La Seguridad Social ha echado el cierre al primer semestre de 2026 con unas cifras que reflejan un sistema aún vigoroso. Según los datos publicados por la Revista de la Seguridad Social, el saldo positivo alcanzó los 18.675 millones de euros a 30 de junio, una cantidad que surge de restar unos derechos reconocidos de 130.402 millones (un 7,8% más que el año anterior) a unas obligaciones que sumaron 111.727 millones (un 7,2% de incremento).. La brecha entre ambos guarismos confirma que, pese a la persistente escalada del gasto en prestaciones, el motor de los ingresos sigue funcionando a un ritmo lo bastante alto como para mantener el equilibrio.. El principal combustible que alimenta esta maquinaria son las cotizaciones sociales. Entre enero y junio, el sistema recaudó por esta vía 93.957 millones de euros, lo que traducido a términos interanuales supone un repunte del 7,4% (6.453 millones más).. Una parte de ese crecimiento lleva un sello particular: el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, que entró en vigor en 2023, disparó sus ingresos un 26,2% hasta situarse en 2.996 millones, una cantidad que va directa a reforzar la llamada hucha de las pensiones. Para calibrar la magnitud del vuelco, basta con mirar a 2019, el último año no alterado por la pandemia: desde entonces, las cotizaciones han trepado un 53,3% (32.661 millones adicionales), y solo en el mes de junio la diferencia con aquel ejercicio fue de 5.485 millones.. Los ocupados tiran del carro con 88.725 millones aportados. Dentro del capítulo de ingresos no financieros, la mayor tajada corresponde a las cotizaciones de los trabajadores en activo. Las cuotas de ocupados ascendieron a 88.725 millones de euros, un 7,5% más que en 2025, lo que representa 6.201 millones de incremento limpio.. De esa suma, 72.032 millones proceden del Régimen General y 6.806 millones del conjunto de autónomos, mar y minería del carbón. Mientras tanto, las cotizaciones de desempleados se situaron en 5.233 millones, con un aumento más moderado del 5,1% (252 millones más). A estas cifras hay que sumar los 35.583 millones que llegaron en forma de transferencias corrientes, un 10,1% por encima del ejercicio precedente.. En el plano de caja, la radiografía es igualmente favorable: la recaudación líquida ascendió a 128.965 millones de euros, un 8,3% más, mientras que los pagos se contuvieron en 111.556 millones (un 7,2% de subida). Ampliando el foco a todo el ámbito de la protección social (donde además del sistema se incluyen los números del SEPE y del FOGASA) el superávit hasta mayo se situó en 4.593 millones de euros, equivalente al 0,3% del PIB.. El gasto en pensiones se acelera y las bajas laborales suben un 10,3%. La cara opuesta del balance es un gasto que no afloja. Las prestaciones económicas a familias e instituciones consumieron 105.170 millones de euros, un 9,3% más que en el primer semestre del año pasado y casi el 95% de todo el desembolso del sistema. La partida más voluminosa sigue siendo la de pensiones y prestaciones contributivas, que exigió 95.212 millones, un 6,8% más.. Dentro de ese bloque, el capítulo de incapacidad permanente, jubilación, viudedad, orfandad y complementos para la reducción de la brecha de género ascendió a 82.610 millones (un 6% más), un incremento en el que pesan tanto el crecimiento del 1,5% en el número de pensiones como la subida del 4,6% en la pensión media y la revalorización general del 2,7% aplicada en 2026. Los subsidios por incapacidad temporal dieron un salto del 10,3% hasta los 9.503 millones, mientras que las prestaciones por nacimiento, cuidado de menor y corresponsabilidad treparon un 21,8% hasta los 2.723 millones.. En el terreno no contributivo, las cifras también reflejan un esfuerzo mayor: 8.043 millones de euros, un 13,8% más, empujados por la revalorización del 11,4% acordada para este año. De ese total, 6.251 millones se destinaron a pensiones no contributivas y complementos por mínimos, mientras que el Ingreso Mínimo Vital y las prestaciones familiares absorbieron 3.498 millones, con un incremento del 16,2% respecto a 2025.
La Seguridad Social ha echado el cierre al primer semestre de 2026 con unas cifras que reflejan un sistema aún vigoroso. Según los datos publicados por la Revista de la Seguridad Social, el saldo positivo alcanzó los 18.675 millones de euros a 30 de junio, una cantidad que surge de restar unos derechos reconocidos de 130.402 millones (un 7,8% más que el año anterior) a unas obligaciones que sumaron 111.727 millones (un 7,2% de incremento).. La brecha entre ambos guarismos confirma que, pese a la persistente escalada del gasto en prestaciones, el motor de los ingresos sigue funcionando a un ritmo lo bastante alto como para mantener el equilibrio.. El principal combustible que alimenta esta maquinaria son las cotizaciones sociales. Entre enero y junio, el sistema recaudó por esta vía 93.957 millones de euros, lo que traducido a términos interanuales supone un repunte del 7,4% (6.453 millones más).. Una parte de ese crecimiento lleva un sello particular: el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, que entró en vigor en 2023, disparó sus ingresos un 26,2% hasta situarse en 2.996 millones, una cantidad que va directa a reforzar la llamada hucha de las pensiones. Para calibrar la magnitud del vuelco, basta con mirar a 2019, el último año no alterado por la pandemia: desde entonces, las cotizaciones han trepado un 53,3% (32.661 millones adicionales), y solo en el mes de junio la diferencia con aquel ejercicio fue de 5.485 millones.. Los ocupados tiran del carro con 88.725 millones aportados. Dentro del capítulo de ingresos no financieros, la mayor tajada corresponde a las cotizaciones de los trabajadores en activo. Las cuotas de ocupados ascendieron a 88.725 millones de euros, un 7,5% más que en 2025, lo que representa 6.201 millones de incremento limpio.. De esa suma, 72.032 millones proceden del Régimen General y 6.806 millones del conjunto de autónomos, mar y minería del carbón. Mientras tanto, las cotizaciones de desempleados se situaron en 5.233 millones, con un aumento más moderado del 5,1% (252 millones más). A estas cifras hay que sumar los 35.583 millones que llegaron en forma de transferencias corrientes, un 10,1% por encima del ejercicio precedente.. En el plano de caja, la radiografía es igualmente favorable: la recaudación líquida ascendió a 128.965 millones de euros, un 8,3% más, mientras que los pagos se contuvieron en 111.556 millones (un 7,2% de subida). Ampliando el foco a todo el ámbito de la protección social (donde además del sistema se incluyen los números del SEPE y del FOGASA) el superávit hasta mayo se situó en 4.593 millones de euros, equivalente al 0,3% del PIB.. El gasto en pensiones se acelera y las bajas laborales suben un 10,3%. La cara opuesta del balance es un gasto que no afloja. Las prestaciones económicas a familias e instituciones consumieron 105.170 millones de euros, un 9,3% más que en el primer semestre del año pasado y casi el 95% de todo el desembolso del sistema. La partida más voluminosa sigue siendo la de pensiones y prestaciones contributivas, que exigió 95.212 millones, un 6,8% más.. Dentro de ese bloque, el capítulo de incapacidad permanente, jubilación, viudedad, orfandad y complementos para la reducción de la brecha de género ascendió a 82.610 millones (un 6% más), un incremento en el que pesan tanto el crecimiento del 1,5% en el número de pensiones como la subida del 4,6% en la pensión media y la revalorización general del 2,7% aplicada en 2026. Los subsidios por incapacidad temporal dieron un salto del 10,3% hasta los 9.503 millones, mientras que las prestaciones por nacimiento, cuidado de menor y corresponsabilidad treparon un 21,8% hasta los 2.723 millones.. En el terreno no contributivo, las cifras también reflejan un esfuerzo mayor: 8.043 millones de euros, un 13,8% más, empujados por la revalorización del 11,4% acordada para este año. De ese total, 6.251 millones se destinaron a pensiones no contributivas y complementos por mínimos, mientras que el Ingreso Mínimo Vital y las prestaciones familiares absorbieron 3.498 millones, con un incremento del 16,2% respecto a 2025.
