
Voy a contarles una historia triste, más que Grandes esperanzas, que Tan poca vida, que aquellas versiones ilustradas de La cerillera que no nos ahorraban la visión del cadáver de su pequeño cuerpo congelado. ¿Siguen leyendo esto los niños? Tiemblo al pensar que quizás en esas pantallas que les enchufan los padres para que no molesten sea algún bro el que les esté contando el cuento y ahora la cerillera sea mena y, en lugar de echarse a llorar, al final le pongan un like. Qué poca fe tengo en el ser humano. Pero esta penuria no es ficción, es real. Saquen sus pañuelos.
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Mediaset considera que da más audiencia enfangar que informar, así que allí donde haya una noticia con potencial de crispar estarán Jiménez y Quintana, sus referentes, y no el director de informativos
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Voy a contarles una historia triste, más que Grandes esperanzas, que Tan poca vida, que aquellas versiones ilustradas de La cerillera que no nos ahorraban la visión del cadáver de su pequeño cuerpo congelado. ¿Siguen leyendo esto los niños? Tiemblo al pensar que quizás en esas pantallas que les enchufan los padres para que no molesten sea algún bro el que les esté contando el cuento y ahora la cerillera sea mena y, en lugar de echarse a llorar, al final le pongan un like. Qué poca fe tengo en el ser humano. Pero esta penuria no es ficción, es real. Saquen sus pañuelos.
En el primer capítulo tenemos a Carlos Franganillo suspirando enEl Confidencial porque El rosco que Telecinco le ha arrebatado a Antena 3 vía judicial suba su audiencia. Díganme que no es desolador que un periodista extraordinario con un Ondas y una Antena de Oro anhele que una prueba de un concurso le dé “un empuje”. Me recordó a los que besan estampas mientras le piden un pellizquito al Gordo. Como si no fuese suficientemente desgarrador, días después supimos que el elegido por Mediaset para presentar un especial sobre los sucesos de Ceuta era Iker Jiménez, que no dudó en interrumpir su descanso estival porque sintió que España lo necesitaba. ¿No están llorando ya? Pues enjuguen su llanto que la calamidad continúa. La otra comunicadora que, cual Bruce Wayne divisando la batseñal en el cielo de Gotham —en Mediaset imagino que tendrá forma de buitre o de contenedor de basura— acudió rauda al conflicto fue Ana Rosa Quintana. Ella también interrumpió sus vacaciones, pero no llegó con la noticia candente, sino cuando ya estaba a temperatura ambiente, porque las ganas de fango son infinitas, pero las de solecito también. Iker desde Madrid y Quintana, la reportera menos dicharachera, sobre el terreno metiendo la alcachofa de AR en Fiesta, el programa que lo mismo te habla de la melena de Anabel Pantoja que de noventa cadáveres en el mar, y en los informativos de Telecinco. En los informativos, sí, ya les he dicho que era una historia desoladora.
No es la primera vez; porque Mediaset considera que da más audiencia enfangar que informar, así que allí donde haya una noticia con potencial de crispar estarán Jiménez y Quintana, sus referentes. El problema de Franganillo no son los programas rivales, ni los Roscos propios o ajenos, sino que la valoración que dan sus jefes al rigor informativo empieza por la c y es el número que expresa la falta absoluta de cantidad. (Cero. Por si acaso).
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