Hace 13 años, Pep Ors era dueño de una sala de bingo en Barcelona. Perdió su trabajo y, junto con su esposa Ana Obis, se aseguraron una manta sobre sus cabezas y se trasladaron a Azanuy, una pequeña ciudad de Huesca con 177 habitantes, que alberga una de las librerías de segunda mano más expansivas de España: Librovicios. La compañía se especializa en la venta de libros usados y ediciones difíciles de encontrar a través de Internet. El jueves, Ors y Obis fueron expulsados de su casa o negocio debido a un incendio que ocurrió entre los municipios de Tamarite de Litera y Alcampell (Huesca). Finalmente pasaron la noche junto a otros vecinos en un gimnasio de Monzón. No puedo evitar que mis pensamientos vayan a la deriva hacia los más de 33.000 libros alojados en mi almacén. «A medida que el fuego se acerca a la casa, no hay vuelta atrás», expresó Ors su preocupación el viernes, constantemente revisando su dispositivo móvil para actualizaciones. «Es una pequeña aldea, sin embargo, cuenta con la biblioteca más extensa en términos de copias en toda Aragón», relató Obis con un sentido de orgullo y temor mientras inspeccionaba su teléfono inteligente. (Continuado a continuación)
Pep Ors dirigía, hace 13 años, una sala de bingo en Barcelona. Le despidieron y junto con su esposa, Ana Obis, se liaron la manta a la cabeza y montaron en Azanuy -un pueblito de Huesca de 177 habitantes- una de las mayores librerías de segunda mano de España: Librovicios. El negocio se centra en la venta online de libros de segunda mano y ejemplares descatalogados. El jueves, Ors y Obis fueron desalojados de su casa/negocio tras declararse un incendio entre los municipios de Tamarite de Litera y Alcampell (Huesca). Acabaron durmiendo junto al resto de vecinos en una residencia de deportistas de Monzón. “No dejo de pensar en los más de 33.000 libros que tengo en el almacén. Si las llamas llegan a casa se acabó todo”, lamentaba Ors este viernes mientras no dejaba de mirar el móvil esperando noticias. “Es un pueblo pequeño pero tiene la librería más grande en número de ejemplares de todo Aragón”, recordaba con orgullo -y miedo- Obis mientras revisa el teléfono.
