El candidato demócrata James Talarico ha ganado este martes un escaño en el Senado por Texas frente al republicano Ken Paxton. Logra así la primera victoria a nivel estatal para su partido en más de tres décadas. Las proyecciones de la agencia AP, con 90% escrutado, colocan al demócrata como ganador con el 54% de votos frente a su rival, que contaba con el apoyo del presidente Donald Trump y la financiación millonaria de Elon Musk.. Seguir leyendo
El candidato demócrata James Talarico ha ganado este martes un escaño en el Senado por Texas frente al republicano Ken Paxton. Logra así la primera victoria a nivel estatal para su partido en más de tres décadas. Las proyecciones de la agencia AP, con 66,1% escrutado, colocan al demócrata como ganador con el 59,4% de votos frente a su rival, que contaba con el apoyo del presidente Donald Trump y la financiación millonaria de Elon Musk.
Tras el anuncio, en su campaña en el Long Center for Performing Arts, en Austin, sus votantes gritaron sin parar: “¡Lo hicimos, lo hicimos!”. Muchos se abrazaron y celebraron por varios minutos. La algarabía continuó poco después cuando la pantalla de un gran televisor sintonizado en la CNN anunció que la candidata demócrata Gina Hinojosa también había arrebatado la gobernación de Texas al republicano Greg Abbott, que había ocupado el cargo durante tres períodos.
En su primer discurso como senador electo de Estados Unidos, Talarico agradeció a los electores su victoria: “Acabamos de recuperar Texas”, dijo y agregó que todo el dinero del financiamiento republicano no fue capaz de arrebatarles la contienda. “El poder le pertenece a la gente”.
Talarico, que entró al escenario al ritmo de una canción de Selena en honor a los latinos que le votaron, hizo varias referencias a todo el dinero que millonarios como Elon Musk han vertido en la campaña de Paxton, y añadió: “Hemos vencido a Goliat”.
“Esta noche definieron su vida”, dijo Talarico a los votantes en la sala del centro de artes en Austin. Mientras, la audiencia lo escuchaba de pie y celebraba sus palabras. El demócrata aseguró que construyó un movimiento de votantes cansados de la corrupción y que estaban “listos para un cambio”. Y agregó: “Esta victoria es para todo aquel texano que se ha preguntado si alguien les estaba escuchando”.
“Esta es una victoria del tamaño de Texas”, insistió.
Talarico, un progresista moderado con sólidos valores cristianos al ser un seminarista presbiteriano, llegó a la candidatura demócrata en una dura primaria en la que obtuvo un 53% de apoyo. De ahí en adelante, su campaña avanzó con un altísimo financiamiento sustentado mayormente por contribuciones de particulares que alcanzó más de 139 millones de dólares, según registros de la Comisión Federal de Elecciones (FEC).

Entre las ofertas de campaña con las que el exprofesor de sexto grado en San Antonio llega al Senado por los próximos seis años, está la de crear políticas que garanticen a la población el acceso a seguros de salud asequibles y que abaraten el costo de vida. También prometió planes para ajustar el pago de impuestos a corporaciones y para limitar las donaciones de las mismas a las campañas políticas, así como para mejorar la calidad de la educación y avanzar en la expansión de programas de capacitación para maestros. Asumió como prioridad dar apoyo a una reforma migratoria y crear vías para la legalización de inmigrantes que lleven varios años viviendo en Estados Unidos.
Durante su campaña visitó distritos que en 2024 votaron mayoritariamente a favor del presidente Donald Trump, pero también dedicó tiempo a defenderse de cuestionamientos republicanos sobre su fe. Por su parte, recordó a los votantes las acusaciones de corrupción y el divorcio por “cuestiones bíblicas” de su contendiente, el controvertido fiscal general de Texas, Ken Paxton.
En la carrera que muchos usaban de comparación, en 2018, el senador republicano Ted Cruz revalidó su puesto con el 50,89% de los votos frente al 48,33% que sumó el demócrata Beto O’Rourke. Ya para entonces, el partido azul buscaba equilibrar las fuerzas políticas en la Cámara Alta para este Estado republicano, el más grande del país. Al final, lo ha logrado ocho años después.
El candidato republicano, que se ha ratificado tres veces en su cargo como fiscal, enfrentó una campaña llena de obstáculos, en la que sus propios copartidarios consideraban que no era un candidato idóneo. Ni siquiera el apoyo del presidente Donald Trump fue suficiente para asegurar una mayoría de votos en un Estado considerado un bastión republicano.
De hecho, numerosos analistas ya vaticinaban un voto de castigo en Texas contra Trump, como consecuencia de las promesas incumplidas de su campaña de 2024: él mismo aseguró que su segundo Gobierno mejoraría la economía en Estados Unidos y moderaría la inflación.

Ha completado casi la mitad de su segundo mandato y en cerca de dos años el alza del coste de la vida no ha moderado su ritmo como prometió, en buena parte debido a la guerra con Irán y la batalla arancelaria con algunos de sus mayores socios comerciales; y en Texas, en particular, la relación con México es central.
El presidente Trump se ha presentado en esta contienda electoral como la cara de la boleta republicana cuando la gasolina roza o supera —según el Estado— los cuatro dólares por galón y la inflación sigue lejos del objetivo del 2% anual perseguido por el banco central. En septiembre subió al 3,7%.
Mientras tanto, Paxton ha llevado una campaña de perfil bajo. Le persiguió el fantasma del impeachment de 2023 por más de una decena de cargos y, aunque se libró de la acusación, el tema erosionó la percepción del establishment republicano sobre la idoneidad de su candidatura: veían como una opción más segura la figura del senador John Cornyn. Al final, la apuesta de Trump y Musk ha perdido.
