Compartir piso ya no solo es cosa de jóvenes. La crisis de vivienda ha extendido esta práctica a todos los grupos de edad, elevando la edad media de quienes buscan una habitación de alquiler al no poder pagar un arrendamiento completo y tampoco ser capaces de comprar una vivienda. Según un estudio de Fotocasa, la edad media de las personas que comparten vivienda en España se sitúa ya en los 31 años, una cifra que se mantiene prácticamente estable respecto al año anterior y que refleja cómo esta fórmula de convivencia ha dejado de estar vinculada exclusivamente a los primeros años de emancipación.. Aunque los menores de 35 años continúan concentrando la mayor parte de la demanda, el piso compartido empieza a formar parte de las estrategias residenciales de perfiles cada vez más diversos. En concreto, las personas de entre 18 y 24 años representan el 44% del total, mientras que aquellas de entre 25 y 34 años suponen otro 33%. En conjunto, estos dos grupos concentran aproximadamente tres de cada cuatro personas que comparten piso en España. La presencia disminuye considerablemente a partir de los 35 años: las personas de entre 35 y 44 años representan el 5%, mientras que el grupo de 45 a 54 años supone el 7%. Sin embargo, compartir vivienda tampoco desaparece entre las generaciones de mayor edad. Las personas de entre 55 y 75 años representan el 12% del colectivo, un porcentaje similar al registrado un año antes.. «Cada vez más personas con empleo recurren al alquiler de una habitación porque el coste de una vivienda completa resulta inasumible. Compartir piso ha dejado de ser una opción asociada a una etapa concreta de la vida para convertirse en una estrategia de supervivencia económica que permite reducir el esfuerzo salarial», alerta María Matos, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa.. Este fenómeno tiene implicaciones sociales de calado. El retraso o en la emancipación y la imposibilidad de acceder a una vivienda independiente condicionan la convivencia en pareja o la formación de una familia. «Cuando la emancipación se retrasa o solo es posible a través de fórmulas de convivencia compartida, también se retrasa la creación de nuevos hogares, la posibilidad de desarrollar un proyecto de vida en pareja o de formar una familia», advierte Matos. La consecuencia es que la crisis de vivienda no solo modifica dónde viven los españoles, sino también cuándo y en qué condiciones pueden construir sus propios hogares. Por género, las mujeres representan ya el 53% de las personas que viven en pisos compartidos, frente al 47% de los hombres. Se consolida así el giro registrado el año anterior, después de que en el primer semestre de 2024 los hombres fueran mayoría, con un 55% frente al 45% de mujeres. «Es especialmente llamativo que las mujeres se hayan convertido en el perfil mayoritario de quienes comparten piso, porque pone de manifiesto hasta qué punto el problema de la vivienda está transformando la forma de vivir de toda una generación», explica Matos.. La situación residencial previa de quienes buscan compartir vivienda también permite observar el impacto de las dificultades de acceso a la vivienda. El 40% de los demandantes todavía vive con sus padres. Por otro parte, el 24% ya comparte vivienda con personas que no son familiares, mientras que un 9% vive con su pareja y otro 9% vive solo. Además, un 10% convive con su pareja e hijos. A estos perfiles se suman quienes viven solos con sus hijos, que representan el 2%, las personas que forman parte de familias extensas, con otro 2%, y otros tipos de convivencia, que alcanzan el 4%. Estos datos muestran que la demanda de habitaciones no responde únicamente a una primera emancipación.. La distribución por comunidades también es heterogénea. Andalucía concentra el 23% de las personas que comparten vivienda en España, el porcentaje más elevado del país. A continuación se sitúan Madrid, con el 20%, Cataluña, con el 13%, y la Comunidad Valenciana, con el 12%. El peso de estas comunidades está relacionado con su elevada población y con la presión existente en sus mercados residenciales, especialmente en las zonas urbanas y metropolitanas. Por nivel socioeconómico, la clase social media-media es el grupo predominante entre quienes comparten piso y representa el 27% del total, lo que deja patente que la presión del mercado del alquiler no solo afecta a los hogares con menos recursos.
Compartir piso ya no solo es cosa de jóvenes. La crisis de vivienda ha extendido esta práctica a todos los grupos de edad, elevando la edad media de quienes buscan una habitación de alquiler al no poder pagar un arrendamiento completo y tampoco ser capaces de comprar una vivienda. Según un estudio de Fotocasa, la edad media de las personas que comparten vivienda en España se sitúa ya en los 31 años, una cifra que se mantiene prácticamente estable respecto al año anterior y que refleja cómo esta fórmula de convivencia ha dejado de estar vinculada exclusivamente a los primeros años de emancipación.. Aunque los menores de 35 años continúan concentrando la mayor parte de la demanda, el piso compartido empieza a formar parte de las estrategias residenciales de perfiles cada vez más diversos. En concreto, las personas de entre 18 y 24 años representan el 44% del total, mientras que aquellas de entre 25 y 34 años suponen otro 33%. En conjunto, estos dos grupos concentran aproximadamente tres de cada cuatro personas que comparten piso en España. La presencia disminuye considerablemente a partir de los 35 años: las personas de entre 35 y 44 años representan el 5%, mientras que el grupo de 45 a 54 años supone el 7%. Sin embargo, compartir vivienda tampoco desaparece entre las generaciones de mayor edad. Las personas de entre 55 y 75 años representan el 12% del colectivo, un porcentaje similar al registrado un año antes.. «Cada vez más personas con empleo recurren al alquiler de una habitación porque el coste de una vivienda completa resulta inasumible. Compartir piso ha dejado de ser una opción asociada a una etapa concreta de la vida para convertirse en una estrategia de supervivencia económica que permite reducir el esfuerzo salarial», alerta María Matos, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa.. Este fenómeno tiene implicaciones sociales de calado. El retraso o en la emancipación y la imposibilidad de acceder a una vivienda independiente condicionan la convivencia en pareja o la formación de una familia. «Cuando la emancipación se retrasa o solo es posible a través de fórmulas de convivencia compartida, también se retrasa la creación de nuevos hogares, la posibilidad de desarrollar un proyecto de vida en pareja o de formar una familia», advierte Matos. La consecuencia es que la crisis de vivienda no solo modifica dónde viven los españoles, sino también cuándo y en qué condiciones pueden construir sus propios hogares. Por género, las mujeres representan ya el 53% de las personas que viven en pisos compartidos, frente al 47% de los hombres. Se consolida así el giro registrado el año anterior, después de que en el primer semestre de 2024 los hombres fueran mayoría, con un 55% frente al 45% de mujeres. «Es especialmente llamativo que las mujeres se hayan convertido en el perfil mayoritario de quienes comparten piso, porque pone de manifiesto hasta qué punto el problema de la vivienda está transformando la forma de vivir de toda una generación», explica Matos.. La situación residencial previa de quienes buscan compartir vivienda también permite observar el impacto de las dificultades de acceso a la vivienda. El 40% de los demandantes todavía vive con sus padres. Por otro parte, el 24% ya comparte vivienda con personas que no son familiares, mientras que un 9% vive con su pareja y otro 9% vive solo. Además, un 10% convive con su pareja e hijos. A estos perfiles se suman quienes viven solos con sus hijos, que representan el 2%, las personas que forman parte de familias extensas, con otro 2%, y otros tipos de convivencia, que alcanzan el 4%. Estos datos muestran que la demanda de habitaciones no responde únicamente a una primera emancipación.. La distribución por comunidades también es heterogénea. Andalucía concentra el 23% de las personas que comparten vivienda en España, el porcentaje más elevado del país. A continuación se sitúan Madrid, con el 20%, Cataluña, con el 13%, y la Comunidad Valenciana, con el 12%. El peso de estas comunidades está relacionado con su elevada población y con la presión existente en sus mercados residenciales, especialmente en las zonas urbanas y metropolitanas. Por nivel socioeconómico, la clase social media-media es el grupo predominante entre quienes comparten piso y representa el 27% del total, lo que deja patente que la presión del mercado del alquiler no solo afecta a los hogares con menos recursos.
