El rearme de Japón, justificado por la tensión del entorno geopolítico de Asia, ha dejado de ser solo una cuestión de seguridad y pasa a ser también un pilar de su crecimiento económico, según el Libro Blanco de Defensa dado a conocer este martes. El documento, de 598 páginas, es la primera evaluación de la defensa nipona bajo la Administración de la primera ministra Sanae Takaichi, política ultraconservadora de línea dura que impulsa el gasto militar como vía para dinamizar la economía nacional.. Seguir leyendo
El rearme de Japón, justificado por la tensión del entorno geopolítico de Asia, ha dejado de ser solo una cuestión de defensa y pasa a ser también un pilar de su crecimiento económico, según el Libro Blanco de Defensa dado a conocer este martes. El documento, de 598 páginas, es la primera evaluación de la defensa nipona bajo la administración de la primera ministra, Sanae Takaichi, política ultraconservadora de línea dura que impulsa el gasto militar como vía para dinamizar la economía nacional.
En el prólogo, el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, hace referencia “a la dificultad de distinguir entre tecnologías civiles y de seguridad” y a la ampliación del área de uso dual (dual-use) entre defensa y sector civil. Koizumi cita “la importancia crucial para sostener el poder defensivo” de la inversión en investigación y desarrollo, y el efecto económico positivo de fortalecer la base industrial y tecnológica de defensa.
El responsable de Defensa también reafirma, “como eje central de la política de seguridad nipona”, la alianza entre Japón y Estados Unidos, y menciona su encuentro con el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, en enero de este año.
Aunque la actividad militar de Japón ha estado limitada desde el final de la II Guerra Mundial por la Constitución pacifista redactada por las fuerzas de ocupación estadounidenses, en los últimos años, Tokio ha dado pasos significativos hacia el rearme, justificados por el entorno geopolítico regional y alentados desde Washington.
En su primer discurso de política ante el Parlamento, el 24 de octubre —cuatro días antes de recibir en visita oficial al presidente de Estados Unidos Donald Trump—, Takaichi reafirmó el compromiso de mantener el gasto de defensa anual en el 2% del PIB, equivalente a unos 49.000 millones de euros.
El nuevo documento promueve la entrada de empresas emergentes (conocidas también como startups) a la industria de defensa y, tras la eliminación de las llamadas cinco categorías que hasta ahora limitaban la exportación de armamento japonés a productos no letales (rescate, transporte, alerta, vigilancia y rastreo de minas), permite la exportación de armas letales completas.

Como en ediciones recientes, el Libro Blanco menciona repetidas veces a China y califica sus crecientes actividades militares como el principal desafío de seguridad para Japón. Describe a la República Popular como una fuerza que está “fortaleciendo de manera amplia y rápida tanto la calidad como la cantidad de su poder militar”, y la califica como “el mayor desafío estratégico sin precedentes hasta ahora”.
Además de un capítulo dedicado con 414 menciones, China aparece en los apartados sobre Estados Unidos, Rusia y Corea del Norte, así como en una sección específica sobre el balance militar entre China y Taiwán.
Con repetidos ejercicios militares alrededor de Taiwán, China busca “convertir en hecho consumado” la actividad constante de sus fuerzas armadas alrededor de la isla, mientras mejora su capacidad de combate real, según el documento. “La estabilidad en torno a Taiwán es importante para la estabilidad de la comunidad internacional, y nuestro país necesita vigilarla de cerca con creciente cautela”, señala asimismo el texto. La primera ministra Takaichi causó el malestar de Pekín poco después de asumir el poder, al decir en el Parlamento que un posible ataque chino sobre Taiwán podría constituir una amenaza existencial para Japón y derivar la intervención de su ejército.
Aun así, y pese a que Pekín ha buscado presentar el rearme de Tokio como un deslizamiento hacia un “nuevo militarismo”, el Libro Blanco subraya que Japón “se ha adherido a una política exclusivamente orientada a la defensa, y no se ha convertido en una potencia militar que amenace a otros países”, según señala el diario The Japan Times.
A raíz del uso masivo de drones de bajo costo por parte de Rusia durante la invasión de Ucrania, el documento incorpora un nuevo apartado sobre las “nuevas formas de combate” que emplean inteligencia artificial y medios no tripulados.
En cuanto al ciberespacio, el documento nombra explícitamente tres grupos de ciberespionaje vinculados al Gobierno chino que operan contra Japón y sus aliados —Salt Typhoon, Volt Typhoon y Flax Typhoon—, además de unidades cibernéticas rusas vinculadas al Estado Mayor, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) y el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR).
El texto informa de que a partir de octubre de este año entrará en vigor la Ley de Defensa Cibernética Activa, que permitirá al ejército japonés aplicar “medidas de protección de comunicaciones” sobre la infraestructura básica del país cuando exista una necesidad especial de intervención directa.
Respecto a la inteligencia artificial (IA), el Libro Blanco de Defensa cita sistemas extranjeros ya probados en combate real (Maven, Lavender, Gospel), pero describe el potencial propio como incipiente. Japón está construyendo su propio ecosistema de IA militar con participación de startups y centros de investigación civiles. El caso más avanzado y ya operativo es un sistema mixto de prevención de desastres que involucra al ejército, dado su papel histórico en labores de rescate durante las catástrofes naturales.
En cuanto a personal, la estrategia de defensa japonesa califica de tarea urgente la necesidad de captar y retener personal cualificado en las Fuerzas de Autodefensa, el eufemismo usado en japonés para sortear la prohibición constitucional de mantener un ejército. Está prevista una reforma salarial, y campañas de reclutamiento enfocadas a mostrar la profesión militar “con orgullo, dignidad e impacto positivo social”.
