Una trabajadora de un hotel consiguió que la Justicia reconociera las irregularidades laborales que había sufrido durante su relación con el establecimiento. Según denunció, trabajaba de lunes a lunes, desde las nueve de la mañana hasta las once de la noche, y se ocupaba prácticamente de todas las tareas del negocio. Además, vivía en una habitación del propio hotel junto a su hijo menor de edad, un alojamiento que también formaba parte de las condiciones de su empleo.. Tras finalizar la relación laboral, la mujer acudió a los tribunales para reclamar las cantidades que consideraba pendientes, entre ellas las horas extraordinarias que aseguraba haber realizado y las diferencias salariales. El caso llegó a la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo de Argentina, que dio por acreditados varios de los incumplimientos denunciados.. La resolución, dictada el 7 de agosto de 2026, confirmó el derecho de la trabajadora a recibir una indemnización, aunque modificó parcialmente la cantidad establecida en primera instancia. Así, el capital de la condena pasó de 1.163.740,60 a 1.087.152,82 pesos argentinos, más los intereses correspondientes.. Limpiaba habitaciones, recibía huéspedes y vigilaba el hotel durante la noche. Durante el procedimiento, la trabajadora sostuvo que su jornada se extendía desde las nueve de la mañana hasta las once de la noche, con descansos que formalmente estaban previstos los domingos. Por su parte, el empleador defendió que su horario era mucho más reducido: de lunes a viernes, de 9.00 a 13.00 y de 17.00 a 21.00 horas, además de cuatro horas los sábados.. Sin embargo, los testimonios de varias personas que habían residido en el establecimiento respaldaron la versión de la empleada. Los declarantes explicaron que la veían trabajar desde primeras horas de la mañana y que, en ocasiones, seguía atendiendo tareas durante la madrugada.. Entre sus funciones figuraban la limpieza de habitaciones y zonas comunes, el cobro de alquileres, la atención administrativa, la pintura y el mantenimiento. También recibía a los huéspedes que llegaban por la noche y se encargaba de vigilar el establecimiento cuando el propietario no estaba presente.. Uno de los testigos aseguró que podía verla trabajando desde las siete de la mañana y que, en algunas ocasiones, continuaba ocupándose de asuntos del hotel a las dos o tres de la madrugada. Otro explicó que los clientes podían llamar a su puerta durante la noche si tenían alguna emergencia.. Vivía con su hijo en una habitación que también formaba parte de su salario. Otro de los aspectos relevantes del procedimiento fue el alojamiento que recibía la trabajadora. La mujer vivía permanentemente en una habitación del primer piso junto a su hijo menor de edad y tenía instalados allí los monitores de las cámaras de seguridad del establecimiento.. La Cámara consideró que la habitación constituía una parte de su remuneración, al estar vinculada directamente con las responsabilidades que desempeñaba. Como este beneficio no aparecía registrado en los recibos salariales, los jueces reconocieron el valor mensual que la empleada había reclamado.. El tribunal también entendió que el impago de las horas extraordinarias y la incorrecta registración del salario justificaban que la trabajadora se considerase despedida por los incumplimientos de su empleador.. No obstante, la sentencia de segunda instancia modificó parcialmente la cantidad que debía recibir. Los magistrados eliminaron una partida de 76.587,78 pesos y descartaron una sanción adicional al empleador por conducta temeraria y maliciosa durante el proceso.. De esta forma, la indemnización quedó fijada en 1.087.152,82 pesos argentinos, además de los intereses. La resolución también mantuvo la obligación de entregar un certificado de trabajo con los datos correctos de la relación laboral.
Una trabajadora de un hotel consiguió que la Justicia reconociera las irregularidades laborales que había sufrido durante su relación con el establecimiento. Según denunció, trabajaba de lunes a lunes, desde las nueve de la mañana hasta las once de la noche, y se ocupaba prácticamente de todas las tareas del negocio. Además, vivía en una habitación del propio hotel junto a su hijo menor de edad, un alojamiento que también formaba parte de las condiciones de su empleo.. Tras finalizar la relación laboral, la mujer acudió a los tribunales para reclamar las cantidades que consideraba pendientes, entre ellas las horas extraordinarias que aseguraba haber realizado y las diferencias salariales. El caso llegó a la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo de Argentina, que dio por acreditados varios de los incumplimientos denunciados.. La resolución, dictada el 7 de agosto de 2026, confirmó el derecho de la trabajadora a recibir una indemnización, aunque modificó parcialmente la cantidad establecida en primera instancia. Así, el capital de la condena pasó de 1.163.740,60 a 1.087.152,82 pesos argentinos, más los intereses correspondientes.. Limpiaba habitaciones, recibía huéspedes y vigilaba el hotel durante la noche. Durante el procedimiento, la trabajadora sostuvo que su jornada se extendía desde las nueve de la mañana hasta las once de la noche, con descansos que formalmente estaban previstos los domingos. Por su parte, el empleador defendió que su horario era mucho más reducido: de lunes a viernes, de 9.00 a 13.00 y de 17.00 a 21.00 horas, además de cuatro horas los sábados.. Sin embargo, los testimonios de varias personas que habían residido en el establecimiento respaldaron la versión de la empleada. Los declarantes explicaron que la veían trabajar desde primeras horas de la mañana y que, en ocasiones, seguía atendiendo tareas durante la madrugada.. Entre sus funciones figuraban la limpieza de habitaciones y zonas comunes, el cobro de alquileres, la atención administrativa, la pintura y el mantenimiento. También recibía a los huéspedes que llegaban por la noche y se encargaba de vigilar el establecimiento cuando el propietario no estaba presente.. Uno de los testigos aseguró que podía verla trabajando desde las siete de la mañana y que, en algunas ocasiones, continuaba ocupándose de asuntos del hotel a las dos o tres de la madrugada. Otro explicó que los clientes podían llamar a su puerta durante la noche si tenían alguna emergencia.. Vivía con su hijo en una habitación que también formaba parte de su salario. Otro de los aspectos relevantes del procedimiento fue el alojamiento que recibía la trabajadora. La mujer vivía permanentemente en una habitación del primer piso junto a su hijo menor de edad y tenía instalados allí los monitores de las cámaras de seguridad del establecimiento.. La Cámara consideró que la habitación constituía una parte de su remuneración, al estar vinculada directamente con las responsabilidades que desempeñaba. Como este beneficio no aparecía registrado en los recibos salariales, los jueces reconocieron el valor mensual que la empleada había reclamado.. El tribunal también entendió que el impago de las horas extraordinarias y la incorrecta registración del salario justificaban que la trabajadora se considerase despedida por los incumplimientos de su empleador.. No obstante, la sentencia de segunda instancia modificó parcialmente la cantidad que debía recibir. Los magistrados eliminaron una partida de 76.587,78 pesos y descartaron una sanción adicional al empleador por conducta temeraria y maliciosa durante el proceso.. De esta forma, la indemnización quedó fijada en 1.087.152,82 pesos argentinos, además de los intereses. La resolución también mantuvo la obligación de entregar un certificado de trabajo con los datos correctos de la relación laboral.
