Mientras las interminables olas de misiles y drones iraníes se abatían impiadosamente sobre las bases americanas y las instalaciones energéticas en los países del Golfo (Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudí), una fuerte impresión de incredulidad e indignación se iba arraigando en los círculos políticos y populares acerca de la esencia misma de estas plataformas militares en una de las zonas más sensibles del mundo, donde confluyen ambiciones expansionistas e intereses dentro de una compleja y desequilibrada red de alianzas y estrategias.. Seguir leyendo
Mientras las interminables olas de misiles y drones iraníes se abatían impiadosamente sobre las bases americanas y las instalaciones energéticas en los países del Golfo (Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudí), una fuerte impresión de incredulidad e indignación se iba arraigando en los círculos políticos y populares acerca de la esencia misma de estas plataformas militares en una de las zonas más sensibles del mundo, donde confluyen ambiciones expansionistas e intereses dentro de una compleja y desequilibrada red de alianzas y estrategias.
Desde una perspectiva estratégica, se suponía que estas bases son a la vez una fuerza de disuasión militar y una herramienta de equilibrio regional. Asimismo ese impresionante despliegue militar envía señales estratégicas a cualquier posible contrincante al tiempo que consolida la influencia estadounidense en la toma de decisiones políticas de los países del Golfo.
Sin embargo, las políticas erráticas del presidente estadounidense, Donald Trump, añadidas a la falta de visión estratégica en Oriente Próximo, han dejado a los países del Golfo ante desafíos de gran calado, sobre todo el de enfrentar al poderoso vecino que es la República Islámica de Irán.
La arremetida bélica de Trump contra Irán, llevada a cabo sin concertación con las monarquías del Golfo, que conlleva especialmente grandes repercusiones negativas sobre la economía de la región, ha puesto en evidencia las limitaciones del papel defensivo de las bases estadounidenses en la región. A la luz de esa inesperada realidad geopolítica, esas bases son percibidas ahora mismo como un lastre, una carga de la que hay que despojarse.
A nivel oficial, no se ha emitido hasta la fecha ninguna postura explícita por parte de las seis capitales del Golfo al respecto. No obstante, para muchos ha llegado el tiempo de cortar el cordón umbilical de esta dependencia y reconsiderar las condiciones de la presencia de las ocho plataformas americanas permanentes en la región.
En Emiratos Árabes Unidos, donde más de un millar de misiles y drones han sido lanzados por Irán el pasado mes de marzo —interceptados en su inmensa mayoría por las fuerzas emiratíes— algunas voces cercanas al poder en Abu Dabi critican abiertamente y sin ambages a Washington, que ha priorizado la defensa de Israel en detrimento de sus aliados árabes. Anonadados por esta actitud, se considera que Trump, en su afán de conseguir una victoria, incluso pírrica, sobre Irán, los ha tratado con desdén y los ha arrojado al oprobio.
Las monarquías del Golfo se han mostrado muy reacias a esta nueva escalada y no están dispuestas a asumir el coste financiero y económico de una guerra decidida por el narcisismo del presidente Trump, ni desean verse arrastradas a una confrontación abierta con su vecina Irán.
La presencia militar estadounidense en la zona en su forma actual remonta a finales de los setenta, más precisamente tras la revolución islámica en Irán y la posterior invasión de Sadam Hussein a Kuwait en 1991. El número actual de las tropas americanas oscila entre 40.000 y 50.000 soldados y las instalaciones más importantes son la base de Al Udeid en Qatar y el cuartel general de la Quinta Flota con sede en Bahréin.
Las bases militares percibidas antes como un paraguas de seguridad para proteger los intereses de los países del Golfo y garantizar la perennidad de sus arcaicos regímenes políticos, se han convertido repentinamente en un factor de tensión y una fuente de inestabilidad. Esta nueva toma de conciencia ha reabierto un discreto debate en torno a la imperiosa necesidad de construir sistemas de defensa nacionales más autónomos y apoyados en capacidades propias en el marco del Consejo de los Países del Golfo (GCC, por sus siglas en inglés).
En estos países, algunos incluso murmuran el dicho árabe tradicional: “Antes son mis dientes que mis parientes”.
