Los ministros de Exteriores de ocho potencias europeas y de Oriente Próximo, reunidos este viernes en Estambul a petición de Turquía para tratar de atajar la escalada de conflictos que se vive en la región, pidieron a Estados Unidos que no inicie nuevos ataques a Irán, que podrían desestabilizar aún más la zona.. Seguir leyendo
Los ministros de Exteriores de ocho potencias europeas y de Oriente Próximo, reunidos este viernes en Estambul a petición de Turquía para tratar de atajar la escalada de conflictos que se vive en la región, pidieron a Estados Unidos que no inicie nuevos ataques a Irán, que podrían desestabilizar aún más la zona.
“Todos estamos de acuerdo en que un nuevo ataque a Irán podría expandir la región. Una intervención en Irán no es de ningún modo la solución. Nadie la aprueba en este momento”, aseguró el jefe de la diplomacia turca, Hakan Fidan, en una rueda de prensa tras la reunión con sus homólogos francés, británico, alemán, italiano, pakistaní, saudí y egipcio.
Si bien el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha prometido que no atacará Irán antes de las elecciones de medio mandato ―previstas para el 3 de noviembre―, esta semana The New York Times publicó información sobre los presuntos planes diseñados por las Fuerzas Armadas estadounidenses e israelíes para bombardear de nuevo la infraestructura energética y nuclear iraní después de los comicios.
Algo que, de producirse, los ministros de los países reunidos en Estambul consideran que pondría en peligro a los países del Golfo y exacerbaría conflictos como la vecina guerra de Yemen. “Todos saldrían perdiendo y, desde luego, tendría serias consecuencias en los precios de los hidrocarburos. Así que lo primero que va a hacer este grupo de ocho países es llamar a ambas partes a la contención, porque no podemos permitirnos otra escalada en la región”, dijo el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot.
“Hemos dejado claro que hay una necesidad urgente de prevenir nuevas escaladas en todos estos conflictos”, dijo el ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, y aseguró que los ocho de Estambul se han comprometido a trabajar en los próximos días para “animar a los interlocutores a que regresen a la mesa de negociaciones en lugar de recurrir a las armas”.
Es la primera vez que se produce una reunión en este formato, conocido como R4+E3, que reúne a varias potencias militares y económicas de Europa y Oriente Medio. El grupo R4, conformado por los países de mayoría musulmana ―Turquía, Arabia Saudí, Pakistán y Egipto― fue creado este año y se ha reunido ya en seis ocasiones, sobre todo para tratar la situación derivada del ataque estadounidense-israelí a Irán y la crisis desatada en toda la región.
El formato E3 (Reino Unido, Francia, Alemania) es más antiguo: se creó en 2003 para incrementar la cooperación diplomática respecto a las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, aunque con el tiempo se ha transformado en un mecanismo que se reúne con cierta periodicidad para tratar cuestiones internacionales. A estas tres potencias europeas se unió también el ministro italiano, Antonio Tajani, cuya participación se anunció a última hora del jueves.
El formato funcionó “mejor de lo esperado”, aseguró Wadephul; tanto que los ocho participantes han decidido reunirse “regularmente”. El próximo encuentro será en Alemania.
“No se debe permitir que los conflictos existentes se retroalimenten, que se extiendan a nuevas zonas y que las tensiones regionales se transformen en una inestabilidad generalizada”, es uno de los mensajes que el ministro turco transmitió a sus homólogos, según indicaron a EL PAÍS fuentes diplomáticas. También que la seguridad en la zona “exige que los países de la región asuman responsabilidades”, para lo que es necesario “fortalecer los mecanismos de cooperación”.
Durante la reunión se trataron numerosos temas, entre ellos algunos en los que los ocho países mantienen importantes diferencias. Por ejemplo en la cuestión de Palestina, sobre la que Turquía quiere poner sobre la mesa que la “postura intransigente [de Israel] obstaculiza los esfuerzos de paz de la comunidad internacional”, así como tratar la necesidad de aumentar la presión sobre Tel Aviv para detener el “terrorismo de los colonos” en los asentamientos ilegales.
Los ocho países mantienen posturas cercanas en otros, por ejemplo en el rechazo del avance de los hutíes de Yemen y sus ataques contra Arabia Saudí. De hecho, varios de estos países están colaborando en la asistencia a Riad: con la firma del Pacto de La Meca Arabia Saudí, Turquía y Pakistán se han comprometido a enviar ayuda militar, algo que también han hecho Francia y Reino Unido, con la intención de proteger infraestructuras energéticas clave para el abastecimiento de Europa y Asia.
El conflicto en Yemen —renovado a raíz del ataque a Irán— ha puesto en peligro la navegación por el estrecho de Bab el Mandeb, que comunica el mar Rojo y el golfo de Adén, y que garantiza la navegación entre el Mediterráneo y el océano Índico. Ese cuello de botella se suma a los problemas en el estrecho de Ormuz, ruta clave para el comercio de hidrocarburos de los países ribereños del golfo Pérsico, derivados de la guerra iniciada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
La situación también es crítica en el mar Negro, crucial para el aprovisionamiento mundial de cereales: en lo que va de octubre, al menos 18 buques comerciales han sido atacados en esa zona. Dos de esas ofensivas han sido atribuidas a Ucrania, mientras que el grueso (16) se adjudica a Rusia. El número de marineros fallecidos asciende a más de 30 y una veintena más han resultado heridos. Varios de los buques alcanzados eran propiedad de navieras turcas, cuyo país intenta mediar entre Kiev y Moscú para lograr un alto el fuego. En Estambul, Fidan reiteró la necesidad de que ambas partes “detengan la guerra, o al menos acuerden eximir a la energía y los cereales de los ataques”.
