con un recital de Benjamin Bernheim y Ermonela Jaho, y se despedirá en el claustro el 9 de agosto con un homenaje al barroco italiano a cargo de Jordi Savall, Núria Rial y Les Musiciennes du Concert des Nations. “En los próximos días festejaremos los diez años del Trío Fortuny, el centenario de la organista Montserrat Torrent, para quien Bernat Vivancos ha compuesto una nueva obra, y la extraordinaria década de crecimiento artístico de la soprano Sara Blanch desde que le concediéramos el premio del Concurso Francesc Viñas”.
Parte de la programación se ha tenido que adaptar a las limitaciones de espacio como consecuencia de las obras del Nou Auditori, un recinto permanente que contará con 1.500 localidades. “El terreno se está acondicionando para que las funciones de ópera puedan regresar cuanto antes, pero hay que ser prudentes con los plazos”, dice Aguilà. “Lo verdaderamente importante es que la tercera generación de la familia Suqué Mateu ha asumido el compromiso de dar continuidad al sueño de sus abuelos”, recalca. “Vivimos este momento sin nostalgia y pensando en todo lo que traerá consigo el nuevo auditorio”.
La esperada visita de la Orquesta del Festival de Bayreuth no podrá celebrarse en el castillo. Será en el Palau de la Música Catalana donde Pablo Heras-Casado dirigirá, el 29 de agosto, una selección de fragmentos y escenas de El anillo del nibelungo, antes de iniciar una gira por Santander, Sevilla, Madrid y Valencia. El proyecto surgió de una conversación de Aguilà con Katharina Wagner, bisnieta del compositor, durante un entreacto de Los maestros cantores en la Colina Verde. “No ha sido fácil, pero hemos conseguido sacarlo adelante con un reparto de lujo: Catherine Foster, Klaus Florian Vogt y Nicholas Brownlee”.
Al igual que Bayreuth ha aprovechado su 150º aniversario para renovarse, Peralada ha convertido la efeméride en una oportunidad para redefinir su modelo de festival. “Queremos repensarnos sin perder de vista nuestras señas de identidad”, reflexiona durante el trayecto al castillo por los campos del Ampurdán. “La pandemia nos enseñó que nuestro liderazgo debe apoyarse en una creación más arraigada en el territorio, implicando a los talleres artesanos de la zona y entendiendo la sostenibilidad en un sentido mucho más amplio”. Y añade: “El cambio climático exige planteamientos revolucionarios”.
Con esa intención, en 2023 puso en marcha el Festival de Pascua, centrado en la música sacra y vinculado a la Semana Santa. “Este formato nos ha permitido explorar una vertiente más espiritual y especializarnos en el rescate del patrimonio musical”. En abril ofrecieron la recuperación de Il Cristo condannato de Antonio Caldara, a partir de una edición crítica de Dani Espasa, al frente de Vespres d’Arnadí. Al término del concierto, los asistentes permanecieron cerca de un minuto en silencio antes de prorrumpir en aplausos. “Ahí comprendimos que queda tanto repertorio como público por descubrir”.
Antes del estreno de Niu, una creación del coreógrafo Aleix Martínez para los alumnos del Campus Peralada, los comensales del Celler 1923 participan del rito gastronómico frente a los viñedos de la finca. “Aquí la liturgia dura varias horas”, comenta Aguilà bajo el vuelo de una bandada de cigüeñas. La exhibición de los bailarines en el Mirador del Castillo despeja cualquier duda sobre el relevo generacional. “Ojalá algún día podamos montar un Don Carlo”, confiesa el director del festival. “Pero mi verdadero sueño es que, cuando alguno de estos jóvenes llegue a ser étoile de una gran compañía, recuerde dónde empezó todo”.
