El caso fue conocido como el del Putney Pusher (Algo así como el “empujador de Putney”), y lo que durante casi una década fue un misterio policial ha derivado en un final trágico. En 2017, las cámaras de seguridad callejeras grabaron a un corredor que atravesaba el puente de Putney, al oeste de Londres. Sin razón o provocación alguna, el hombre empujó contra la calzada a una mujer que encontró a su paso. Solo los reflejos del conductor del autobús que circulaba en esos momentos por ahí evitaron que el aparato arrollara la cabeza de la viandante, que logró salvar su vida.. Seguir leyendo
El sospechoso, trabajador de la banca emparentado con la familia real británica, había servido en la Guardia Escocesa y participado en la guerra de Afganistán


El caso fue conocido como el del Putney Pusher (Algo así como el “empujador de Putney”), y lo que durante casi una década fue un misterio policial ha derivado en un final trágico. En 2017, las cámaras de seguridad callejeras grabaron a un corredor que atravesaba el puente de Putney, al oeste de Londres. Sin razón o provocación alguna, el hombre empujó contra la calzada a una mujer que encontró a su paso. Solo los reflejos del conductor del autobús que circulaba en esos momentos por ahí evitaron que el aparato arrollara la cabeza de la viandante, que logró salvar su vida.
Durante años se desconoció la identidad del corredor, pero las imágenes del incidente se hicieron virales y la policía detuvo finalmente en junio de este año a un sospechoso: Nicholas Brandram, de 44 años, veterano de guerra y banquero. Después de comenzar una investigación y de retenerle para ser interrogado, Brandram fue puesto en libertad. Este miércoles, el cadáver del hombre ha sido localizado en su vivienda del barrio de Chiswick.
La policía admite que el fallecimiento ha sido “sobrevenido” pero no lo trata, de momento, como “un hecho sospechoso”. “Desafortunadamente, un hombre de 44 años ha sido declarado muerto en el lugar del hallazgo. Sus familiares han sido informados”, han dicho las autoridades en un escueto comunicado.
La historia resultó atractiva para la opinión pública por muchos motivos. No solo por la crueldad de aquel empujón inesperado, que a punto estuvo de matar a la mujer, sino por el hecho de que la policía no fuera capaz de dar con el agresor en una ciudad de 12 millones de habitantes, lo que demostraba la frialdad anónima de una metrópolis como Londres.
Hasta 50 personas fueron interrogadas, y tres hombres llegaron a ser arrestados y puestos en libertad sin cargos. La Policía Metropolitana de Londres acabó cerrando la investigación en 2018, hasta que la viralidad de las imágenes del incidente impulsó la reapertura.
A eso hay que añadir que, una vez se dio con el sospechoso, resultó estar emparentado con la familia real británica. Brandram era descendiente directo de la reina Victoria; su bisabuelo fue el rey Constantino I de Grecia, y su abuela, la princesa Catalina de Grecia. El esposo de Isabel II, Felipe de Edimburgo, fue padrino de su padre. Brandram sería también, por tanto, familiar lejano de la reina Sofía de España, sobrina de la princesa Catalina de Grecia.
El sospechoso había servido como capitán en la Guardia Escocesa, y había participado en la guerra de Afganistán. Tras abandonar la carrera militar, comenzó a trabajar en el sector de las finanzas, en el banco HSBC.
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