José Martín de Besa, tras lograr salir airoso del covid en 2020 y acarreando un linfoma con 76 años, lo dejó claro en su denuncia: “Es una denuncia contra mi hija Josefina porque me ha robado y me ha maltratado tanto física como psicológicamente durante el tiempo que he estado en su casa”. Se ratificó y firmó, según consta en el citado documento, elaborado por un agente de la Policía Nacional de la comisaría de Leganés.. Seguir leyendo
José Martín de Besa, tras lograr salir airoso del covid en 2020 y acarreando un linfoma con 76 años, lo dejó claro en su denuncia: “Es una denuncia contra mi hija Josefina porque me ha robado y me ha maltratado tanto física como psicológicamente durante el tiempo que he estado en su casa”. Se ratificó y firmó, según consta en el citado documento, elaborado por un agente de la Policía Nacional de la comisaría de Leganés.
Hasta allí acudió en el verano de 2020 acompañado de su hijo Francisco, que lo ayudó a elaborar un documento de Excel con la lista de todos los movimientos bancarios y transferencias que Josefina había realizado durante el tiempo que Joaquín estuvo ingresado en el hospital de Valdemoro.
“Un día me llamó y me dijo que mi hermana le había robado y que quería denunciarla, pensé que exageraba, pero tanto insistió que al final fui a comprobar lo que decía y, efectivamente, había una serie de movimientos extraños y de cierta cuantía en sus cuentas bancarias y le dije que me ofrecía a llevarle a comisaría, pero que denunciaba él”, ha declarado este miércoles Francisco ante el juez de la Audiencia Provincial de Madrid.
Minutos antes, lo había hecho su hermana Josefina, que había asegurado que todo era una “manipulación de su hermano para ser declarado heredero único y universal por su padre” y que, aunque con mucha dificultad, había tratado de justificar los movimientos bancarios: “Era dinero para los tratamientos de mi padre”, “para comprarle una cama”, “una mesa”, para “arreglar su casa”, “saqué el dinero y mi padre se lo metió en un bolso, pero no sé qué hizo con él”…
José Martín, fallecido en 2021, tuvo una caída en marzo de 2020, en plena pandemia. Tenía entonces 76 años y el 27 de marzo de ese año, su hija decidió llevárselo del barrio madrileño de Opañel, donde vivía, en el distrito de Carabanchel, a su casa de Valdemoro “para cuidarle”. Durante años, sin embargo, no había tenido relación alguna. “Mi padre quiso matar a mi madre”, ha asegurado este miércoles ante el juez. El matrimonio se rompió de manera abrupta y los hijos y la madre siguieron sus vidas alejados del padre.
Solo Francisco, según ha contado en la vista de este miércoles, recuperó la relación con su progenitor tras el nacimiento de sus hijos. De hecho, ha reconocido, fue su padre quien le pagó la entrada de la casa en la que hoy vive con su familia. “Mi padre, por los cuidados que le dimos cuando enfermó y para compensar el dinero que le había dado a mi hermano antes, me autorizó para que yo hiciera esas transferencias y esas extracciones de sus cuentas con la tarjeta”, ha justificado Josefina los movimientos de dinero y las visitas al notario para modificar el testamento.
Porque, tras el ingreso de su padre en el hospital a principios de abril de 2020, Josefina comenzó a realizar movimientos: 1.900 euros el 6 de abril, 900 euros el 8 de abril, otros 900 el 16 de abril, 600 el 21; el 23 se hizo directamente una transferencia bancaria de 47.000 euros, y el 23 de mayo sacó 600 euros de otra cuenta; el 9 de junio extrajo 3.000 euros y el 17 otros 2.000.
Por todo ello, y pese a que su padre dejó escrito que no quería que se llevara a cabo un proceso penal contra su hija sino que prefería la vía civil para recuperar su dinero, está acusada de un delito de estafa contra su propio padre. La Fiscalía solicita un año y medio de prisión y que le devuelva a su progenitor (ahora a sus herederos) todo el dinero que le sustrajo, unos 58.000 euros en total.
A José le habían diagnosticado una “patología pulmonar severa; se le objetivó una desnutrición, un deterioro funcional subagudo y cuadro hiperactivo, así como semiorientación en las tres esferas, reconocimiento de la propia persona, de espacio y de tiempo. Evidenciando un deterioro probablemente senil no diagnosticado, pero que, junto con su patología cardiopulmonar y desnutrición, situarían al paciente en una carencia de libre voluntad y capacidad para decidir sobre sí mismo y sus intereses, debiendo ser asesorado y tutelado”.
Pero sus tres hijos, comparecientes en el juicio, han asegurado que su padre tenía sus facultades mentales en bastante buen estado pese a su deterioro físico, pese a que no supo concretar qué es lo que había firmado con su hija Josefina ante notario, con la presencia de varios vecinos, ni en qué notaría.
Antes de fallecer, José realizó un nuevo testamento en el que desheredaba a su hija Josefina, le daba la legítima a su hija Yolanda y declaraba heredero universal a su hijo Francisco. El juicio ha quedado visto para sentencia.
