En una gran competición, y un Campeonato de Europa lo es, no hay jornada floja, ni tiempos muertos, ni lugar para el descanso o el bostezo. Se dan cita suficientes figuras como para mantener la tensión y el atractivo. En la tarde de la quinta jornada parisina, la más larga de la competición, juntas o repartidas, en las cinco semifinales y las seis finales, unas cuantas brillantes estrellas llevaron el diario espectáculo a la piscina.
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