En abril, hace un suspiro para un atleta, a Marta García le dolía tanto la zona lumbar que tuvo que dejar de correr. Pararlo todo y volver a empezar. Con toda la temporada al aire libre por delante, con el amargo sabor de boca de una descalificación que nunca entendió en la final de 3.000 del mundial indoor de Torun. «Cuando volví a correr en mayo decía: ‘Qué es esto'», reconocía anoche en las entrañas del Alexander Stadium de Birmingham, con la plata continental colgada al cuello tras una carrera de esas que, cuando la vea en el futuro, se reconocerá en fondo y forma: así corría Marta García.
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