Santiago Niño Becerra ha lanzado este domingo en un hilo publicado en su cuenta de X que acumula miles de visualizaciones y que dibuja un escenario tan próspero en cifras macroeconómicas como desolador en términos de equidad.. El economista sostiene que la economía mundial resiste y que la desigualdad entre países se ha reducido, un fenómeno que atribuye a la caída de la pobreza en China e India. Sin embargo, inmediatamente después introduce el matiz que convierte su análisis en una advertencia: dentro de cada nación la brecha «empeora al galope».. Ese deterioro, según Niño Becerra, se observa en dos indicadores concretos. Por un lado, la progresiva reducción de la clase media, ese segmento que durante décadas funcionó como termómetro de la salud social de las economías desarrolladas. Por otro, la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados, erosionado por una inflación que ha devorado los incrementos salariales y ha empujado a millones de hogares hacia una fragilidad que las estadísticas de crecimiento no alcanzan a reflejar.. La conclusión es contundente: el mundo sigue aumentando su producto interior bruto, pero una porción creciente de las rentas generadas en cada país se concentra en una élite.. El 10% más rico controla tres cuartas partes de la riqueza. Para apuntalar su diagnóstico, el economista echa mano de datos extraídos mediante inteligencia artificial. Según las cifras que cita, atribuidas a Gemini, el 10% más rico de la población mundial controla actualmente el 76% de la riqueza total del planeta. En el otro extremo de la balanza, la mitad de la población adulta apenas posee el 2% del patrimonio global combinado.. La desproporción es tan extrema que convierte en anécdota cualquier avance en la reducción de la pobreza agregada: el pastel crece, sí, pero las migajas que llegan a la base son cada vez más pequeñas en términos relativos.. Niño Becerra subraya que el incremento de la desigualdad patrimonial supera con creces al de la renta, un matiz relevante porque mientras los ingresos pueden fluctuar con el empleo, la riqueza acumulada tiende a perpetuarse y a ensanchar distancias de forma estructural.. El 1% se llevó el 41% de la nueva riqueza en veinte años. El dato que cierra el análisis es quizás el más demoledor. Niño Becerra asegura que el 1% más rico de la población mundial capturó aproximadamente el 41% de toda la riqueza nueva que se generó a nivel global en los últimos veinte años. Casi la mitad de lo creado en dos décadas fue a parar a un grupo tan reducido que cabría en una ciudad mediana.. El hilo de Niño Becerra combina, por tanto, dos relatos que pueden leerse como las dos caras de una misma moneda. De puertas afuera, los organismos internacionales celebran la convergencia económica de países emergentes y la reducción de la pobreza extrema.. De puertas adentro, en la mayoría de las economías avanzadas, los salarios pierden fuelle frente al coste de la vida y la clase media se desdibuja como horizonte alcanzable. El hilo no propone soluciones, pero sí deja una idea flotando: el crecimiento por sí solo no garantiza un reparto más justo, y las cifras, desprovistas de adjetivos, parecen darle la razón.
Santiago Niño Becerra ha lanzado este domingo en un hilo publicado en su cuenta de X que acumula miles de visualizaciones y que dibuja un escenario tan próspero en cifras macroeconómicas como desolador en términos de equidad.. El economista sostiene que la economía mundial resiste y que la desigualdad entre países se ha reducido, un fenómeno que atribuye a la caída de la pobreza en China e India. Sin embargo, inmediatamente después introduce el matiz que convierte su análisis en una advertencia: dentro de cada nación la brecha «empeora al galope».. Ese deterioro, según Niño Becerra, se observa en dos indicadores concretos. Por un lado, la progresiva reducción de la clase media, ese segmento que durante décadas funcionó como termómetro de la salud social de las economías desarrolladas. Por otro, la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados, erosionado por una inflación que ha devorado los incrementos salariales y ha empujado a millones de hogares hacia una fragilidad que las estadísticas de crecimiento no alcanzan a reflejar.. La conclusión es contundente: el mundo sigue aumentando su producto interior bruto, pero una porción creciente de las rentas generadas en cada país se concentra en una élite.. El 10% más rico controla tres cuartas partes de la riqueza. Para apuntalar su diagnóstico, el economista echa mano de datos extraídos mediante inteligencia artificial. Según las cifras que cita, atribuidas a Gemini, el 10% más rico de la población mundial controla actualmente el 76% de la riqueza total del planeta. En el otro extremo de la balanza, la mitad de la población adulta apenas posee el 2% del patrimonio global combinado.. La desproporción es tan extrema que convierte en anécdota cualquier avance en la reducción de la pobreza agregada: el pastel crece, sí, pero las migajas que llegan a la base son cada vez más pequeñas en términos relativos.. Niño Becerra subraya que el incremento de la desigualdad patrimonial supera con creces al de la renta, un matiz relevante porque mientras los ingresos pueden fluctuar con el empleo, la riqueza acumulada tiende a perpetuarse y a ensanchar distancias de forma estructural.. El 1% se llevó el 41% de la nueva riqueza en veinte años. El dato que cierra el análisis es quizás el más demoledor. Niño Becerra asegura que el 1% más rico de la población mundial capturó aproximadamente el 41% de toda la riqueza nueva que se generó a nivel global en los últimos veinte años. Casi la mitad de lo creado en dos décadas fue a parar a un grupo tan reducido que cabría en una ciudad mediana.. El hilo de Niño Becerra combina, por tanto, dos relatos que pueden leerse como las dos caras de una misma moneda. De puertas afuera, los organismos internacionales celebran la convergencia económica de países emergentes y la reducción de la pobreza extrema.. De puertas adentro, en la mayoría de las economías avanzadas, los salarios pierden fuelle frente al coste de la vida y la clase media se desdibuja como horizonte alcanzable. El hilo no propone soluciones, pero sí deja una idea flotando: el crecimiento por sí solo no garantiza un reparto más justo, y las cifras, desprovistas de adjetivos, parecen darle la razón.
