Nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano. Pero al parecer sí lo tienen dos futbolistas cariñosos en la cubierta de un barco. Barra libre dentro del campo o viendo el fútbol, quizá los dos únicos entornos donde las muestras de afecto entre hombres heterosexuales están normalizadas. Pero en cuanto se apagan las luces del estadio, pobre del que se acerque a un amigo o compañero. Seguro que algún alma cándida se habrá sorprendido por el revuelo que han causado las imágenes de Ferran Torres y Marcos Llorente de vacaciones en Ibiza. Pero siempre se repite la misma historia, que diría otra canción. O si no, recordemos los comentarios que despertó la foto de Piqué e Ibrahimovic con sus manos entrelazadas en 2010.
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Barra libre dentro del campo o viendo el fútbol, quizá los dos únicos entornos donde las muestras de afecto entre hombres heterosexuales están normalizadas. Pero en cuanto se apagan las luces del estadio, pobre del que se acerque a un amigo o compañero
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Nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano. Pero al parecer sí lo tienen dos futbolistas cariñosos en la cubierta de un barco. Barra libre dentro del campo o viendo el fútbol, quizá los dos únicos entornos donde las muestras de afecto entre hombres heterosexuales están normalizadas. Pero en cuanto se apagan las luces del estadio, pobre del que se acerque a un amigo o compañero. Seguro que algún alma cándida se habrá sorprendido por el revuelo que han causado las imágenes de Ferran Torres y Marcos Llorente de vacaciones en Ibiza. Pero siempre se repite la misma historia, que diría otra canción. O si no, recordemos los comentarios que despertó la foto de Piqué e Ibrahimovic con sus manos entrelazadas en 2010.
Hablemos de homofobia en primer lugar. Independientemente de la orientación sexual de los protagonistas de las imágenes. De por qué no hay un solo jugador de Primera División de la Liga española que haya salido del armario, cuando ya tenemos referentes en casi todos los entornos profesionales que dan lugar a ídolos. Por qué hay cantantes, actores, otros deportistas abiertamente gais o bisexuales, pero en el fútbol sigue siendo anatema. Lo sabemos y lo vemos, es una obviedad. Pero no cambia. Y puede que nada cambie aunque hablemos, pero, desde luego, como seguro no cambiará nada es sin hablar.
Hablemos también de la cuestión de fondo que suele sustentar la homofobia: el sexismo, que no es sino machismo. Porque eso de ser cariñosos entre ellos no es de hombres. Como cualquier otro rasgo o comportamiento que se asocie tradicionalmente a las mujeres o a los hombres homosexuales. Así pues, le ponemos a los hombres encima –y muchos se autoimponen– una idea de lo que debe ser un hombre que no alcanzan ni todos los personajes masculinos de Christopher Nolan juntos. Un pretendido ideal insano del que sabemos mucho las mujeres en nuestro negociado, pero que muchísimos señores siguen reivindicando acríticamente y exigiendo en sus pares.
Por suerte hay otros mundos en este y las fotos me han hecho acordarme de DTF St. Louis, una serie en la que dos señores se hacen mejores amigos y se profesan un afecto que ya quisieran para sí muchos de los que presumen de hombría. Y de Tip Toe, una de las novedades del verano de la que, si ningún compañero se me adelanta, espero poder escribir pronto en esta columna.
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