Olor a crema solar, pantalones cortos, gafas de sol y abanicos. Los imprescindibles del evento no se negocian: para divertirse, hay que aguantar primero. Tocan en el Mad Cool de Madrid Nick Cave, Pulp o David Byrne, pero de lo que más se habla al abrirse las puertas de la última jornada es del calor. “¡Buah! Infernal, tío“, dice alguien con hastío, bamboleando su camiseta. Pasará la tarde y, finalmente, más allá de rozar los 40 grados en el termómetro, el festival terminará una edición sobreviviendo al clima. Lo que debería no ser noticia, pero que resulta destacable en la tendencia de un verano —largo, porque en la práctica comienza cada vez más temprano— donde el calor extremo, las tormentas violentas y otros fenómenos que el cambio climático hace cada vez más frecuentes han generado cancelaciones en muchos festivales europeos de música.. Seguir leyendo
Olor a crema solar, pantalones cortos, gafas de sol y abanicos. Los imprescindibles del evento no se negocian: para divertirse, hay que aguantar primero. Tocan en el Mad Cool de Madrid Nick Cave, Pulp o David Byrne, pero de lo que más se habla al abrirse las puertas de la última jornada es del calor. “¡Buah! Infernal, tío“, dice alguien con hastío, bamboleando su camiseta. Pasará la tarde y, finalmente, más allá de rozar los 40 grados en el termómetro, el festival terminará una edición sobreviviendo al clima. Lo que debería no ser noticia, pero que resulta destacable en la tendencia de un verano —largo, porque en la práctica comienza cada vez más temprano— donde el calor extremo, las tormentas violentas y otros fenómenos que el cambio climático hace cada vez más frecuentes han generado cancelaciones en muchos festivales europeos de música.. Lo vivió el Primavera Sound a principios de junio, que suspendió los conciertos estelares de su jornada inaugural por culpa de una tormenta severa, y lo han vivido, con más intensidad, otros gigantes europeos: desde el Defqon.1 (que suspendió 3 de sus 4 días) y el Scandal en los Países Bajos, cercados por alertas rojas de calor, hasta el Garorock en Francia, el Paradise City, el Couleur Café y el Werchter Boutique en Bélgica, o el festival de jazz de Tournai.. Y como el clima no entiende de disciplinas, lo mismo ha pasado con ferias como la del Libro de Madrid, desalojada en los últimos años en varias ocasiones por fuertes rachas de viento o calor extremo, y cientos de espectáculos de teatro y circo al aire libre a lo largo y ancho de la geografía española. El idilio que el verano garantizaba históricamente para el éxito de las actividades culturales al aire libre se ha transformado, de golpe, en su mayor amenaza.. “En realidad, por si a alguien todavía le hace falta confirmarlo”, explica con una risa incrédula Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante, “estamos metidos de lleno en un proceso de calentamiento planetario que tiene efectos regionales muy notorios. Y una de las zonas que más lo está notando es la zona mediterránea”. El exevaluador del IPCC de la ONU, y una de las voces más autorizadas del país en la materia, habla de un aumento térmico que destruye lo que los meteorólogos llaman la “temperatura de confort”.. El sector de los festivales, que es especialmente sensible al tema —por su masividad y por habitar el verano—, confirma la tendencia. Holger Jan Schmidt, secretario general de YOUROPE —la asociación más importante de festivales de música europeos, que cuenta con más de 125 miembros de 31 países (tanto el Primavera como el Mad Cool lo son)—, asegura que, aunque “estos fenómenos no son nuevos para su sector”, los récords de calor y “el hecho de que prácticamente todo el continente se haya visto afectado por las mismas condiciones extremas es algo sin precedentes”.. Según un ranking que elabora YOUROPE para identificar las principales amenazas a las que se enfrentan los festivales, el cambio climático ocupa la posición número 4 y se espera que suba el próximo año. Las cancelaciones, explica Schimdt, “pueden causar consecuencias financieras que terminen con el negocio”. “Entran en juego una serie de cuestiones complejas: cómo gestionar los honorarios de los artistas por las actuaciones canceladas, los pagos por servicios e infraestructura y la pérdida de ingresos previstos —por ejemplo, los derivados de la venta de alimentos y bebidas—, todo ello mientras, potencialmente, se deben tramitar reembolsos parciales o totales de las entradas», cuenta.. Los grandes festivales cuentan con seguros que los protegen frente a contingencias, pero las aseguradoras, dice el directivo, conscientes de la crisis, aumentan cada vez más sus primas por cancelaciones por clima. Y más gastos es igual a más costes para el público. “En lo que respecta a las emergencias médicas y al bienestar durante el festival, los organizadores buscan formas de brindar apoyo o mitigar el impacto; pero existe un límite en el precio de las entradas que los asistentes estarán dispuestos a pagar, especialmente ante el riesgo de un evento con temperaturas extremadamente altas”.. Es evidente que el “confort térmico” del que habla el climatólogo también entra en juego. Y aunque sobre esto no hay datos en Europa, el informe sociológico Rain, Heat, Repeat, elaborado en 2025 por la plataforma Green Music Australia en colaboración con investigadores de la Universidad RMIT y la Universidad de Latrobe, funciona como un espejo australiano de lo que empieza a ocurrir en el continente. Según sus datos, el 85% de los asistentes habituales a festivales afirma haber experimentado fenómenos meteorológicos extremos en los últimos doce meses (entre 2024 y 2025). Un 68% de ellos sufrió olas de calor extremo y un 45% padeció lluvias torrenciales. Por eso, el 34% reconoce que ahora son mucho más cautelosos a la hora de comprar una entrada debido a los riesgos meteorológicos extremos, una cifra que escala hasta el 44% entre los consumidores más activos de música en directo.. Los públicos de los festivales suelen ser adeptos entregados. “Sarna con gusto no pica”, dice el venezolano Fabio Puchetti, de 36 años, en los accesos al Mad Cool madrileño. Pero para todo hay límites. “Cada vez hay que pensárselo más antes de comprar entradas”, comenta Gerardo Fernández, con un ventilador electrónico colgado del cuello, que viene desde León con su familia. “El calor es muy difícil. Y como venimos del norte, peor”. Algo similar piensa Nacho Quintana, de 55 años, que lleva esto del clima “bastante mal”. “Lo ponen en las peores horas para que consumamos más cerveza”, dice. Y ni hablar de subidas de precios: “Si ya se les ha ido la cabeza, han multiplicado hasta las consumiciones. Si los suben más, se quedarán los organizadores solos”.. Un par de visitantes de la Feria del Libro de Madrid de refugian del sol bajo un paraguas. INMA FLORES. El calor monopoliza la conversación porque ante las lluvias y vientos torrenciales parece haber poca solución. Con el calor, en cambio, explica el meteorólogo, se trata de “evitar desmayos o golpes de calor”. Propone una solución: “Los eventos que se hacen a mediodía o durante las primeras horas de la tarde ya no tienen mucho sentido, son peligrosos. Habrá que retrasar los inicios hasta las 9 o 10 de la noche”.. El cambio, que a la música en directo puede no afectar demasiado, es un salvavidas inservible para otros eventos. Este año, la Feria del Libro de Madrid se vio obligada a cerrar su última jornada con antelación debido a alertas de calor, en una edición que redujo su facturación a 9,86 millones de euros, algo que la organización achacó, entre otros factores, al calor. Retrasar el horario de un evento que depende del paseo familiar bajo el sol no es una posibilidad.. Daniel Álvarez, cofundador de la editorial Hoja de Lata, pone cifras particulares a una vulnerabilidad importante: la Feria del Libro de Madrid representa para su editorial entre el 5% y el 7% de la facturación anual. Y para el el 42% de las librerías, la Feria supone entre un 10% y más del 20%, según datos de la propia feria. A ello se suma el desgaste físico de resistir en la primera línea del asfalto. “Como todo espacio cerrado por el que no circula la corriente y al que le está cascando el sol todo el día, se pasa muchísimo calor”, relata Álvarez. “La realidad es que la primera quincena de junio en Madrid se ha vuelto climáticamente insostenible”, sentencia.. Difícil lo tienen también los formatos culturales más pequeños y expuestos de manera directa al suelo urbano. Desde PATEA, la Asociación de Profesionales de Artes de Calle, confirman que la programación de cientos de espectáculos se ha visto obligada a concentrarse en una estrecha franja que va entre las siete y las ocho de la tarde para eludir las temperaturas más extremas. Y, para paliar los problemas, han elaborado un formato de contrato para sus socios que incluye indemnizaciones por climas extremos.. El problema mayor de todo esto, como explica el experto Olcina, es que “lo que estamos viviendo este año será menos de lo que vendrá en los próximos”, aunque defiende “evitar el catastrofismo”. Para las tormentas y el viento parecemos estar menos preparados, pero los efectos de la temperatura extrema pueden mitigarse: “Hay que adaptarse. Deberá de exigirse que cualquier evento al aire libre tenga sombra, agua fresca disponible y estar cerca de la ciudad por cualquier emergencia”. Y que lo que arda, se quede en el escenario.
La multiplicación de cancelaciones en toda Europa por temperaturas y lluvias severas fuerza una dolorosa mutación logística y económica en los macroeventos musicales, las ferias y los espectáculos de calle
